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Renacida Para La Venganza

Renacida Para La Venganza

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Venganza / Traiciones y engaños
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Andres

Tras ser traicionada y asesinada por su esposo, Valeria renace tres años en el pasado armada con el conocimiento del futuro para destruir a sus enemigos y construir un imperio financiero imparable.

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El Despertar del Fénix Negro

La ciudad no dormía, pero sus sombras se habían vuelto más densas. Valeria caminaba por el distrito de los mercados antiguos, vestida con una gabardina negra y una gorra que ocultaba sus rasgos. A su lado, Adrián Thorne mantenía una mano en el bolsillo de su chaqueta, donde el mango de su bastón táctico estaba listo para entrar en acción. No eran los magnates que el mundo veía en las portadas; eran fantasmas en su propio territorio.

—Sebastián informa que la Torre Soler ha sido ocupada oficialmente por una "administración provisional" nombrada por el Círculo —susurró Adrián—. Han borrado tu nombre de los directorios. Para el mundo exterior, Valeria Soler ha huido con los fondos de la empresa.

—Que crean lo que quieran —respondió Valeria, doblando por un callejón que olía a humedad y a cables quemados—. El nombre en la puerta no es el que tiene el poder. El poder está en lo que no pueden ver.

Se detuvieron frente a una puerta de metal oxidado que parecía pertenecer a un taller de reparación de electrodomésticos. Un letrero de neón parpadeante decía: *El Alquimista - Reparaciones de todo tipo*.

Valeria llamó con un código rítmico que su madre le había enseñado en la villa de Amalfi. Unos segundos después, una cámara de seguridad oculta en un tubo de ventilación se movió, enfocando el relicario que Valeria dejó brillar por un instante.

La puerta se abrió con un silbido neumático. Entraron en un espacio que era una contradicción visual: por fuera un taller mugriento, por dentro un búnker tecnológico de última generación. Paredes cubiertas de servidores, pantallas proyectando flujos de datos globales y un joven de unos treinta años, con el cabello teñido de azul eléctrico y múltiples piercings, sentado en una silla ergonómica rodeada de teclados.

—Vaya, vaya... —dijo el joven, sin apartar la vista de una pantalla que mostraba el tráfico de red de la Interpol—. La Reina de Hielo en persona. Pensé que estarías bebiendo Prosecco en Italia mientras el mundo se quema.

—Orión —dijo Valeria, acercándose—. Necesito el proyector. Y necesito saber dónde está Julián.

Orión soltó una carcajada y giró su silla. —Julián Reyes. Tu ex-marido favorito ha sido el hombre más ocupado de la ciudad desde que el Círculo lo sacó de la "Suite Presidencial" en la cárcel. Le han dado un equipo de limpieza, un presupuesto ilimitado y una sola orden: encontrarte y traerte tu cabeza en una bandeja de plata... o al menos el relicario.

—¿Dónde está ahora? —preguntó Adrián, con una voz que hizo que Orión se pusiera serio de repente.

—Está usando los viejos túneles del metro para moverse —dijo Orión, tecleando rápidamente—. El Círculo le ha dado acceso a los sistemas de vigilancia de la ciudad que ni siquiera la policía conoce. Julián no es el mismo hombre patético que dejaste en la gala, Valeria. Ahora es un animal con una correa de oro, y tiene mucha hambre de venganza.

Orión pulsó un botón y un holograma apareció en el centro de la sala. Era un mapa de la ciudad, con puntos rojos moviéndose como hormigas.

—Esa es la red de vigilancia de Julián —explicó Orión—. Está buscando tu firma térmica y la del relicario. Si lo llevas encendido, te encontrará en cuestión de minutos.

—Por eso estoy aquí —dijo Valeria—. Necesito el proyector de interferencias que mi madre diseñó. Y necesito que me ayudes a infiltrarme en el servidor central del Ministerio de Justicia.

