Valeria Chanstain creyó que el amor podía vencer cualquier obstáculo. Junto al hombre que amaba construyó un hogar, una familia y una vida que parecía perfecta, hasta que una verdad inesperada hizo añicos todo aquello en lo que alguna vez creyó.
Ahora, entre los recuerdos de un amor que juró ser eterno y el dolor de ver cómo la vida que construyó se desmorona ante sus ojos, Valeria tendrá que aprender a dejar ir aquello que más ama y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo.
Porque a veces, perderlo todo no significa que la historia haya terminado... sino que apenas está comenzando.
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¿Ala prohibida?
—Vamos, mamá. Apresúrate.
—Espera no puedo correr con estos zapatos
Al llegar al bar, me percaté de que Victoria estaba allí, de pie gritando como una completa demente.
—¡Ven! Tomemos otra copa, cielo. La noche es corta.
Empezó a bailar y a dar vueltas mientras las personas a su alrededor la observaban.
—Pobre mujer, al parecer se pasó de tragos.
—Pero qué ridícula se ve.
—Está fuera de sí. Pobrecita.
Ellos empezaron a reír.
Mientras veía a Victoria completamente ebria, no sabía si llorar o reír. Qué vergüenza
Noté cómo Olivia intentaba alejarla de allí.
—Mamá, por favor, no bebas más, mamá escúchame.
—Vamos, cielo. No actúes como una anciana. ¡Vamos a bailar!
—¡Nooo, no mamá!
Me acerqué a ella de inmediato.
—Victoria.
Ella se me quedo viendo.
—¡Pero si eres tú, Vale! ¡Querida amiga! ¿Qué haces aquí? Mi Vale hermosa, ven, bebe conmigo. Tomemos otra copa.
—Sí, claro que lo hare. Tomemos una copa —le respondí mientras me acercaba más a ella.
Olivia, al verme, suspiró. Me di cuenta de que tenía el rostro completamente rojo de la vergüenza, mientras Victoria estaba de lo más feliz.
—Tomemos una copa —le dije—. ¿Qué tal un cóctel?
Mientras hablaba, le quité la botella que tenía en las manos.
—Sí... pero los cócteles son mejores en el otro... —hizo una pausa, intentando recordar—. En el otrooo bar.
—Ah, sí. Tú mereces lo mejor. Vamos, Victoria, al otro bar.
El barman me miró mal, pero yo simplemente le sonrei tomé a Victoria del brazo. Ella se levantó de la silla.
—Adelante, Valeee.
—Sí, vamos —le dije.
Olivia se levantó de inmediato y se acercó a Victoria.
—Espera, te ayudaré.
Olivia y yo la tomamos de la cintura y comenzamos a caminar.
—¡Adiós, guapooo! —le gritó Victoria al barman—. ¡Llámame!
Él simplemente la miró, completamente extrañado.
—¡Pero qué vergüenza, mamá! Acuérdate de que tienes esposo.
—¿Esposo? Ah, claro... ¡Zack! ¿Dónde estás, amor?
—Mamá, no volveré a permitir que vuelvas a mirar una sola copa de alcohol.
—¡Ayy carajo! Zack me va a matar, claro que no el fue el que la dejo sola —murmuró Olivia.
—Pero ¿qué demonios le pasó? ¿Por qué bebió tanto?
—No lo sé no tengo idea—respondió Olivia.
Avanzamos un poco. Mateo iba detrás de nosotras, pero al llegar a las escaleras, Victoria se detuvo.
—Espera, cielo. Espera, Vale. Tengo que ir al baño.
—¿En serio? ¿Ahora? —le pregunté.
—Ay, no, es broma... Mi bolso, dónde está?
—Mamá, después lo buscaremos.
—No, yo lo tenía... Está en el bar. Voy por él, esperen.
—No tranquila, yo iré por él —dijo Mateo.
—No, pero tú no sabes cuál es.
—Entonces dime dónde está, mamá. Yo lo buscaré—comento olivia
—No, cielo, déjame ir a mí. Tú tampoco lo conoces. Es el nuevo.
—Mamá, estás demasiado ebria. Quédate aquí. Yo iré por el bolso.
—Ay, Victoria, por favor. Después vamos por él —le dije.
—Era el que tú me regalaste no quiero perderlo.
Victoria estaba a punto de llorar no tuve otra opción.
—Está bien, yo iré. ¿De acuerdo?
—Sí, perfecto. Entonces, abajo te espero para que tomemos el coctel. Exclamo
—Mateo, Olivia, llévenla al auto y que se recueste. Yo iré por el bolso.
Mateo se acercó a Victoria y la tomó de la cintura. Junto con Olivia, empezaron a bajar las escaleras. Yo iba a regresar al bar, pero Victoria gritó:
—¡Olivia, cielo! ¡Está en la estatua, no en el bar!.
—Tranquila, mamá.
—Espérenme en el auto. Ya voy —dije.
Fui hacia el bar. Corrí hasta allí, pero el bolso no estaba mierda estaba estresada. Busqué por todas partes sin encontrarlo. Entonces recordé lo que Victoria había dicho: la estatua clara.
Miré hacia las escaleras. Había una estatua de una mujer unos metros más arriba, junto a una de las columnas de mármol. Pensé que quizá Victoria había dejado allí el bolso.
Me acerqué, pero no estaba.
Note que había varias estatuas distribuidas por aquella parte de la mansión. Algunas adornaban los amplios descansos de las escaleras y otras estaban colocadas junto a los grandes ventanales que daban hacia los pisos inferiores.
Miré a mi alrededor. La mansión parecía todavía más impresionante desde aquella altura. Los techos eran altos y estaban decorados con molduras elegantes; habian enormes lámparas de cristales que colgaban sobre los corredores y las paredes estaban cubiertas con cuadros y retratos de personas que no lograba reconocer.
Fui hacia las estatuas más cercanas, pero el bolso no estaba allí.
Entonces vi una a lo lejos, pero como Victoria logro llegar allí. Me pregunte
—Tiene que estar allí...si es la única que no he revisado
Me propuse ir hacia ella. Comencé a caminar y continué avanzando por el largo corredor, hasta llegar a unas escaleras que conducían a otro nivel de la mansión.
Tropecé con uno de los escalones.
—¡Ah mierda!
Mi tacón se rompió.
—Perfecto... justo lo que me faltaba. Victoria eres una idiota desde ahora estas en deuda conmigo
Continué caminando como pude hasta que finalmente llegué.
—Por fin estoy aquí...
Por un momento pensé que no lo lograría. Había tenido que subir y bajar demasiadas escaleras y recorrer la mansión que desconocía por completo la verdad me daba un poco de miedo.
Pero todo el esfuerzo valió la pena allí estaba reluciente.
El bolso se encontraba junto a la estatua.
Lo recogí completamente rendida, me senté en uno de los escalones para recuperar el aliento.
Fue entonces cuando noté algo extraño.
A unos metros de mi había varios hombres vestidos con trajes negros. Permanecían alrededor de aquella ala de la mansión, distribuidos estratégicamente por el amplio corredor. Algunos estaban junto a las puertas y otros permanecían cerca de las escaleras.
No parecían simples empleados.
Eran hombres altos, sus rostros serios estaban con los hombros firmes y la mirada constantemente atenta. Algunos llevaban auriculares y hablaban entre ellos en voz baja, mientras otros vigilaban cada movimiento de quienes se acercaban a aquella zona.
¿Por qué había tantos hombres vigilando esta parte de la mansión acaso será peligrosa?
La curiosidad pudo más que yo.