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Pacto Con El Enemigo: Atada A La Sombra

Pacto Con El Enemigo: Atada A La Sombra

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:12.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Un matrimonio forzado. Un contrato escrito con odio. Un hombre que juró no sentir nada.
Para salvar a su familia, Aria acepta convertirse en la esposa de Dante Volkov, el hombre más peligroso y poderoso de la ciudad. Las reglas de Dante son claras: "En público, la esposa perfecta; en privado, no eres nada".
Lo que él no esperaba es que Aria no nació para ser sometida. Entre miradas cargadas de tensión, secretos oscuros y una atracción inevitable, la línea entre el odio y la obsesión comenzará a borrarse.
¿Quién caerá primero en su propio juego?

NovelToon tiene autorización de Dary MT para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La grieta en la máscara

La semana había transcurrido con una tranquilidad casi sospechosa. Aria continuó con su rutina impecable: salidas por la mañana bajo la atenta mirada de los escoltas de Dante, la farsa de sus restaurantes y las escapadas estratégicas por el pasadizo secreto para dirigir la Terminal Central. Con el cargamento de los chips resuelto y la multa cobrada, creyó por un momento que había logrado dominar el juego de las sombras.

Sin embargo, al cruzar el umbral de la mansión esa tarde, el silencio que la recibió no era el habitual. Era denso, pesado, como la calma que precede a una tormenta devastadora.

El mayordomo se le acercó a pasos rápidos, con una rigidez inusual en la postura.

—Señora Volkov... el señor la espera de inmediato en su despacho.

Aria frunció levemente el ceño, pero no sospechó nada alarmante. Asumió que se trataría de algún compromiso social o de algún trámite pendiente del contrato. Caminó con paso firme, arregló su chaqueta y abrió la puerta de roble sin llamar.

La escena en el interior la congeló.

Dante estaba de pie detrás de su enorme escritorio de caoba. No llevaba la chaqueta del traje y se había arremangado las mangas de la camisa. Su rostro estaba desencajado por una furia helada y destructiva. Sobre la mesa, una pantalla plana proyectaba varias imágenes fijas congeladas en bucle.

—Cierra la puerta —ordenó Dante. Su voz no fue un grito, sino un murmullo cavernoso y peligroso que hizo vibrar el aire.

Aria obedeció despacio, manteniendo la barbilla en alto.

—¿Dónde has estado? —espetó él, clavando sus ojos grises en ella como dos dagas.

—Tú sabes perfectamente dónde he estado —respondió Aria con voz serena, dando un paso al frente—. Tus hombres me llevan y me traen todos los días. Pregúntales a ellos.

—¡¿Dónde has estado?! —retumbó la voz de Dante, dando un golpe seco sobre el escritorio que hizo temblar las lámparas. La calma contenida se rompió por completo—. ¡Responde! ¡No me veas la cara de tonto!

Aria apretó los puños a los costados, sorprendida por la magnitud de su arrebato, pero negándose a mostrar un solo rasgo de intimidación.

—No sé de qué me estás hablando, Dante.

Dante giró bruscamente la pantalla del monitor hacia ella.

En la pantalla se observaba la toma en blanco y negro de una cámara de seguridad oculta en el callejón trasero del restaurante. En el video se veía claramente la puerta secreta abrirse, a Aria saliendo vestida con una chaqueta de cuero y gafas oscuras, y abordando un taxi sin marcar. Dos horas más tarde, otra toma la registraba regresando por el mismo pasaje oculto.

—Revisamos los registros del perímetro posterior esta mañana —dijo Dante, acortando la distancia entre ambos con pasos lentos y amenazantes hasta acorralarla contra la puerta—. Llevas días burlándote de mis hombres. Llevas días saliendo a mis espaldas. ¿A dónde vas? ¿Con quién te ves? ¡Contesta!

Aria sintió cómo un balde de agua helada le caía encima. Su secreto corría peligro mortal. Si Dante investigaba un poco más ese pasadizo, llegaría directamente a la Terminal Central de Transportes y a Mateo. Tenía que desviar la atención a toda costa, apoyándose en la única muralla que le quedaba: su orgullo.

—No tengo nada que decir —respondió ella, mirándolo fijamente a los ojos a escasos centímetros de su rostro.

—¡Me estás viendo la cara en mi propia casa! —escupió Dante, agarrándola con firmeza por los hombros, no para lastimarla, sino para obligarla a no apartar la mirada—. ¡Te puse una escolta para evitar que te maten y tú te escapas por un callejón como si esto fuera un juego! ¿Qué demonios escondes, Aria?

—¡Recuerda nuestro contrato! —le gritó ella por primera vez, zafándose de su agarre con un movimiento brusco—. ¡En el contrato estipulamos claramente que nuestras cosas personales no tienen nada que ver con el otro! ¡Mis negocios, mis salidas y mi vida privada no son de tu incumbencia mientras no afecten tu reputación pública!

—¡Afectan mi reputación en el momento en que arriesgas tu vida y te mueves a mis espaldas! —contraatacó él con los venas del cuello marcadas—. ¿Crees que soy estúpido? ¿Crees que voy a permitir que la mujer que lleva mi apellido ande suelta por la ciudad haciendo no sé qué tonterías mientras mis enemigos la cazan?

—¡No es tu problema lo que yo haga! —enfrentó ella, encarándolo sin ceder un milímetro—. No soy tu propiedad, Dante. ¡Firmé un contrato de matrimonio, no una orden de aprehensión!

—Pues a partir de hoy, las reglas del contrato cambian —la voz de Dante descendió a un tono oscuro, definitivo y carente de toda piedad.

Dio media vuelta, caminó hacia la puerta del despacho y la abrió de par en par. Dos de sus jefes de seguridad ya esperaban en el pasillo con rostro grave.

—Señor Volkov —dijo el jefe de guardia.

—Cancelen todas las salidas de mi esposa —ordenó Dante sin volver a mirar a Aria—. Retiren las camionetas asignadas. Se intensifica la vigilancia en todo el perímetro de la mansión. Nadie entra y nadie sale.

Aria se congeló, sintiendo la rabia arderle en el pecho.

—Dante, no te atrevas... —advirtió ella con la voz temblando de furia.

Dante se giró lentamente hacia ella, con una mirada tan fría y dura como la piedra.

—No volverás a pisar la calle, Aria. No me importa tu trabajo, tus restaurantes ni tus secretos. Te quedarás encerrada en esta casa hasta que aprenda a confiar en ti o hasta que me digas la verdad. Y créeme... tengo todo el tiempo del mundo.

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Maryiset Inglese
🤣🤣🤣🤣 esta Aria es tremenda 🤭🤭 así es que se marca territorio
Maryiset Inglese
excelentes capítulos...
Maryiset Inglese
muy buena la historia👏👏👏 más capitulos por favor
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