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SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:13.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El vestido

Cuatro días para el baile.

Ren tenía pendiente el punto número siete de su lista.

El vestido.

No era vanidad. Era estrategia. En un salón lleno de la nobleza del imperio donde cada detalle sería leído como una declaración, donde el Emperador evaluaría todo lo que pudiera evaluar, la apariencia de la Duquesa Prevail era información tanto como cualquier otra cosa.

Sophia lo entendía perfectamente.

Lo había entendido antes de que Ren lo dijera, con esa forma suya de llegar a las conclusiones correctas por caminos que a veces Ren no había recorrido todavía.

—El armario tiene el vestido blanco y los grises —dijo Sophia esa mañana, con el tono de quien presenta un problema y ya tiene la solución—. Ninguno sirve para el baile. El blanco es demasiado simple. Los grises son exactamente lo que el Duque eligió para que usted desapareciera. No puede aparecer en el palacio imperial con ninguno de los dos.

—No —coincidió Ren.

—Necesitamos algo nuevo.

—Sí.

—El presupuesto alcanza.

—Lo sé.

Sophia la miró.

—¿Tiene idea de lo que quiere?

Ren había pensado en eso. Había pensado en eso con la misma metodología con que pensaba en todo lo demás — como un problema que tiene variables y soluciones posibles y una respuesta correcta que hay que encontrar.

Variables:

El Emperador quería evaluarla. Lo cual significaba que la recordarían. Lo cual significaba que todo lo que llevara esa noche debía decir exactamente lo que ella quería decir y nada que no quisiera decir.

No soy una amenaza. Falso, pero útil como mensaje.

No soy invisible. Verdad, y necesario que lo vean.

Soy la Duquesa Prevail. Verdad, con todo lo que eso significa.

Y una cosa más. Una cosa que ningún protocolo de la corte podría cuestionar pero que cualquiera que la mirara recordaría.

—Rojo —dijo Ren.

Sophia no parpadeó.

—¿Rojo?

—El color de mis ojos. El color de mi cabello. El color que mi familia y la familia de Adalyn consideraron siempre una mala señal. —Ren la miró—. Voy a entrar al palacio imperial con ese color puesto de forma deliberada. Para que nadie pueda fingir que no me vio.

Sophia procesó eso.

Y luego, en su expresión, Ren vio algo que no era exactamente orgullo pero que se le parecía.

—Rojo —repitió Sophia, con una firmeza que cerraba el tema—. Bien.

......................

La modista llegó esa tarde.

Era una mujer de unos cincuenta años con el cabello blanco recogido en lo alto de la cabeza y las manos de alguien que ha trabajado con telas durante décadas — manos que medían y tocaban y evaluaban con la precisión de un instrumento.

Se llamaba Maren.

Sophia la había elegido con el mismo cuidado con que elegía todo, basándose en tres criterios que había explicado a Ren con brevedad: era la mejor del pueblo, era discreta hasta la obsesión, y había vestido a la anterior Duquesa Prevail durante años y por tanto conocía los protocolos de la corte imperial mejor que nadie fuera del palacio.

Maren evaluó a Ren durante los primeros tres minutos sin decir nada.

Caminó a su alrededor. Tomó medidas. Examinó el cabello, los ojos, la piel con esa objetividad clínica de quien trabaja con apariencia como material y no como juicio.

Y luego dijo, sin preámbulo:

—Rojo oscuro. No brillante. El rojo que tiene profundidad. —Ya estaba sacando muestras de tela de su bolso—. Escote modesto pero no cerrado. Manga larga por el embarazo y porque le da autoridad. —Miró a Ren directamente—. ¿Lleva algo bajo el vestido que deba considerarse?

Ren la miró.

Maren sostuvo la mirada con la paciencia de alguien que lleva cincuenta años viendo cosas que no le competen y ha aprendido que preguntar directamente es más eficiente que adivinar.

—Dos fundas —dijo Ren—. Una en el muslo izquierdo. Una en el antebrazo derecho.

Maren asintió como si eso fuera la respuesta más normal del mundo.

—Manga derecha con un pliegue adicional en el antebrazo. Falda con corte en el lateral izquierdo que permita movimiento de cadera sin que se note desde afuera. —Ya escribía en su cuaderno—. ¿Algo más?

—Que sea cómodo para estar de pie durante horas.

—Por supuesto.

—Y que no restrinja la respiración.

—Nunca restrinjo la respiración. —Maren lo dijo con el tono de quien menciona un principio fundamental que no debería necesitar mencionarse—. Un vestido que no deja respirar es un vestido mal hecho.

Ren decidió que le caía bien.

......................

Fue mientras Maren tomaba las últimas medidas cuando Kael entró.

