Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 17
El regreso a la ciudad fue silencioso. Camila y Rafael viajaron en el tren sin hablar mucho, cada uno sumergido en sus propios pensamientos. El tatuaje de la serpiente y la daga era la única pista sólida que tenían, pero obtener una prueba de ello requería que Rafael se acercara peligrosamente a Fernando y sus cómplices.
—No me gusta esta idea
dijo Camila, rompiendo el silencio
—Si Fernando sospecha algo, podría hacerte daño.
—No va a sospechar
respondió Rafael, con una confianza que no sentía del todo
—He sido su amigo durante años. Sé cómo actuar, qué decir, cómo hacer que baje la guardia.
—Pero si descubre que estás investigando...
—No lo hará
la interrumpió él, tomándole la mano y dejando un beso en ella
—Confía en mí, Cariño. He actuado toda mi vida sin saber que tenía a un monstruo al lado. Ahora que lo sé, puedo usar eso a mi favor.
Camila apretó su mano, sintiendo el calor de sus dedos.
—Ten cuidado, Rafa. Por favor.
—Lo prometo
dijo él, besándola en la frente.
Al llegar a la ciudad, Rafael dejó a Camila en su casa y se fue directamente al apartamento de Fernando. Llamó a la puerta con la seguridad de quien no tiene nada que ocultar. Fernando abrió, con una sonrisa falsa que Rafael ya había aprendido a reconocer.
—¡Rafa!
exclamó Fernando, abrazándolo con efusividad
—Hacía días que no te veía. ¿Cómo estás?
—Sobreviviendo
respondió Rafael, forzando una sonrisa
—¿Puedo pasar? Necesito hablar contigo.
—Claro, claro
dijo Fernando, apartándose para dejarlo entrar.
El apartamento de Fernando era lujoso, con muebles modernos y una vista impresionante de la ciudad. Rafael recordó que Fernando siempre había tenido dinero, aunque nunca supo de dónde provenía. Ahora empezaba a entender.
—¿Qué te trae por aquí?
preguntó Fernando, sirviéndole una copa de whisky.
—Camila y yo tuvimos una pelea
mintió Rafael, tomando la copa sin beber
—Está distante, fría. No sé qué hacer.
Fernando levantó una ceja, con interés apenas disimulado.
—¿Sigue con lo mismo?
—Peor
dijo Rafael, dejando caer los hombros en un gesto de derrota
—Me rechazó cuando le pedí matrimonio, Fernando. Me pidió tiempo. Y no sé si hay alguien más.
—Ya te lo advertí
dijo Fernando, con falsa compasión
—Las mujeres son complicadas. Pero no te preocupes, hermano. Si ella no sabe lo que tiene, tal vez sea mejor dejarla ir.
—No puedo
respondió Rafael
—La amo demasiado.
Fernando guardó silencio, y Rafael notó cómo sus ojos brillaban con una luz sombría. Estaba disfrutando de su sufrimiento.
—Bueno
dijo Fernando, cambiando de tema
— ¿Qué tal si salimos esta noche? Rubén y Tadeo vienen a cenar. Podemos distraerte un rato.
—Suena bien
respondió Rafael, fingiendo alivio.
Horas después, los cuatro amigos estaban sentados alrededor de la mesa de Fernando, cenando y bebiendo como si nada hubiera pasado. Rafael observaba cada movimiento, cada gesto, buscando alguna señal del tatuaje que Luisa había descrito.
Rubén estaba más callado de lo normal, con la mirada baja y las manos temblorosas. Rafael notó que apenas tocaba la comida.
—¿Estás bien, Rubén?
preguntó Rafael, con aparente preocupación.
—Sí, sí
respondió Rubén, sobresaltado
—Solo estoy cansado.
Fernando le lanzó una mirada de advertencia, y Rubén bajó la cabeza rápidamente.
Rafael fingió no notar nada.
—Oye, Fernando
dijo, con tono casual
—he estado pensando en hacerme un tatuaje. ¿Tú tienes alguno? Siempre he querido ver cómo se ven.
Fernando sonrió con orgullo.
—Claro que tengo. ¿Quieres verlo?
—Sí, enséñamelo
dijo Rafael, con el corazón latiendo con fuerza.
Fernando se levantó y se desabrochó los botones de la camisa. Rafael contuvo la respiración mientras la prenda caía, revelando el torso de Fernando. Y allí, justo sobre el corazón, estaba el tatuaje, una serpiente negra enroscada alrededor de una daga, con los ojos rojos y unas letras ilegibles en la base.
Rafael sintió que la sangre se le helaba. Era exactamente como Luisa lo había descrito. No le cabía duda de que Fernando era el responsable.
—Impresionante, ¿verdad?
—dijo Fernando, orgulloso
—Me lo hice hace años. en una salida, Rubén también tiene uno, creo que ese día bebimos de más.
—Es... impresionante
—logró decir Rafael, forzando una sonrisa
—¿Y ustedes, chicos, Tienen tatuajes?
Rubén palideció.
—Yo... el mismo, pero en mi brazo
Levanto la manga de su camisa y ahí está va el mismo tatuaje pero más pequeño que el de Fernando.
—Yo no
dijo Tadeo rápidamente.
—por cobarde te dije que te hagas el mismo, seremos como una fraternidad o algo así
Dijo Fernando mirando luego a Rafael.
Rafael notó cómo Rubén se encogía en su asiento, como si quisiera hacerse invisible. Había algo más que estaba ocultando, y Rafael estaba decidido a descubrirlo.
—Bueno
dijo Rafael, levantándose
— Creo que ya es tarde. Mejor me voy.
—¿Tan pronto?
preguntó Fernando.
—Tengo que madrugar mañana
mintió Rafael
—Gracias por la cena.
Salió del apartamento y, una vez en la calle, respiró profundamente. Sus manos temblaban, y su mente era un torbellino de emociones.
Marcó el número de Camila de inmediato.
—Lo vi
dijo, con voz entrecortada
—Tienen el tatuaje, Camila. Justo donde lo describieron.
Del otro lado, Camila sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Estás seguro?
—Completamente. son ellos, Camila. Fernando es el responsable de todo.
—Ahora tenemos que ver qué pasa con Rubén
—dijo Camila
—Él también tiene que tener algo que lo incrimine.
—Estoy en eso
respondió Rafael
—Pero necesito tiempo. Y necesito que confíes en mí.
—Siempre confío en ti, Rafa.
Colgaron, y Rafael se quedó mirando el cielo nocturno. Sabía que la batalla apenas comenzaba, pero también sabía que estaban más cerca que nunca de la verdad.