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La Venganza De Una Santa

La Venganza De Una Santa

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Época / Completas
Popularitas:18.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

La devoción de la Santa Duquesa fue una vez el faro de esperanza para su pueblo. Con un toque, curaba heridas y consolaba almas. Pero su mundo se derrumbó la noche en que su hermana, casada con el hijo del rey, fue falsamente acusada de envenenar a la hija de la concubina real.
Sus súplicas de clemencia fueron ignoradas. Su pueblo le dio la espalda. Y ante sus propios ojos, vio cómo su hermana perdía la cabeza.
Rota por el dolor, pero con una determinación de acero, la Duquesa se retira a su hogar ancestral. Mantiene una imagen impecable, serena y devota ante el mundo. Pero tras esa máscara de pureza, se teje una red de astucia y alianzas sagradas. No busca violencia burda. Busca desmantelar, pieza a pieza, a quienes la traicionaron, empezando por el mismísimo rey.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: La Advertencia de la Viuda

El sol matutino penas lograba rasgar la densa capa de bruma que envolvía las terrazas del Palacio de Obsidiana. En el patio de armas principal, situado bajo la sombra de la gran torre defensiva, el sonido del acero chocando resonaba con un eco seco y ritmo constante.

Desde la alta balaustrada de mármol del patio superior, la Emperatriz Elena permanecía erguida, envuelta en una pesada capa de pieles oscuras. Sus ojos, recuperados de la sombra de la muerte gracias al poder de la antigua Santa, observaban con una atención quirúrgica cada movimiento en el terreno de entrenamiento.

Abajo, Cassian instruía a Lysandra en el manejo de la daga de combate de la Orden del Dragón Negro.

Lysandra vestía un traje de cuero ceñido, sobrio y funcional, adecuado para la maniobrabilidad militar. Mantenía la postura con la firmeza de un soldado experimentado, ajustando el peso del cuerpo según las indicaciones del príncipe heredero. Sin embargo, lo que verdaderamente captaba la atención de la Emperatriz no era la destreza de la joven Duquesa, sino la actitud de su propio hijo.

Elena conocía a Cassian mejor que nadie en el continente. Había visto a su primogénito crecer entre el rigor del ejército imperial, convertido en un comandante temido por su distanciamiento emocional, su frialdad ante las cortesanas y una paciencia calculadora que jamás flaqueaba. Pero en los últimos días, las grietas en esa coraza de hielo eran cada vez más evidentes.

Cassian buscaba pretextos constantes para cruzar el ala oeste hacia el Torreón del Dragón de Plata. Extendía los reportes de los espías para justificar reuniones a altas horas de la noche, ajustaba la posición de la guardia personal de Lysandra él mismo y, en ese preciso instante, la forma en que corregía la empuñadura de la joven revelaba un temblor imperceptible en sus gestos. Sus ojos carmesí no solo evaluaban a una aliada táctica; la contemplaban con un deslumbramiento peligroso, un ardor contenido que quemaba la distancia entre ambos.

Elena dejó escapar un suspiro lento, cuyo vapor se disipó en el aire helado de la mañana. Se giró hacia su Comandante de la Guardia personal.

—Buscad al príncipe heredero tan pronto como concluya la sesión en el patio —ordenó la soberana con voz tranquila pero categórica—. Decidle que lo aguardo en mis aposentos privados. A solas.

Una hora más tarde, Cassian atravesó las pesadas puertas de roble de la cámara imperial. Venía de cambiarse el uniforme de entrenamiento; vestía una casaca de terciopelo negro con bordados de hilo de plata y mantenía el cabello todavía húmedo peinado hacia atrás.

Elena se encontraba junto al ventanal que daba a los acantilados, sirviendo dos copas de vino especiado sobre una mesa de madera tallada.

—¿Me mandasteis llamar, madre? —preguntó Cassian, deteniéndose a unos pasos con su habitual compostura marcial—. El capitán me informó que requirías mi presencia con urgencia.

Elena tomó una de las copas, dio un paso hacia el centro de la estancia y miró a su hijo fijamente. Los ojos rojos de ambos se encontraron en un duelo de miradas cargado de tensión silenciosa.

—Toma asiento, Cassian —dijo la Emperatriz, señalando el sillón frente al fuego de la chimenea.

El príncipe frunció levemente el ceño ante la solemnidad en el tono de su madre, pero obedeció, sentándose con la rigidez impecable que lo caracterizaba. Elena caminó despacio a su alrededor antes de apoyarse en el respaldo del sillón contiguo, manteniendo la copa entre sus manos sin probar gota.

—He estado observando el patio de armas esta mañana —comenzó Elena con voz pausada, midiendo cada sílaba—. Y he notado cómo miras a la Duquesa de la Casa Aurelius.

Cassian no parpadeó. Su rostro se convirtió de inmediato en una máscara impenetrable, pero la curva de su mandíbula se tensó visiblemente.

—Lysandra es la clave de nuestra estrategia en el sur, madre —respondió el príncipe con tono profesional—. Su intelecto para descifrar las fallas de la corona de Mortemer es indispensable para la marcha de nuestras legiones. Me aseguro personalmente de que sus condiciones de preparación sean las óptimas.

Elena dejó escapar una risa amarga y baja, negando ligeramente con la cabeza.

—No intentes usar el lenguaje de la guerra para engañarme a mí, Cassian. Soy tu madre, y fui yo quien te enseñó a ocultar tus pensamientos ante la corte. Pero he visto cómo se dilatan tus pupilas cuando ella entra a un salón. He visto cómo buscas excusas absurdas para subir a su torreón a altas horas de la noche, y he sentido el peso del aire entre ustedes dos cuando crees que nadie te observa.