—¿Justicia? —Orión arqueó una ceja—. ¿Vas a entregarte?

—Voy a liberar la orden de captura de Julián por delitos internacionales que el Círculo ha estado ocultando. Si la policía cree que Julián es un terrorista global, su protección del Círculo se volverá una carga demasiado pesada.

Valeria se sentó frente a una de las terminales. Sus dedos, antes acostumbrados a firmar cheques de millones, ahora se movían con una agilidad sorprendente sobre las teclas. Su conocimiento del futuro le daba una ventaja injusta: recordaba los códigos de acceso de emergencia que el gobierno implementaría en 2026 tras el gran apagón. En este tiempo, esos códigos ya existían, pero nadie los usaba.

—¡Espera! —gritó Orión, mirando la pantalla de Valeria—. ¿Cómo has entrado en el Núcleo 7? ¡Ese cortafuegos es impenetrable!

—No es impenetrable si sabes que el programador dejó una puerta trasera abierta para su amante —respondió Valeria sin distraerse—. Orión, prepárame el proyector. Adrián, vigila la puerta. Siento que el aire se está volviendo pesado.

Adrián asintió y se colocó cerca de la salida, con su bastón táctico en posición. Su intuición, forjada en años de competencia despiadada, le decía que el cazador ya estaba cerca.

De repente, una alarma silenciosa empezó a parpadear en la consola de Orión. —¡Maldita sea! ¡Un dron de vigilancia de alta frecuencia está sobre el edificio! ¡Nos han encontrado!

—No ha sido un error, Orión —dijo Valeria, terminando de teclear—. Yo quería que nos encontraran. Pero solo a medias.

Valeria tomó un pequeño dispositivo que Orión le entregó —el proyector—. Lo activó y lo colocó sobre el servidor central. De repente, la señal térmica del edificio se multiplicó por cien, proyectando imágenes fantasmas de Valeria por todo el distrito.

En el exterior, el sonido de las hélices de un dron pesado resonó en el callejón. Una voz amplificada mecánicamente llenó el aire.

—*Valeria Soler... sabemos que estás ahí. Sal con las manos en alto y el relicario a la vista. No hagas que esto sea más doloroso de lo necesario.*

Era la voz de Julián. Pero era diferente. Más ronca, cargada de una maldad pura que ya no intentaba esconderse tras el encanto corporativo.

—Julián... —murmuró Valeria, con una sonrisa que era una promesa de muerte—. Siempre tan puntual para tu propia destrucción.

—¡Están rompiendo la puerta! —gritó Adrián.

Un estruendo sacudió el búnker. La puerta de metal voló hacia adentro, arrancada de sus goznes por una carga explosiva. Tres hombres de negro, con máscaras de gas y rifles de asalto, entraron en formación de cuña.

Adrián reaccionó al instante. Usó su bastón para desviar el primer disparo y, con un movimiento cegador, golpeó al primer atacante en el cuello, enviándolo al suelo con un espasmo eléctrico. Los otros dos abrieron fuego, pero el búnker de Orión estaba diseñado con paneles de kevlar ocultos.

Valeria no se movió de su sitio. —¡Orión, activa el protocolo 'Espejo'!

Orión pulsó una tecla y las luces del taller se convirtieron en un estroboscopio frenético, mientras múltiples hologramas de Valeria y Adrián aparecían y desaparecían por toda la sala. Los atacantes, confundidos, empezaron a disparar a las sombras.

Valeria se levantó, sacó una pequeña pistola de pulsos de su gabardina —un prototipo de Aether Neural— y disparó al sistema de ventilación. Una nube de gas paralizante inundó la sala.

—¡Nosotros tenemos los filtros! —gritó Adrián, colocándose su máscara.

