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Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Soy Madre Del Futuro Héroe 2

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Embarazo no planeado / Mujer poderosa
Popularitas:604
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los documentos PARTE 2

La profecía original tenía tres partes.

La versión que había circulado públicamente — la que Julius validó, la que el Templo del Norte había publicado, la que el Emperador había intentado desacreditar — contenía solo la primera.

De la unión no elegida nacerá el que romperá las cadenas del Imperio. La madre de ojos rojos lo llevará. Pero primero la madre deberá romperse a sí misma.

Ren la conocía de memoria.

La segunda parte era la que no existía en ningún archivo público.

La leyó dos veces antes de levantarse completamente del texto.

Y luego la leyó una tercera vez porque la segunda no había sido suficiente para que su mente terminara de procesar lo que decía.

El que rompa las cadenas no llegará al umbral sin la sombra que lo precede. La sombra es el padre — no el padre del Imperio sino el padre que eligió diferente. Dos caminos tendrá el padre: el que siguió siempre, que lleva al hijo sin madre, o el nuevo, que cuesta más de lo que el padre puede calcular antes de pagarlo. El hijo que nace del camino nuevo no romperá las cadenas con odio. Las romperá con lo que su madre le enseñó.

Ren miró el cuaderno.

Miró a Kael.

Kael estaba leyendo la misma sección. Su expresión era completamente quieta — la quietud de siempre, la que Ren conocía en todos sus bordes, pero con una profundidad diferente que ella identificó como el procesamiento de algo demasiado grande para la velocidad normal.

—El padre que eligió diferente —dijo Kael, sin apartar los ojos del cuaderno.

—Sí —dijo Ren.

—Hay dos caminos para el padre —dijo Kael, todavía en ese tono bajo.

—Sí.

—El que siguió siempre lleva al hijo sin madre.

Ren no respondió. No era necesario.

Kael cerró el cuaderno.

Lo depositó sobre la mesa con el cuidado específico de quien maneja algo que no quiere que se rompa.

Y luego se quedó mirando el cuaderno cerrado durante un momento que Ren no interrumpió porque algunas cosas necesitan el tiempo que necesitan.

«Él entiende», pensó Ren. «Entiende que la profecía no es solo sobre el bebé. Es sobre él. Sobre qué tipo de padre elige ser. Sobre el hecho de que hay una versión de esta historia donde él no elige diferente y el bebé crece sin madre.»

«Y entiende que esa versión existió como posibilidad real hasta que algo — o alguien — la cambió.»

Elara entró en ese momento con el té.

Miró a los dos.

Dejó las tazas sobre la mesa.

—¿Llegaron a la segunda parte? —dijo.

—Sí —dijo Ren.

—¿Y la tercera? —dijo Elara.

Ren la miró.

«La tercera», pensó. «Hay una tercera parte.»

—Todavía no —dijo Ren.

Elara señaló el cuaderno que Kael había cerrado.

—Las últimas ocho páginas —dijo Elara—. Las dejé para el final porque son las que más me costó copiar. —Hizo una pausa—. Y porque no estaba segura de que debiera copiarlas.

—¿Por qué? —dijo Kael.

Elara lo miró directamente.

—Porque —dijo — la tercera parte nombra personas específicas.

El salón estuvo completamente quieto.

Sophia se movió junto a la puerta — el movimiento mínimo de alguien que acaba de recibir información que reorganiza algo.

—¿Qué tipo de personas? —dijo Ren.

—Las que harán posible o imposible el camino nuevo —dijo Elara—. No con sus nombres completos. Con descripciones. —Una pausa—. Pero suficientemente específicas para que quien las lea pueda identificarlas.

Kael tomó el cuaderno de nuevo.

Lo abrió en las últimas ocho páginas.

Ren se acercó para leer junto a él.

Y mientras leían, el té de Elara enfriaba sobre la mesa y el bosque del norte estaba quieto afuera y el bebé de veinticuatro semanas se movía con sus opiniones propias, ajeno completamente a que su historia — la que existiría en el futuro — estaba siendo leída en el presente por las personas que la estaban construyendo.

La tercera parte decía:

Siete serán los que sostengan el umbral para que el camino nuevo sea posible. La que llegó de donde no se llega y sabe lo que cuesta empezar de cero. El que aprendió a ser instrumento y eligió aprender a ser persona. El que tiene quince años de paciencia y una pérdida que no pidió perdón pero que eligió entender. El de los ojos que ven lo que nadie pide que vea. El que llegó de otro cielo y pagó el precio de mirar hacia adelante. La que cuida sin ser pedida y lleva en la mano la marca de lo que prometió. Y el séptimo que todavía no llegó pero que llegará cuando el umbral lo necesite.

Ren leyó eso.

Y luego miró a Kael.

Kael la miraba a ella.

Los dos procesando lo mismo — identificando sin dificultad a seis de los siete.

La que llegó de donde no se llega. Ren.

El que aprendió a ser instrumento y eligió aprender a ser persona. Kael.

El que tiene quince años de paciencia y una pérdida. Caelan.

El de los ojos que ven lo que nadie pide que vea. Dracon.

El que llegó de otro cielo y pagó el precio de mirar hacia adelante. Julius.

La que cuida sin ser pedida y lleva en la mano la marca de lo que prometió. Sophia. La cicatriz de la mano derecha. La promesa a Lira.

Y el séptimo que todavía no llegó.

—¿Quién es el séptimo? —dijo Ren, en voz baja.

—No lo sé —dijo Elara, desde su silla—. Llevo años preguntándomelo.

Kael miraba la página con esa quietud de siempre.

—Llegará cuando el umbral lo necesite —leyó Kael, citando la última línea.

—Sí —dijo Elara.

El salón estuvo en silencio durante un momento largo.

Y luego Elara dijo, con la naturalidad de quien entrega la última cosa:

—Hay un sexto cuaderno.

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