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El Precipicio De Tu Pecho

El Precipicio De Tu Pecho

Status: En proceso
Genre:Acción
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Ella es la guardaespaldas asignada para proteger al hombre que más desprecia: un magnate arrogante que compró la empresa de su padre. Él la provoca y la pone a prueba cada día, sin saber que ella guarda un arma bajo la chaqueta... y un deseo prohibido bajo la piel.

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Capítulo 17: Un nuevo comienzo

La mañana siguiente amaneció clara y brillante, como si el cielo hubiera decidido acompañar el nuevo estado de ánimo de Valentina. Se despertó en la cama de Mateo, con la luz del sol filtrándose a través de las cortinas y dibujando patrones dorados en las sábanas. Durante un largo momento, se quedó inmóvil, sintiendo el calor del cuerpo de él a su lado, escuchando su respiración profunda y regular.

No había tenido pesadillas. Por primera vez en semanas, había dormido profundamente, sin sueños, sin sobresaltos. Era como si el cuerpo y la mente hubieran decidido, al unísono, que ya era suficiente. Que era hora de descansar.

Se giró lentamente para mirar a Mateo. Dormía boca arriba, con un brazo extendido sobre la almohada y el otro descansando sobre su propio pecho. La luz del sol acariciaba sus facciones, suavizando las líneas de cansancio que solían marcarlo. Parecía más joven, más libre. Valentina sintió una oleada de ternura tan intensa que casi le dolía.

Deslizó suavemente la punta de los dedos por su mandíbula, trazando el contorno de su rostro. Mateo se movió ligeramente, y una sonrisa se dibujó en sus labios antes de que abriera los ojos.

"Buenos días", murmuró, con la voz ronca y somnolienta.

"Buenos días", respondió ella, devolviéndole la sonrisa.

Mateo la atrajo hacia él y la besó en la frente, un gesto lleno de ternura que hizo que Valentina sintiera que el corazón se le derretía en el pecho.

"¿Cómo te sientes hoy?", preguntó él.

"Mejor", dijo ella, con honestidad. "Como si hubiera dejado de cargar con algo que no era mío."

Él la miró con atención, buscando en sus ojos la confirmación de sus palabras. Al encontrarla, sonrió con alivio. "Me alegra. ¿Qué quieres hacer hoy?"

Valentina pensó por un momento. Podían hacer cualquier cosa. Podían quedarse en casa, podían salir a pasear, podían viajar. Las posibilidades eran infinitas.

"Quiero ver el mar", dijo finalmente. "Quiero sentarme en la playa y escuchar las olas. Sin pensar en nada más."

Mateo asintió y se levantó de la cama, ofreciéndole una mano para ayudarla a levantarse. "Entonces vamos al mar."

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El viaje hasta la costa fue corto, apenas una hora de carretera. Valentina bajó la ventanilla y dejó que el viento jugara con su cabello mientras el paisaje cambiaba de edificios y asfalto a árboles y campos verdes. El olor a sal y a mar comenzó a filtrarse en el coche, y ella sintió que los hombros se le relajaban.

Cuando llegaron a la playa, Valentina se quitó los zapatos y caminó hacia la orilla. La arena estaba cálida bajo sus pies, y el sonido de las olas era como una canción de cuna que la envolvía y la calmaba.

Mateo la siguió, llevando una bolsa con toallas y algo de comer. Extendió una manta sobre la arena y se sentó, observándola mientras ella se acercaba al agua. La espuma blanca lamía sus pies, y ella rió, un sonido genuino que hacía mucho tiempo no escuchaba.

"¡El agua está fría!", gritó, girándose hacia él.

"¡Entonces sal de allí!", respondió él, riendo también.

Valentina caminó hacia la manta y se sentó a su lado. Por un momento, ninguno de los dos habló. Solo miraron el mar, sintiendo la brisa en sus rostros y el calor del sol en sus pieles.

"Gracias", dijo Valentina finalmente.

Mateo la miró, con una ceja levantada. "¿Por qué?"