En medio del caos, una figura entró caminando lentamente a través del gas. No llevaba máscara. Su rostro estaba parcialmente cubierto por una cicatriz que Valeria no recordaba, y sus ojos brillaban con una locura maníaca. Era Julián Reyes. Pero su piel tenía un tono grisáceo y sus movimientos eran demasiado rápidos, demasiado fluidos.

—Valeria... —dijo Julián, ignorando los disparos y el gas como si no existieran—. Me has hecho mucho daño. Me quitaste mi dinero, mi estatus, mi dignidad. Pero el Círculo me ha dado algo mejor. Me ha dado... evolución.

Julián se lanzó hacia ella con una velocidad sobrehumana. Adrián intentó interceptarlo, pero Julián lo golpeó con una fuerza que lo lanzó contra los servidores, rompiendo el cristal templado.

Valeria disparó su pulso, pero Julián lo esquivó con un movimiento casi animal. La tomó por el cuello y la levantó del suelo, su mano apretando con una fuerza metálica.

—Dame el relicario, Valeria —siseó Julián, su rostro a pocos centímetros del de ella—. Dame la Llave y tal vez te deje vivir para ver cómo quemo tu preciosa ciudad.

Valeria, casi sin aire, sonrió. —Julián... —susurró—. ¿De verdad crees... que el Círculo... te dio evolución? Solo te dieron... una fecha de caducidad.

Valeria activó una pequeña carga estática en su reloj, el mismo que estaba conectado al relicario. Una descarga de 50,000 voltios recorrió el cuerpo de Julián. Él gritó, soltándola mientras su sistema nervioso —evidentemente modificado por implantes del Círculo— entraba en cortocircuito.

—¡Ahora, Adrián! —gritó Valeria.

Adrián, recuperándose del golpe, activó la carga máxima de su bastón y la clavó en la espalda de Julián. El estallido de energía fue tan potente que las luces del taller se fundieron por completo.

Julián cayó al suelo, convulsionando, mientras chispas salían de sus implantes oculares. No estaba muerto, pero su "evolución" se había convertido en su prisión.

—Vámonos —dijo Valeria, tomando el proyector y una unidad de datos que Orión le tendía—. Esto solo ha sido la avanzadilla. Marcus Thorne estará aquí en cualquier momento.

Salieron del búnker por una salida de emergencia que conectaba con el alcantarillado. Mientras corregían su rumbo por las entrañas de la ciudad, Valeria miró a Adrián.

—¿Estás bien? —preguntó ella, viendo la sangre en su frente.

—Sobreviviré —respondió él, respirando con dificultad—. Pero Valeria... lo que le han hecho a Julián... eso no era tecnología de este siglo. El Círculo está mucho más avanzado de lo que pensábamos.

—Lo sé —dijo Valeria, apretando el relicario—. Por eso tenemos que despertar a mi padre. Él es el único que sabe cómo apagar a esos monstruos.

Llegaron a la superficie en una zona industrial abandonada. El aire de la mañana empezaba a aclarar el cielo. Valeria miró el proyector en su mano. Tenían los datos, tenían la llave, y ahora tenían la prueba de que el Círculo estaba usando a humanos como ratas de laboratorio.

El fénix negro había despertado. Y su primer acto de justicia no sería corporativo, sino una purga de la tecnología corrompida que amenazaba con devorar al mundo.

—Siguiente parada: el antiguo laboratorio de mi padre en la universidad —dijo Valeria—. Es hora de hacer una llamada al pasado.

En las sombras del callejón, Marcus Thorne observaba los restos del búnker de Orión. No estaba enfadado por el fracaso de Julián. Al contrario, una pequeña sonrisa apareció en su rostro marcado por la guerra.

—Interesante... —murmuró Marcus—. La niña tiene colmillos. Esto va a ser mucho más divertido de lo que pensaba el Círculo.

Marcus tomó su radio. —Sigan al objetivo. Pero no intervengan. Quiero ver hasta dónde es capaz de llegar el Fénix antes de cortarle las alas.

Continuará...

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