Ella renace en un nuevo mundo. Decidida a cambiar su destino y a cumplir sus sueños.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Oliver Dempster 2
Las siguientes dos semanas fueron una completa locura.
Selene prácticamente desapareció del resto del negocio.
Las costureras seguían confeccionando vestidos.
Cloys organizaba la agenda.
El barón administraba las cuentas.
Y ella...
Vivía rodeada de bocetos de trajes masculinos.
Había hojas por toda la mesa.
En el suelo.
Sobre una silla.
Incluso una terminó misteriosamente dentro de una tetera.
[¿Cómo llegó ahí?]
Cada día modificaba algo.
Un bolsillo.
Un refuerzo.
La caída de la chaqueta.
La distribución de los compartimientos ocultos.
La forma en que la tela debía acompañar los movimientos sin delatar lo que escondía.
[Que sea elegante.]
[Que sea cómodo.]
[Que pueda moverse.]
[Que nadie note dónde están las armas.]
[¡Y que deje de parecer un armario con piernas!]
Después de incontables cambios, por fin respiró aliviada.
—Creo...
Miró el traje desde todos los ángulos.
—Creo que ya está.
Cloys sonrió.
—Solo falta probarlo.
—Exactamente.
Tomó papel y pluma.
—Le escribiré al conde.
La respuesta llegó dos días después.
Cloys leyó la carta.
—El conde acepta una prueba antes de la entrega definitiva.
Selene sonrió.
—Perfecto.
—Pero...
La doncella continuó leyendo.
—Dice que dispone de muy poco tiempo.
Selene asintió.
—Eso ya es prácticamente su forma de decir "buenos días".
Cloys soltó una pequeña risa.
El día de la prueba, Selene se preparó con más cuidado de lo habitual.
No por vanidad.
Se repetía eso una y otra vez.
[Simplemente quiero dar una imagen profesional.]
[Nada más.]
Mientras acomodaba sus cuadernos dentro del carruaje, empezó a hablar consigo misma.
[Tranquila.]
[Ya lo viste una vez.]
[Ya pasó la primera impresión.]
[No vas a distraerte otra vez.]
[Es solo un cliente.]
[Un cliente muy serio.]
[Un cliente muy alto.]
[Un cliente...]
Negó rápidamente con la cabeza.
[¡No!]
[No empieces.]
[Es un hombre normal.]
[Muy normal.]
[...Bueno.]
[Bastante guapo.]
[Pero normal.]
[Céntrate en el traje.]
Cuando el carruaje llegó a la mansión Dempster, respiró profundamente.
—Hoy seré una profesional.
Cloys la miró de reojo.
—Eso espero.
El mayordomo las condujo al mismo salón de la visita anterior.
—Su señoría llegará en unos minutos.
Selene aprovechó para colocar cuidadosamente el traje sobre un maniquí.
Lo observó con orgullo.
[El traje quedó precioso.]
[Como no le guste...]
[No, sí le va a gustar.]
[Respira.]
Entonces escuchó unos pasos.
Levantó la vista.
Y se quedó completamente inmóvil.
El conde acababa de entrar.
Pero no venía vestido para una reunión.
Llevaba ropa de entrenamiento.
Las mangas estaban ligeramente arremangadas.
Su cabello oscuro con pocas canas, normalmente impecable, estaba desordenado.
Algunos mechones caían sobre su frente.
Una ligera humedad en el cuello y las sienes revelaba que acababa de terminar de practicar.
Respiraba con calma.
Como si el ejercicio apenas lo hubiera cansado.
Selene sintió que su cerebro dejaba de funcionar durante unos segundos.
[¡No!]
[¡Así no!]
[¡No estaba preparada para esta versión!]
Su primera impresión había sido que era un hombre severo.
Ahora...
Parecía igual de severo.
Solo que mucho más... humano.
Y, para desgracia de Selene...
También mucho más atractivo.
[Qué injusticia.]
[¿Por qué alguien puede verse tan bien con el cabello desordenado?]
