Sangre y Cenizas
"Te mataría si pudiera dejar de amarte"
Maya es cazadora de vampiros. Lucien es el vampiro que debería haber
muerto hace años.
Entre encuentros clandestinos y besos prohibidos, descubren que existe
un amor más peligroso que cualquier arma: uno que te envenena desde
adentro, que te hace traicionar todo lo que eres, y que solo termina
de una manera.
En la oscuridad, donde el bien y el mal se desdibujan, dos almas
rotas aprenderán que algunos fuegos nunca deberían encenderse.
Pero algunos ya arden.
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CAPÍTULO 9: Fracturas en la Oscuridad
La batalla en el teatro se convirtió en un infierno de sangre y acero.
Lucien y Dominic chocaron en el centro del escenario, sus cuerpos moviéndose tan rápido que era casi imposible seguirlos con la vista. Cada golpe era devastador, cada movimiento era calculado para matar. Pero mientras Dominic era más antiguo y más fuerte, Lucien tenía algo que Dominic no tenía: tenía una razón para luchar más allá de la vanidad y el poder.
Tenía a Maya.
En el piso del teatro, la batalla continuaba. Thomas estaba enfrentándose a tres vampiros transformados, su cuchillo de plata brillando bajo la luz caótica. Catherine estaba en una esquina, disparando su pistola especial, cada bala encontrando su objetivo con precisión letal. Los cazadores y vampiros aliados luchaban lado a lado, una alianza imposible unida por la necesidad de supervivencia.
Maya se quedó donde estaba, observando a Lucien luchar. Cada golpe que recibía era como si ella también lo sintiera. Cada gota de sangre que caía era como si cayera de su propio cuerpo.
Una mano fría la agarró del brazo.
Se giró y vio a un vampiro que no había visto antes. Era alto, musculoso, con cicatrices que cruzaban su rostro. Sus ojos rojos ardían con una rabia antigua. Llevaba ropas rasgadas, como si hubiera estado en prisión durante años.
—Tú —susurró, mirando a Maya con una intensidad que era casi hipnótica—. Eres la razón por la que mi maestro está aquí.
—¿Quién eres? —preguntó Maya, intentando liberarse.
—Me llamo Cassius —respondió el vampiro—. Y durante cien años, serví a Dominic. Cien años de lealtad. Cien años de obediencia. Y Lucien... ese maldito traidor... lo mató todo cuando se rebeló.
—¿Lucien te hizo algo? —preguntó Maya.
—¿Que si me hizo algo? —Cassius rió, un sonido amargo y roto—. Lucien mató a mi hermana. La mató cuando estaba tratando de abandonar a Dominic, hace cincuenta años. La persiguió por toda Europa y la ejecutó como si fuera un perro. —Sus ojos se enfocaron en Maya—. Así que ahora, voy a hacerle lo mismo que él le hizo a ella. Voy a quitarle lo que más ama.
Levantó sus manos, listo para atacar.
Pero Catherine apareció de la nada, su pistola apuntando directamente a la cabeza de Cassius.
—Suéltala —dijo, su voz fría como el acero.
Cassius soltó a Maya, pero no desapareció. En lugar de eso, se lanzó directamente hacia Catherine, sus colmillos brillando. Catherine disparó, pero Cassius era rápido. Esquivó la bala y la golpeó, lanzándola contra una pared.
Maya corrió hacia su tía, pero Thomas estaba allí, bloqueando a Cassius con sus cuchillos de plata. Comenzó una batalla feroz entre el cazador y el vampiro, sus movimientos precisos y letales.
En el escenario, Lucien y Dominic seguían luchando. Lucien estaba ganando terreno lentamente, pero el costo era alto. Su cuerpo estaba cubierto de heridas, su sangre manchaba el suelo del escenario. Dominic, por su parte, estaba comenzando a mostrar signos de cansancio. El agua bendita lo había debilitado, y la determinación de Lucien estaba comenzando a superar su experiencia.
—¡Lucien! —gritó Dominic, sus ojos rojos brillando con algo que podría haber sido miedo—. ¿Recuerdas quién te hizo? ¿Recuerdas la noche en París cuando te di este regalo?
—No fue un regalo —respondió Lucien, golpeando a Dominic en el rostro—. Fue una maldición.
—¡Exactamente! —gritó Dominic, riendo a pesar de su dolor—. ¡Y ahora voy a darte una bendición!
Levantó sus manos, y el aire a su alrededor comenzó a distorsionarse. El poder que emanaba de él era tan intenso que hizo que todos en el teatro se detuvieran, incluso los que estaban en medio de la batalla.
—¿Ves? —continuó Dominic—. Esto es lo que significa ser verdaderamente antiguo. Esto es lo que significa tener poder real.
Comenzó a recitar palabras en un idioma que Maya no reconocía. Eran palabras antiguas, palabras de poder, palabras que parecían hacer que la realidad misma se doblara a su alrededor.
Los cien vampiros transformados que estaban en el teatro comenzaron a cambiar nuevamente. Sus cuerpos se volvieron más grandes, más grotescos, más monstruosos. Ya no eran vampiros. Eran algo completamente diferente. Eran abominaciones.
—¡No! —gritó Thomas, retrocediendo mientras lidiaba con Cassius.
Uno de los cazadores fue alcanzado por una de las abominaciones. Su grito fue breve, horrible, y luego no fue nada. Su cuerpo fue desgarrado en segundos.
—¡Lucien, tenemos que irnos! —gritó Maya.
Pero Lucien no se movió. Estaba mirando a Dominic con una intensidad que era casi hipnótica.
—Esto termina ahora —dijo.
