Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.
Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.
Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.
El problema es que Josué no es un villano.
Tiene muy mala suerte.
Aunque, siendo honestos...
ya está cansado de intentar explicarlo.
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Capítulo 17: La Exposición
El sábado por la mañana, el vestíbulo del Residencial Horizonte 9 estaba más animado de lo normal.
Clara, la administradora, había colocado un gran cartel junto al ascensor.
"Exposición de Arte Comunitaria. Domingo, 5:00 p. m. ¡Todos están invitados!"
La idea era sencilla: cualquier vecino que tuviera un talento podía mostrarlo.
Fotografía.
Pintura.
Escultura.
Artesanías.
Lo importante era compartir.
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Aileen leyó el cartel mientras regresaba de comprar café.
Sonrió.
Le encantaban las exposiciones.
Pero también sabía que mostrar sus dibujos significaba exponerse a las opiniones de todos.
Y eso siempre la ponía nerviosa.
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—Tal vez este año no participe... —murmuró.
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—¿No vas a hacerlo?
La voz de Josué la hizo dar un pequeño salto.
—¡No me asustes!
—Perdón.
Solo vi que estabas viendo el cartel.
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Él leyó el anuncio.
—¿Tú dibujas, verdad?
Aileen asintió.
—Desde pequeña.
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—Entonces deberías participar.
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Ella bajó la mirada.
—No creo que mis dibujos sean tan buenos.
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Josué negó con la cabeza.
—El festival me enseñó una cosa.
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—¿Cuál?
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—Cuando hablas de dibujar, sonríes sin darte cuenta.
Las personas que hacen algo con esa pasión merecen mostrarlo.
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Aileen sintió un ligero calor en las mejillas.
—Hablas demasiado bonito.
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—No era mi intención.
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Ella sonrió.
—Lo pensaré.
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Desde la recepción...
Doña Milagros observaba la escena con una taza de café en la mano.
Esta vez no llevaba binoculares.
—Marta...
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—¿Sí?
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—Creo que el muchacho tiene talento.
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—¿Para qué?
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—Para decir exactamente lo que una mujer necesita escuchar.
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Marta soltó una risa.
—Eso se llama ser amable.
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Por la tarde...
Aileen entró a su estudio.
Abrió la carpeta donde guardaba sus mejores ilustraciones.
Paisajes.
Retratos.
Ciudades.
Animales.
Y, al final...
El retrato de Josué.
Lo observó durante unos segundos.
—Definitivamente este no puede ir.
Lo guardó de nuevo y eligió tres dibujos diferentes.
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Mientras tanto, Josué ayudaba a Don Aurelio a mover unas mesas al salón comunitario.
—¿Nunca has participado? —preguntó el anciano.
—No tengo ningún talento artístico.
Don Aurelio sonrió.
—Te equivocas.
Todos tenemos uno.
Solo tardamos distinto en descubrirlo.
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Josué pensó en esas palabras mientras acomodaba las sillas.
Quizá el anciano tenía razón.
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Al día siguiente, el salón estaba lleno de vecinos.
Había fotografías de paisajes.
Cuadros pintados a mano.
Figuras de madera.
Incluso una colección de plantas exóticas de Patricia.
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Cuando llegó el turno de Aileen...
Respiró profundamente.
Colocó sus ilustraciones sobre un caballete.
Los vecinos comenzaron a acercarse.
—¡Qué bonitas!
—Parece un libro ilustrado.
—Tiene muchísimo talento.
Los elogios no tardaron en aparecer.
Aileen sonrió con timidez.
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Josué observaba desde el fondo del salón.
Se alegró al verla feliz.
Entonces Clara se acercó a él.
—¿Te gustan?
—Mucho.
Tiene un talento increíble.
Clara sonrió con picardía.
—Eso no es todo lo que dibuja.
Antes de que Josué pudiera preguntar a qué se refería...
Clara cambió de tema y se alejó.
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Él frunció el ceño.
—Qué comentario tan raro...
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A pocos metros, Doña Milagros había escuchado la conversación.
Sus ojos se abrieron.
—¿"Eso no es todo lo que dibuja"...?
Miró a Marta.
—Necesito saber qué quiso decir.
Marta soltó un suspiro resignado.
—Milagros...
Prométeme que no vas a revisar el apartamento de la muchacha.
—¡Claro que no!
...Aunque la curiosidad la estaba matando.
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La exposición terminó con aplausos.
Antes de irse, Josué se acercó a Aileen.
—Te dije que debías participar.
Ella sonrió.
—Gracias por convencerme.
Si no fuera por ti, mis dibujos seguirían escondidos en una carpeta.
—Sería una pena.
El talento no debería esconderse.
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Aileen bajó la mirada para ocultar una sonrisa.
Cada día le resultaba más difícil pensar que Josué era el hombre sospechoso del que todos hablaban.
Cada día...
Le parecía simplemente un buen vecino.
Y quizás...
Algo más.
Muy bueno!