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Cenizas Bajo La Piel

Cenizas Bajo La Piel

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:599
Nilai: 5
nombre de autor: Eliany Justo

Una historia de amor, odio y venganza

NovelToon tiene autorización de Eliany Justo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Carcel y silencio

Cap 17

La noticia de la confesión de Héctor Montenegro ocupó todos los telediarios durante una semana. Las imágenes del otrora poderoso empresario entrando esposado en el juzgado dieron la vuelta al mundo. Los periodistas especularon sobre el destino de su imperio, sobre el paradero de sus hijos, sobre la misteriosa mujer que lo había delatado. Nadie mencionó a Valentina. Ella quiso que fuera así.

Los primeros días después del arresto fueron un remanso de calma extraña. Dante se recuperaba en el ático de Salamanca, con el brazo en cabestrillo y la mirada perdida. Lucas había vuelto a la universidad, fingiendo normalidad. Gabriel Vargas, aún débil, se alojaba en una habitación del mismo edificio, recuperando el tiempo perdido con su hija. Valentina cocinaba para ellos, algo que no había hecho en diez años. Descubrió que le gustaba el olor del ajo friendo en la sartén. Descubrió que le gustaba ver a Dante comer sus tortillas mal hechas.

Pero la calma era solo la superficie. Debajo, el agua bullía.

Una semana después del arresto, Valentina recibió una llamada del abogado de Héctor. La citaba en la prisión de Soto del Real, donde el ex empresario esperaba juicio. No dijo por qué. Solo que era importante.

—No vayas —le pidió Dante, cuando ella se lo contó—. Mi padre es un manipulador. Querrá sembrar dudas, enfrentarnos.

—Por eso tengo que ir —respondió ella—. Para saber si las dudas ya están sembradas.

La prisión olía a desinfectante y a derrota. Valentina esperó veinte minutos en una sala de visitas gris, con las manos sudorosas sobre la mesa de metal. Cuando Héctor entró, vestido con el chándal de preso, le costó reconocerlo. Sin el traje a medida, sin la sonrisa de tiburón, era solo un hombre viejo y cansado.

—Gracias por venir —dijo, sentándose frente a ella. Los cristales blindados entre ellos no empañaban su voz; los micrófonos se encargaban de eso—. No te pediré perdón. Ya sé que no sirve.

—Entonces ¿para qué me has llamado?

Héctor apoyó las manos esposadas sobre la mesa. Por primera vez, Valentia vio arrepentimiento verdadero en sus ojos. No lástima de sí mismo, sino dolor por el daño causado.

—Porque Dante no te ha contado todo. Y si no lo hago yo, nadie lo hará.

—Dante ya no me miente.

—¿Estás segura?

Héctor deslizó un sobre amarillento por debajo del cristal. Valentina lo cogió con dedos temblorosos. Dentro, una copia de la misma conversación de WhatsApp que Lucas le había mostrado semanas atrás. Pero esta vez había más mensajes, más abajo, que Lucas no había incluido.

Dante a Héctor, dos días antes de la gala: "He localizado a Valentia Vargas. Vive en Lavapiés. Trabaja en una librería de segunda mano los fines de semana. Su madre murió en el incendio que ordenó Renato. No sabe que Gabriel sigue vivo. Propongo: acercarme a ella, ganarme su confianza, hacer que se enamore de mí. Luego, cuando esté vulnerable, usarla como carnaza para que Renato salga de su escondite. A cambio, quiero el 30% del negocio inmobiliario."

Héctor a Dante: "30% es demasiado. 20% y la mansión de Marbella."

Dante a Héctor: "Trato hecho. Pero quiero algo más. Cuando esto termine, ella es mía. Para lo que yo quiera."

Valentina leyó los mensajes una vez. Luego otra. Luego una tercera. Las palabras bailaban ante sus ojos como cuchillos.

—Esto fue antes de conocerme —dijo, con la voz quebrada—. Puede que cambiara de opinión después.

—Léelos de nuevo —dijo Héctor, sin crueldad, solo con cansancio—. Fíjate en la fecha del último mensaje. El día después de vuestro primer beso.

Valentina miró la fecha. Un escalofrío le recorrió la espalda. Era verdad. Dante había escrito "cuando esto termine, ella es mía" horas después de besarla en el parque del Retiro, horas después de susurrarle "confía" contra sus labios.

—¿Por qué me enseñas esto? —preguntó, devolviendo el sobre—. ¿Para que sufra? ¿Para que me vengue de él también?

—Para que sepas la verdad —respondió Héctor—. Porque si algo aprendí después de tantos años de mentiras, es que la verdad es lo único que no se puede recuperar una vez que se pierde. Dante te quiere ahora, no lo dudo. Pero al principio, todo fue un plan. Y los cimientos podridos terminan hundiendo cualquier casa, por bonita que sea la fachada.

Valentina guardó el sobre en el bolsillo de su chaqueta. Se levantó sin despedirse. En la puerta, Héctor la llamó.

—Cuídalo —dijo—. A pesar de todo, es mi hijo. Y te necesita más de lo que tú necesitas venganza.

Esa noche, Valentina volvió al ático. Dante estaba en el sofá, leyendo un libro, con el brazo en cabestrillo. Al verla, sonrió. Fue una sonrisa abierta, sincera, de esas que ella había aprendido a atesorar.

—¿Qué tal la visita? —preguntó.

—Bien —mintió ella—. Tu padre está arrepentido. Dice que te quiere.

—Mi padre no sabe querer. Ni yo tampoco. Pero lo intento contigo.

Valentina se sentó a su lado. Apoyó la cabeza en su hombro bueno. Cerró los ojos.

Podía sacar el sobre. Podía enseñarle los mensajes. Podía gritarle, pegarle, echarle del ático. Podía cumplir la venganza que había planeado desde el principio. Pero entonces recordó la noche en la cabaña, las confesiones, las lágrimas. Recordó cómo él se había lanzado delante de una bala para salvarla.

—Dante —dijo, sin abrir los ojos—. ¿Me mentirías otra vez? Si pudieras volver atrás, ¿me mentirías?

Él tardó unos segundos en responder. Cuando lo hizo, su voz era un susurro.

—Al principio sí. Porque no te conocía. Ahora... ahora prefiero que me mates a tener que mentirte.

Valentina sonrió. No sacó el sobre. Esa noche, mientras él dormía, lo quemó en el lavabo del baño, viendo cómo las cenizas se iban por el desagüe.

No era perdón. Era otra cosa. Era la decisión de no dejar que el pasado destruyera un futuro que aún no había escrito.

A la mañana siguiente, Dante encontró las cenizas en el lavabo. No preguntó. Solo la abrazó con su brazo bueno y le susurró al oído:

—Pase lo que pase, te quiero.

—Ya lo sé —respondió ella—. Y esa es la parte más jodida.

No se dijeron nada más. No hicieron falta las palabras. El silencio, por una vez, fue suficiente.

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monita
🤔🤔🤔🤔🤔 no entendí esta novela 🤔🤔🤔 corta como me gustan perooooo??
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