No había tocado. O había tocado y en la concentración de los últimos veinte minutos Ren no lo había escuchado. Entró al dormitorio con la expresión de quien viene por algo específico y se detiene al encontrar una situación que no esperaba.

Maren no levantó los ojos de su cuaderno.

Sophia sí los levantó, desde su posición en el lateral, con esa atención inmediata que había desarrollado para todo lo relacionado con Kael desde la conversación sobre el mayordomo.

Ren no se movió porque Maren le había pedido que no se moviera.

—Duque —dijo, en el tono que usaba cuando era necesario reconocer su presencia sin darle más ni menos espacio del que merecía.

Kael la miró. Miró a Maren. Miró el despliegue de telas sobre la cama que Sophia había organizado para la evaluación.

—¿Modista? —dijo.

—Para el baile —dijo Ren.

Algo cruzó su expresión. Demasiado rápido. Ren lo archivó sin poder nombrarlo todavía.

—Bien —dijo Kael.

No era su bien habitual. El de las negociaciones, el de los documentos firmados. Era diferente. Más corto. Como si la palabra hubiera llegado antes de que pudiera revisarla.

Caminó hacia el lado de la habitación donde estaban los documentos que evidentemente había venido a buscar — estaban sobre la mesa junto a la ventana, Ren los reconoció como parte de los archivos del ducado que Devan había traído esa mañana. Los tomó.

Iba a irse.

—Kael.

Se detuvo.

Era la segunda vez que Ren usaba su nombre sin título. Esta vez fue deliberado.

Se giró.

—¿Hay algún protocolo específico que deba conocer sobre el baile? —dijo Ren—. Algo que no esté en los libros de la biblioteca.

Kael la miró durante un momento.

Maren seguía trabajando con su cuaderno con la discreción absoluta de alguien que ha aprendido que no escuchar ciertas conversaciones es parte del trabajo.

—El Emperador saluda primero a los invitados de honor — dijo Kael—. La Duquesa Prevail será una de ellos. El protocolo requiere una reverencia y responder directamente a cualquier pregunta que haga. —Una pausa—. No elabores más de lo que te pregunte. El Emperador aprecia la economía de palabras.

—¿Qué tipo de preguntas hace?

—Simples. Siempre simples. —Algo en su expresión cambió levemente—. Esa es la advertencia. Las preguntas simples del Emperador nunca son simples.

Ren lo miró.

—¿Como qué?

Kael pensó un momento.

—La última vez preguntó a un Lord recién llegado a la corte: ¿qué piensas del invierno este año? —Hizo una pausa—. El Lord respondió que había sido más frío de lo habitual. El Emperador asintió y siguió adelante. —Otra pausa—. Tres semanas después ese Lord perdió dos de sus propiedades del norte.

Silencio.

—¿Qué habría debido responder? —dijo Ren.

—Nada que revelara qué tan bien o qué tan mal le iba realmente en el norte. —Kael la miró directamente—. El Emperador hace preguntas simples para ver si las personas tienen cosas que esconder. Si respondes demasiado poco, tienes algo que esconder. Si respondes demasiado, tienes algo que esconder. —Una pausa—. El equilibrio exacto es diferente para cada persona y el Emperador lo conoce antes de preguntar.

Ren procesó eso.

El equilibrio exacto es diferente para cada persona.

—¿Cuál es el mío?

Kael la miró durante un momento más largo de lo habitual.

Y Ren vio algo en sus ojos que era nuevo. No la evaluación política. No la perplejidad de quien no entiende cómo esta mujer llegó a ser lo que es. Algo más parecido a la atención genuina de quien está respondiendo una pregunta real porque considera que merece una respuesta real.

—El tuyo —dijo Kael finalmente— es el de alguien que no tiene nada que esconder porque no tiene nada que perder.

Ren lo miró.

—¿Y si eso no es verdad?

—Entonces haz que lo parezca. —Hizo una pausa—. Tienes práctica.

Lo dijo sin crueldad. Sin sarcasmo visible. Solo la observación de alguien que ha estado mirando durante semanas y ha llegado a una conclusión.

Sabe que actúo, registró Ren. Sabe que la Adalyn que ve no es la Adalyn que era. Y no me lo está reprochando.

¿Qué significa eso?

Kael se giró hacia la puerta.

—Maren —dijo, sin girarse completamente— hazlo bien.

—Siempre —dijo Maren, sin levantar los ojos del cuaderno.

La puerta se cerró.

El silencio que quedó tenía esa temperatura específica que los silencios adquieren después de ciertas conversaciones.

Maren guardó su cuaderno.

—Listo por hoy —dijo, con la practicidad de siempre—. En tres días tengo el vestido. Vendré para el ajuste final.

Ren asintió.

Maren recogió sus cosas y se fue.

Sophia esperó a que sus pasos se alejaran por el corredor. Luego se acercó a recoger las telas de muestra de la cama.