[Y esa expresión de "déjenme en paz"...]
[Ay...]
[Amo esa oscura madurez.]
Se quedó observándolo un instante más de la cuenta.
Hasta que el conde habló.
—¿Señorita Drack?
Ella reaccionó de golpe.
—¡Sí!
[¡Concéntrate!]
[¡Profesional!]
El conde dejó una toalla sobre una silla.
—Lamento la demora.
El entrenamiento tomó más tiempo del previsto.
—No hay problema.
[Claro que no hay problema.]
[Puede entrenar todos los días si quiere.]
[Aunque yo también podría hacerlo sudar asi]
[¡SELENE!]
[¡BASTA!]
Se obligó a mirar únicamente el traje.
—¿Podría probárselo?
—Por supuesto.
El conde tomó la prenda.
Mientras se dirigía a una habitación contigua para cambiarse, Selene se llevó ambas manos al rostro.
En voz muy baja murmuró:
—Compórtate...
Cloys, que estaba ordenando unos alfileres, levantó una ceja.
—¿Decía algo?
—Nada.
[Necesito que mi cerebro deje de convertir a este hombre en el protagonista de una novela.]
Minutos después, el conde regresó con el traje puesto.
Selene levantó la vista...
Y volvió a arrepentirse inmediatamente.
[Qué elegante.]
[Qué hombros.]
[Qué...]
Sacudió mentalmente la cabeza.
[No.]
[Traje.]
[Mira el traje.]
Se acercó despacio.
Esta vez sin agujas en las manos.
Había aprendido la lección.
Comenzó a revisar el ajuste con absoluta concentración.
—¿Puede levantar los brazos?
Él obedeció.
—¿Siente tensión en los hombros?
—No.
—¿Inclínese un poco hacia adelante?
Lo hizo.
Ella observó cómo la tela seguía el movimiento sin deformarse.
Una sonrisa satisfecha apareció en su rostro.
[¡Funcionó!]
El conde también pareció notarlo.
Movió los brazos varias veces.
Después giró el torso.
Incluso simuló sacar una de las armas ocultas.
Todo resultaba natural.
Cómodo.
Silencioso.
Selene tomó algunas notas.
Aunque, de vez en cuando, su mirada escapaba hacia el rostro del conde.
[Hasta cuando está concentrado parece gruñón.]
[Es impresionante.]
El conde la sorprendió observándolo.
—¿Hay algún problema?
Ella sonrió con inocencia.
—Ninguno. Solo estaba comprobando...
Hizo una pausa.
⸺...la armonía general del conjunto.
[Qué buena improvisación.]
El conde asintió sin cuestionarlo.
Y Selene respiró aliviada.
[Por poco.]
[Por muy guapo que sea...]
[Tengo que recordar que vine a entregar un traje.]
[Aunque...]
Una sonrisa traviesa apareció apenas un instante en la comisura de sus labios.
[Trabajar con clientes tan interesantes hace que diseñar sea mucho más entretenido.]
El conde volvió a mover los hombros.
Después flexionó los brazos.
Finalmente asintió.
—Las modificaciones son mínimas.
Selene sonrió satisfecha.
—Eso significa que las medidas fueron correctas desde el principio.
Se acercó al traje con una pequeña caja de costura.
Solo había que ajustar una costura del hombro, reforzar discretamente uno de los compartimientos interiores y modificar apenas el largo de una manga.
Nada complicado.
—Si me permite unos minutos...
El conde hizo un gesto afirmativo.
Selene tomó asiento cerca de la ventana.
Concentrada por completo, comenzó a coser.
La habitación quedó en silencio.
Solo se escuchaba el sonido de la aguja atravesando la tela.
El conde permaneció de pie observándola unos segundos.
[¿No piensa irse?]
Esperó un poco más.
Ella seguía cosiendo.
Con el ceño ligeramente fruncido.
Murmurando para sí.
—Dos puntadas más...
[No, tres.]
[Mejor cuatro.]