Cassian guardó silencio. Apretó el puño derecho sobre la rodilla, sintiendo la dureza del cuero de sus guantes. No negó las palabras de la soberana; sabía que hacerlo frente a la Viuda del Sabio sería inútil.

Elena dio dos pasos hacia él, acortando la distancia. Su expresión cambió de la severidad imperial a una angustia profunda y dolorosa, propia de una mujer que había recorrido los senderos más oscuros del despecho y la pérdida.

—Escúchame con atención, hijo mío —dijo Elena, y su voz rasposa resonó con una gravedad escalofriante en la penumbra de la sala—. La mujer que duerme en el Torreón de Plata no tiene corazón en este momento. Se lo arrancaron junto a la cabeza de su hermana en la plaza de Mortemer.

Cassian alzó levemente la cabeza para mirarla, pero la Emperatriz continuó sin darle espacio para interrumpir, pronunciando una advertencia implacable:

—Si intentas buscar su amor ahora, solo vas a cortar tus manos con los pedazos de su alma rota. Ella no quiere un amante, Cassian; quiere justicia y sangre. No cometas el error de pedirle flores a un desierto quemado.

Las palabras de su madre cayeron como un peso aplastante sobre el pecho del príncipe heredero.

Elena se inclinó levemente sobre él, fijando sus ojos cargados de recuerdos sangrientos en las pupilas de su primogénito.

—Yo estuve en ese mismo lugar —prosiguió la Emperatriz en un murmullo desgarrador—. Sé lo que es tener la mente consumida por el fuego del odio. Cuando perdiste a tu padre y me llené de la oscuridad de la sangre demoníaca, si un hombre hubiese venido a hablarme de ternura, de futuro o de afecto, lo habría considerado una afrenta a la memoria de mi difunto esposo. Para Lysandra, en este instante, el mundo entero es un campo de batalla. No ve hombres ni reyes; ve aliados o enemigos. Y si empujas tus sentimientos sobre ella antes de tiempo, solo lograrás que te vea como una distracción o como una amenaza para su venganza, destruyendo la alianza que construyeron.

Cassian apretó el puño con tanta fuerza que las costuras del cuero crujieron en el silencio de la estancia. Cerró los ojos por un brevísimo segundo, encajando el golpe de la verdad. En el fondo de su ser, en esa parte estratega y fría que intentaba acallar ante la fascinación por Lysandra, sabía que su madre tenía absoluta razón.

Lysandra no había cruzado el continente para encontrar cobijo o afecto en los brazos de un príncipe del norte. Era una tigresa herida de muerte que solo respiraba para ver caer la cabeza de los asesinos de su hermana.

—Entiendo... —murmuró Cassian, con una voz tan baja y áspera que parecía extraída de la misma piedra del castillo.

—Si de verdad te importa esa mujer —concluyó Elena, regresando a su copa y dándole la espalda para mirar hacia el ventanal—, sé la espada que necesita. Sé el muro de hierro que sostenga su guerra. Pero guarda tus sentimientos en la sombra hasta que la sangre haya sido lavada de sus manos. De lo contrario, los dos terminarán destruidos antes de llegar a las puertas de Mortemer.

Cassian se puso en pie despacio. Inclinó la cabeza con un respeto solemne hacia la Emperatriz, sin añadir una sola palabra más, y abandonó la cámara imperial con pasos pesados, llevando consigo la marca de una lección que jamás olvidaría.

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Liliana Rivero
Excelente historia muy buena desdé el principio hasta el final felicitaciones escritora hermosa tu novela sigue así éxitos y muchas bendiciones 🥰🥰🥰🥰🥰👏👏👏/Rose//Rose//Rose//Rose/
Liliana Rivero
excelente historia sigue así
Marlucha💋
Excelente historia
Marlucha💋
💖💖
Marlucha💋
Pobre Rey pedejo
Marlucha💋
Sigue soñando víbora
Marlucha💋
😨😨😨😨😨😨😨
Marlucha💋
Osea Dragón 🐉 💖
Marlucha💋
Si sueña Rey moribundo! 😂
Marlucha💋
De malagradecidos está lleno el mundo!.
Por eso muchas veces es mejor ayudar a un perro.
MARINA SIMÓN
/Ok/
Guadalupe Araceli Esparza Meraz
si quiero la historia de la emperatriz
Josseline Palma
🌺🥰
Doris Laura Torres Amaya
excelente👏👏👏 corta y buenisima☺️👏👏👏
Rosario Hernandez Ortiz
🥰🥰🥰GEACIAS AUTORA MUY BUENA HISTORIA 🥰🥰🥰🥰DESDE EL PRIMER CAPITULO HASTA EL FIN A SI ME GUSTAN CORTAS PERO CON FINAL FELIZ 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰DIOS TE BENDIGA/Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Pray//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart//Heart/
Rosario Hernandez Ortiz
🥰🥰🥰🥰ESO ME GUSTO AUTORA 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lorena Itriago
Excelente Novela
Jesus Castro Montero
Gracias escritora por deleitarnos con tan maravillosa novela
Jesus Castro Montero
Lisandra que bueni que encontraste en Casian el afecto amor y respeto para ti 💘💘💘💘💘
Jesus Castro Montero
Por fin las traidoras y el rey fueron apresados y muertos😂🤣🥰💘😈😈
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