—Hazlo bien, le dijo —comentó Sophia en voz muy baja, sin levantar los ojos de las telas.

Ren la miró.

—¿Qué?

—El Duque. —Sophia dobló la primera tela con sus movimientos precisos de siempre—. Le dijo a Maren que lo hiciera bien. —Hizo una pausa—. No era una orden. Era una petición.

Ren no respondió.

Pero se quedó mirando la puerta cerrada durante un momento.

Una petición.

Lo guardó en la carpeta que seguía etiquetada como pendiente de análisis.

Esa carpeta estaba empezando a llenarse.

......................

Esa tarde Kael convocó al personal principal de la mansión.

No era inusual. Lo hacía periódicamente cuando había comunicados importantes del ducado. Ren supo de la convocatoria por Sophia, que la supo por el cocinero de la cocina secundaria, que lo supo por el portero de la entrada lateral, en esa cadena de información informal que Ren había aprendido a valorar más que los canales oficiales.

Fue.

No porque la hubieran convocado — no la habían convocado, era una reunión del Duque con su personal, no con su esposa. Sino porque a cuatro días del baile, con el mayordomo reportando al Emperador y el patrón en las propiedades del perímetro sin resolver, Ren había decidido que era un buen momento para hacer algo que había estado aplazando.

Entró al salón principal cuando ya todos estaban reunidos.

El mayordomo la miró con la expresión de quien no entiende qué está pasando pero sabe que no le va a gustar.

Kael la miró desde el frente del salón con la expresión de quien tampoco entiende exactamente qué está pasando pero que, Ren notó, no hizo ningún movimiento para pedirle que se retirara.

Ren caminó hasta colocarse junto a Kael.

El personal la miró.

Kael la miró.

—¿Hay algo que quieras agregar? —dijo Kael. Y en su voz, debajo de la neutralidad habitual, había algo que Ren identificó como la versión de Kael de la curiosidad.

—Sí —dijo Ren.

Se giró hacia el personal. Hacia el mayordomo específicamente, aunque su mirada incluía a todos.

—A partir de hoy —dijo, con la voz quieta que usaba cuando quería que cada palabra llegara completa — Sophia es oficialmente mi caballero personal. Tiene acceso a todas las áreas de la mansión. Sus instrucciones en lo que respecta a mi seguridad y a mis asuntos tienen la misma autoridad que las mías. —Hizo una pausa—. Cualquiera que interfiera con su trabajo o con su persona responde ante mí directamente.

Silencio en el salón.

El mayordomo tenía una expresión que Ren no miró demasiado tiempo porque no necesitaba ver lo que había en ella para saber lo que era.

Sophia, de pie al fondo del salón, miraba al frente con la espalda recta y los ojos demasiado brillantes durante un instante que controló rápidamente.

Kael no dijo nada.

Ren se giró hacia él brevemente.

Sus ojos se encontraron.

Y Kael — el hombre de la expresión de piedra, el instrumento del Emperador, el hombre que había dicho solo haremos esto una vez con la indiferencia de quien tramita un formulario — asintió.

Un solo movimiento. Pequeño. Definitivo.

Confirmado.

Ren se giró hacia el personal.

—Eso es todo.

1
Fabiruchisss
core p coreeeeeeee
AVE FÉNIX
espero no tarden en actualizar x k novelas como esta hay muchas y son excelentes pero es una lástima k jamás las vuelvan a actualizar y solo nos dejen con la intriga
Guillermo Mora
Excelente
Geraldine Diaz Torres
tu novela es excelente 👌, continualo vas a tener muchos seguidores /Drool//Drool//Drool//Drool/
Estrella Olguin Estrada
más capitulos para leer
Geraldine Diaz Torres
más capitulos
Sol Garcia
me encanta
buenisima historia
me encanta la protagonista..

más capítulos xfavor
Lourdes Chirinos Manrriques
lastima, tan buena novela y no la terminaron y la otra tambien uno se quedó picado con la lectura. felicidades escritora ojalá y las termines para disfrutar tus 2 historias
Marimar Ponce Ramos
Me fascina
Lesli Alonzo
más capítulos
Marimar Ponce Ramos
Me encanta espero que sigas está increíble
Yamilcadbr
Me da algo de risa Adalyn con la montaña de papeles a leer, me hace recordar a mi cuando estaba en la universidad.
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏 más capitulo porfavor
Yamilcadbr
súper enamorada de la novela 💗😍
Yamilcadbr
Me encanta Adalyn
Esther Rojas
para cuando hay otro capitulo?
Esther Rojas
me encanta, primera historia que encarna en una embarazada y e gusto es algo único hasta ahora
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Monse Moreno
mas porfavor
Eymi
xfa más capa plis 🙏🙏🙏🙏
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