Se lanzó hacia Dominic una última vez. Esta vez, no fue un ataque de fuerza bruta. Fue algo más inteligente, más calculado. Lucien esquivó cada uno de los ataques de Dominic, esperando el momento perfecto.
Y cuando llegó, fue devastador.
Lucien se movió bajo la guardia de Dominic y hundió sus colmillos directamente en su cuello. No para alimentarse. Para matar.
Dominic gritó, un sonido que fue tan fuerte que hizo que el techo del teatro comenzara a colapsar. Intentó apartarse, pero Lucien no lo soltó. Continuó bebiendo, drenando la sangre antigua de Dominic, el poder que lo había mantenido vivo durante milenios.
Las abominaciones comenzaron a colapsar. Sin el poder de Dominic manteniéndolas, volvieron a su forma original, y luego simplemente se desmoralizaron, cayendo al suelo como marionetas cortadas.
Finalmente, Lucien soltó a Dominic.
El vampiro antiguo cayó de rodillas, sus ojos rojos apagándose lentamente. Miró a Lucien con algo que podría haber sido respeto.
—Lo hiciste —susurró—. Finalmente, mi hijo, lo hiciste.
Luego cayó hacia adelante, muerto.
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Pero no duró mucho.
Cassius, viendo que Dominic había caído, soltó un grito de rabia pura. Abandonó a Thomas y se lanzó hacia el escenario, directo hacia Lucien. Thomas intentó detenerlo, pero Cassius era demasiado rápido.
—¡Maldito traidor! —gritó Cassius—. ¡Mataste a mi maestro! ¡Mataste a mi hermana! ¡Ahora voy a matarte a ti!
El techo del teatro continuaba colapsando, bloques de piedra cayendo a su alrededor. Los cazadores y vampiros que aún estaban vivos comenzaron a correr hacia las salidas.
Maya corrió hacia Lucien, quien estaba de pie en el centro del escenario, cubierto de sangre, sus ojos rojos brillando en la oscuridad.
—¡Lucien! —gritó—. ¡Cassius viene hacia aquí!
Lucien se giró justo a tiempo para ver a Cassius saltando hacia él. Ambos vampiros chocaron en el aire, cayendo juntos al piso del escenario. Comenzaron a luchar, pero Lucien estaba agotado por la batalla con Dominic. Cassius era más fuerte en ese momento, más furioso, más desesperado.
Cassius consiguió agarrar a Lucien por la garganta, levantándolo del suelo.
—Esto es por mi hermana —gruñó, sus colmillos creciendo.
Maya no lo pensó. Sacó su cuchillo de plata y corrió hacia Cassius. Con toda la fuerza que tenía, lo hundió en la espalda del vampiro.
Cassius gritó, soltando a Lucien. Se giró hacia Maya, su rostro contorsionado de rabia y dolor.
—Maldita cazadora —susurró.
Pero antes de que pudiera hacer algo más, un bloque de piedra del techo cayó directamente sobre él, aplastándolo. Su cuerpo se quedó quieto, sus ojos rojos apagándose lentamente.
Lucien se levantó, respirando con dificultad.
—¡Tenemos que irnos! —gritó Maya, agarrándolo.
Corrieron juntos, saltando sobre los escombros, esquivando los bloques de piedra que caían. Detrás de ellos, el teatro se derrumbaba, llevándose consigo la historia de doscientos treinta y cuatro años de dolor y venganza.
Cuando finalmente salieron al aire fresco de la noche, el teatro era solo un montón de ruinas.
Thomas y Catherine estaban esperando afuera, junto con los cazadores y vampiros que habían sobrevivido. Había tal vez treinta de ellos en total. De los cien que habían entrado en el teatro, solo treinta habían salido.
—¿Lo hiciste? —preguntó Thomas, mirando a Lucien.
—Lo hice —respondió Lucien, su voz sin emoción.
Catherine se acercó, estudiando a Lucien con sus ojos azul pálido.
—¿Qué sucedió allá dentro? —preguntó—. ¿Qué hizo Dominic antes de morir?
—Intentó convertir a sus seguidores en algo más que vampiros —explicó Lucien—. Intentó crear un ejército de abominaciones. Pero cuando murió, el hechizo se rompió.
—¿Hechizo? —preguntó Catherine—. ¿Crees que esto es magia?
—Sé que es magia —respondió Lucien—. Magia antigua, magia que predista a tu religión, a tu fe, a todo lo que crees que sabes sobre el mundo.
Catherine y Thomas intercambiaron una mirada.
—Esto cambia las cosas —dijo Thomas lentamente—. Si hay magia vampírica, si hay cosas que no entendemos...
—Entonces tal vez hemos estado equivocados todo este tiempo —completó Catherine.
Se produjo un silencio incómodo.
Luego, Viktor, el líder vampiro que había estado en la reunión en la iglesia, se acercó.
—Esto fue bien hecho —dijo, asintiendo hacia Lucien—. Mataste a los que nos esclavizaban. Eso significa que le debes una deuda a mi pueblo.
—¿Una deuda? —preguntó Lucien.
—Sí. Y quiero que la pagues ayudándonos a reconstruir. A crear una paz verdadera entre nuestras especies. No esta tregua frágil, sino una paz real.
Lucien miró a Maya, luego de vuelta a Viktor.
—Está bien —dijo—. Pero con una condición.
—¿Cuál? —preguntó Viktor.
—Que Maya sea protegida. Que sea considerada neutral en cualquier conflicto futuro entre cazadores y vampiros. Que sea... sagrada.
Maya sintió que su corazón se aceleraba.
—¿Lucien, qué estás diciendo?
Lucien la miró, y en sus ojos rojos vio toda la eternidad.
—Estoy diciendo que eres mía. Y que voy a protegerte, cueste lo que cueste.