"Por todo", dijo ella. "Por estar aquí. Por no rendirte conmigo. Por esperar veinte años para cumplir una promesa."

Mateo tomó su mano y la besó con suavidad. "No tienes que darme las gracias, Valentina. Eres la mejor decisión que he tomado en mi vida."

Valentina sintió que el calor se extendía por su pecho. "¿Y si hubiera sido diferente? ¿Y si nunca te hubiera conocido?"

"No quiero pensar en eso", dijo él. "Porque te conocí. Y eso es lo único que importa."

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La tarde pasó volando. Caminaron por la orilla, recogieron conchas, compartieron historias y rieron como dos adolescentes. Valentina sintió que, por primera vez en mucho tiempo, podía ser ella misma sin máscaras ni reservas.

Cuando el sol comenzó a ponerse, tiñendo el cielo de tonos naranjas y rosados, se sentaron en la arena a contemplar el espectáculo.

"Nunca me cansaré de ver esto", dijo Valentina.

Mateo la miró con una sonrisa. "Ni yo. Pero especialmente cuando estás tú a mi lado."

Valentina se volvió hacia él y lo besó. Era un beso suave, lleno de promesas y nuevos comienzos. En ese momento, bajo el cielo pintado de colores y el sonido del mar de fondo, supo que había encontrado su lugar en el mundo.

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De vuelta en el penthouse, Valentina se sintió renovada. El viaje a la playa había sido como una limpieza, como si el agua salada hubiera lavado las últimas sombras del pasado.

Mateo preparó la cena mientras ella se sentaba en el sofá, mirando la ciudad iluminarse bajo la noche. Las luces parpadeaban como estrellas caídas, y ella se preguntó cuántas de esas luces ocultaban historias como la suya.

"¿En qué piensas?", preguntó Mateo, acercándose con dos copas de vino.

"En lo rápido que cambia la vida", dijo ella, tomando una copa. "Hace un año, estaba planeando cómo destruirte. Y ahora... ahora estoy planeando cómo pasar el resto de mi vida contigo."

Mateo se sentó a su lado y la miró con una intensidad que le robó el aliento. "¿Y te arrepientes?", preguntó, aunque en su tono no había duda, solo la necesidad de escucharlo.

"Nunca", dijo ella. "Cada paso que di, cada error que cometí, cada noche que pasé soñando con venganza... todo me llevó hasta aquí. Hasta ti."

Mateo inclinó la cabeza y la besó, un beso profundo que prometía un futuro juntos. Cuando se separaron, sus ojos grises brillaban con una luz que Valentina nunca había visto antes.

"Valentina", dijo, con voz seria, "hay algo que quiero preguntarte."

"¿Qué?", preguntó ella.

"Quiero que te cases conmigo", dijo él. "No como una promesa ni como un gesto romántico. Quiero que seas mi esposa. Quiero pasar el resto de mi vida contigo."

Valentina sintió que el corazón se le aceleraba. No era la primera vez que él hablaba de boda, pero esta vez parecía diferente. Más sincero. Más profundo.

"Está bien", dijo ella, con una sonrisa. "Pero tengo una condición."

Mateo levantó una ceja, curioso. "¿Qué condición?"

"Quiero que sea una boda pequeña", dijo ella. "Solo nosotros y algunas personas cercanas. Sin grandes celebraciones ni prensa."

Mateo rió, aliviado. "Eso se puede arreglar. ¿Algo más?"

"Sí", dijo Valentina, con una sonrisa pícara. "Que no te arrepientas."

Mateo se inclinó hacia ella y la besó. "Nunca me arrepentiré", susurró. "Nunca."

La ciudad brillaba bajo ellos, y Valentina supo que, finalmente, había encontrado su lugar en el mundo. Un lugar donde el pasado no la definía, donde el amor era más fuerte que el odio, y donde el futuro se extendía ante ella lleno de posibilidades.

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valeska garay campos
el destino lo tnia que juntar ahora que pasará?🤔
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