[Así durará mucho más.]
[Despues las muchachas lo reforzaran y harán esas costuras que parecen invisibles]
Oliver terminó por acercarse.
—Señorita Drack.
—¿Sí?
—¿Cuánto tardará?
—Muy poco. Cinco... quizá diez minutos.
Él asintió con rigidez.
[Diez minutos.]
[Bien.]
Pasaron otros dos.
Selene seguía completamente inmersa en el trabajo.
Parecía haberse olvidado de que estaba en la mansión de otra persona.
El conde respiró despacio.
Luego, con un tono donde el sarcasmo era bastante evidente, preguntó..
—¿Desea algo más?
Selene levantó apenas la cabeza.
—¿Perdón?
—Quizá quiera que también le ofrezca té. O algo de comer.
Oliver estaba convencido de que cualquier persona entendería la indirecta.
"Ya terminó."
"Puede retirarse cuando guste."
Pero había cometido un grave error.
Subestimar la capacidad de Selene para no detectar el sarcasmo.
Sus ojos se iluminaron.
—¿De verdad?
El conde sintió un muy mal presentimiento.
—Es que...
—¡Muchas gracias!
Sonrió con absoluta sinceridad.
—Un té estaría perfecto, por favor.
Oliver permaneció inmóvil.
Selene ya había vuelto a concentrarse en la manga del traje.
—Con un poco de suerte termino antes de que llegue.
[Qué amable.]
[Con esa cara nunca habría imaginado que ofrecería té.]
El conde sintió que uno de sus ojos daba un leve tic.
Apretó la mandíbula.
Luego los puños.
Esperó.
Uno.
Dos.
Tres segundos.
[Entiéndelo.]
[Vamos.]
[Era sarcasmo.]
[No estaba hablando en serio]
Selene seguía cosiendo.
Sin levantar la vista.
Tarareando muy bajito.
Oliver comprendió, con una mezcla de resignación e incredulidad, que aquella joven realmente esperaba el té.
Y que, muy probablemente...
No pensaba marcharse hasta beberlo.
Exhaló lentamente por la nariz.
[¿Cómo puede existir alguien así?]
Finalmente abrió la puerta.
—Mayordomo.
El hombre apareció casi de inmediato.
—¿Sí, mi señor?
Oliver habló con los dientes apenas apretados.
—Sirvan el té.
Hizo una breve pausa.
—Y algo para acompañarlo.
—Enseguida.
Cuando el mayordomo se retiró, el conde volvió al salón.
Selene levantó la vista y le dedicó una sonrisa tan agradecida que, por un instante, él olvidó incluso por qué estaba irritado.
—Muchas gracias. De verdad.
Oliver hizo un escueto gesto con la cabeza.
—No tiene importancia.
[La tiene.]
[Mucha.]
Él solo quería que ella se fuera.
Mientras tanto, Selene terminó la última puntada.
Cortó el hilo.
Observó el resultado.
Y sonrió satisfecha.
—Ahora sí. Perfecto.. Solo debe probárselo con las nuevas modificaciones
Justo en ese momento entró un sirviente empujando un pequeño carrito.
Sobre él había una elegante tetera de porcelana, dos tazas y una bandeja con pequeños bocados dulces y salados.
Selene abrió los ojos con auténtica sorpresa.
—¡Qué bien se ve todo!
Oliver la observó de reojo.
[¿Está feliz por el té...]
[...o por la comida?]
Como si hubiera escuchado sus pensamientos, Selene sonrió con total naturalidad.
—Trabajar con el estómago vacío nunca da buenos resultados.
El conde cerró los ojos un instante.
Muy despacio.
Después tomó asiento frente a ella.
Si iba a quedarse hasta terminar el té...
Al menos se aseguraría de que no encontrara otra excusa para sacar la aguja de nuevo.
😭😭😭😭😭 y más cuando Oliver al verla sonrío y le dijo que su esposa era la mas bella de todo el reino 🥰🥰🥰😍😍😍