Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
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Capitulo 23
El café estaba tranquilo.
Carolina tenía su cuaderno sobre la mesa mientras Luis la observaba con atención, intentando seguir el ritmo de su explicación.
—Mira… —dijo ella, señalando una página—. En Gestión Estratégica, todo parte del análisis interno y externo de la empresa. Si no entiendes eso, lo demás se complica.
Luis asintió.
—Ahora tiene sentido… contigo explicando, todo parece más fácil.
Carolina sonrió levemente.
—No es difícil… solo hay que organizar las ideas.
Pasaron varios minutos repasando conceptos, hasta que finalmente ella cerró el cuaderno.
—Listo. Con esto deberías poder ponerte al día.
Luis la miró… pero ya no parecía concentrado en los apuntes.
—Gracias… de verdad.
Hubo un pequeño silencio.
—Carolina… —dijo de pronto—. Es una lástima que estés casada.
Ella se tensó apenas.
—Luis…
—Lo digo en serio —continuó él—. Me gustas. Desde hace tiempo.
Carolina sostuvo su mirada, con calma.
—Podríamos ser amigos.
Luis sonrió, aunque había un dejo de decepción.
—Me parece bien… ese hombre ha de quererte mucho.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué lo dices?
—Por la forma en que te sacó del antro aquel día… —respondió—. No parecía alguien indiferente.
Carolina no respondió.
—Te llevo a casa, —añadió Luis—. Me queda de paso.
—No es necesario…
—Vamos, amiga tomamos nuestra última clase del día y nos vamos.
Carolina dudó.
Y finalmente asintió.
—Está bien.
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Luis Medina.
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Mientras tanto…
En su oficina, Benjamín miraba el reloj por tercera vez.
No lograba concentrarse.
Los documentos frente a él parecían irrelevantes.
Algo lo inquietaba.
Algo que no podía explicar.
La hora de salida de la universidad se acercaba.
Y sin pensarlo demasiado…
Tomó las llaves de su auto.
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Carolina y Luis caminaban hacia el estacionamiento.
Ella reía por algo que él acababa de decir.
Una risa natural.
Genuina.
Y fue justo eso…
Lo que Benjamín vio.
Desde su auto.
Sus manos se tensaron sobre el volante.
La mandíbula se le marcó.
Nunca me ha sonreído así…
El pensamiento fue inmediato.
Irracional.
Pero real.
Sin pensarlo más, abrió la puerta del auto y salió.
Caminó directo hacia ellos.
Firme.
Decidido.
Carolina lo vio acercarse… y su expresión cambió.
—Benjamín…
Pero él no se detuvo.
—Amor —dijo, con una voz perfectamente controlada—. Vine por ti.
Y antes de que ella pudiera reaccionar…
La tomó del rostro.
Y la besó.
Un beso profundo.
Dominante.
Sin pedir permiso.
Sin espacio para dudas.
Carolina se tensó al inicio, sorprendida por la intensidad… por la forma en que la sujetaba, como si necesitara demostrar algo.
Como si necesitara marcar territorio.
Pero el contacto…
El calor…
La cercanía…
Despertaron algo en ella que no pudo ignorar.
Por un segundo…
Respondió.
El mundo a su alrededor desapareció.
Hasta que el momento se rompió.
Benjamín se separó lentamente.
Sus ojos se clavaron en los de ella… y luego en Luis.
—Gracias por cuidar de mi esposa —dijo, con un tono educado… pero cargado de advertencia.
Luis levantó las manos ligeramente.
—No hay problema.
Carolina apenas podía ordenar sus pensamientos.
—Vámonos —murmuró Benjamín, tomando su mano.
Y esta vez…
Ella no se resistió.
Pero tampoco entendía…
Por qué ese beso…
Había sido tan real.
......................
El ambiente dentro del auto era pesado.
Apenas la puerta se cerró, Carolina giró hacia él, conteniendo la molestia que le quemaba por dentro.
—¿Me puedes explicar qué fue eso?
Benjamín encendió el motor sin mirarla.
—Nadie se acerca a lo que es mío.
Carolina abrió los ojos con incredulidad.
—Eres un idiota —espetó—. No soy un objeto.
Él apretó el volante.
—Eres mi esposa. Eso te hace mía.
Ella soltó una risa amarga.
—¿Ah, sí? ¿Y desde cuándo te importa eso?
Benjamín giró finalmente el rostro hacia ella, con la mirada endurecida.
—¿Por qué le sonreías tanto? —preguntó—. ¿Acaso te interesa?
Carolina lo miró fijamente.
—¿Y a ti qué te importa? —respondió con frialdad—. Nuestro matrimonio es un acuerdo entre nuestros padres, no una historia de amor.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Benjamín volvió la vista al frente.
Su mandíbula se tensó.
—No te quiero cerca de ese tipo —dijo finalmente—. Se acabó la discusión.
Carolina bufó.
—No puedes darme órdenes como si…
—Hoy debemos asistir a una cena importante —la interrumpió él, cortante—. Iremos a casa, nos prepararemos… y punto.
Y no dijo más.
El resto del camino transcurrió en silencio.
Un silencio incómodo.
Cargado de todo lo que ninguno estaba dispuesto a admitir.
Carolina, mirando por la ventana.
Benjamín, concentrado en la carretera… o al menos eso aparentaba.
Porque en su mente…
La imagen de ella sonriendo con otro hombre no dejaba de repetirse.
Cuando el auto se detuvo frente a la casa, el silencio seguía intacto.
Benjamín apagó el motor.
Giró levemente el rostro…
Y la vio.
Carolina se había quedado dormida.
Su cabeza recostada hacia un lado.
El ceño relajado.
La respiración tranquila.
Por primera vez …
No parecía estar a la defensiva.
No parecía discutir.
No parecía huir de él.
Solo… estaba.
Hermosa.
Demasiado.
Benjamín la observó unos segundos más de lo necesario.
Su mirada se suavizó apenas.
Levantó la mano… dudando un instante.
Pero finalmente lo hizo.
Con cuidado, apartó un mechón de cabello de su frente.
Rozó su piel.
Suave.
Casi con reverencia.
Y algo en su pecho… se movió.
Algo que no quería nombrar.
Suspiró.
—Eres muy complicada… —murmuró para sí mismo.
Salió del auto.
Rodeó el vehículo.
Y abrió la puerta del lado de Carolina.
Se inclinó ligeramente, dispuesto a cargarla.
Pero en ese momento…
Ella despertó.
Abrió los ojos de golpe, confundida.
—¿Qué haces?
Benjamín se quedó inmóvil un segundo.
—Solo… te quería ayudar.
Carolina se incorporó de inmediato, tomando distancia.
—Yo puedo sola, gracias.
El tono fue firme.
Frío.
Como si aquel pequeño gesto no hubiera significado nada.
Como si no hubiera pasado nada.
Benjamín asintió levemente.
Retrocediendo.
—Como quieras.
Carolina salió del auto sin mirarlo.
Acomodó su bolso.
Y caminó hacia la entrada de la casa.
Él la siguió unos pasos detrás.
Manteniendo la distancia.
Pero sin dejar de observarla.
Porque aunque lo negara…
Aunque intentara controlarlo…
Había algo en ella que ya no podía ignorar.
Y eso…
Era un gran problema.
y tu benjamín tienes 28 años y actúas como niño de 15 años ..
parace que no puedes agarrar el toro sobre los cuernos y decirle a Carolina que te gusta ..
que infantiles son los dos ...
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia