Esta vez, tratare de darles algunas ideas al final de cada capítulos espero que mi regreso y estas nueva novela les guste, ya que estuve ausente por temas personales y médicos, un abrazo y un saludo a todas mis seguidoras...
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17
El regreso de Valery al Imperio del Sol no pasó desapercibido.
En cuestión de horas, todo el palacio imperial sabía que la sobrina del emperador Sebastián Astor había regresado desde el Imperio Oscuro. Sin embargo, nadie conocía la verdadera razón de su visita, por lo que los rumores comenzaron a extenderse por los pasillos.
Esa misma noche, una gran cena fue preparada en el salón imperial.
Valery observó la enorme mesa mientras los sirvientes colocaban los últimos platillos. Hacía mucho tiempo que no compartía una comida con su familia.
Las puertas se abrieron lentamente.
El primero en entrar fue el emperador Sebastián Astor, un hombre de presencia imponente, cabello castaño con algunas canas y una mirada firme que inspiraba respeto.
Detrás de él apareció Hugo Astor, su hijo y heredero del Imperio del Sol.
—Sobrina... —dijo Sebastián con una sonrisa poco común en él.
Valery hizo una pequeña reverencia.
—Tío.
El emperador negó con la cabeza.
—Aquí no necesitas hacer eso.
Se acercó hasta ella y colocó una mano sobre su hombro.
—Ya sufriste demasiado como para seguir tratando a tu familia con tanta formalidad.
Valery sonrió con ternura.
Su madre fue la siguiente en abrazarla, mientras su padre simplemente observaba la escena con una expresión tranquila.
Cuando todos ocuparon sus lugares, comenzó la cena.
Durante varios minutos solo hablaron de recuerdos, de la infancia de Valery y de los cambios que había sufrido el reino desde su partida.
Fue Hugo quien rompió el silencio.
—¿Es verdad que el Emperador Tirano te trata bien?
Valery levantó la vista.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Mucho mejor de lo que cualquiera imaginaría.
Sebastián observó aquella reacción.
Era la primera vez que veía a su sobrina sonreír de aquella manera al hablar de alguien.
—Entonces... ¿eres feliz?
Valery no respondió enseguida.
Pensó en Valek.
En la forma en que sostuvo su mano frente al portal.
En la manera en que ocultó su tristeza para dejarla marchar.
Finalmente respondió.
—Sí.
Muy feliz.
Su madre sonrió al verla.
Mientras que Sebastián dejó escapar un leve suspiro.
—Entonces solo nos queda pedirte una cosa.
Todos dirigieron la mirada hacia él.
—Quédate aquí por un tiempo.
Hasta que todo se calme.
Nadie insistirá en que regreses al Imperio Oscuro.
Valery bajó la mirada.
—Eso mismo me pidió Valek.
—Entonces escucha a tu esposo.
La joven terminó aceptando con un movimiento de cabeza.
—Me quedaré.
Al menos hasta que todo termine.
Antes de retirarse a descansar, Valery abrió la ventana de la habitación que le habían preparado.
Las pequeñas hadas aparecieron casi de inmediato.
La ninfa del jardín permanecía sentada sobre una rama cercana.
—¿Necesitan algo, emperatriz? —preguntó una de las hadas.
Valery sonrió.
—Sí.
Quiero pedirles un favor.
Todas prestaron atención.
—Mientras permanezca aquí...
Quiero que cuiden esta habitación.
No permitan que nadie entre sin mi permiso.
Las hadas llevaron una mano al pecho.
—Así será.
La pequeña ninfa también inclinó la cabeza.
—Nadie cruzará esa puerta sin antes enfrentarse a nosotras.
Valery sonrió agradecida.
Por primera vez desde que llegó al Imperio del Sol sintió que realmente podría descansar.
Dos semanas pasaron rápidamente.
Pero en el Imperio Oscuro la situación empeoraba cada día.
Kael caminaba por los pasillos del palacio con evidente preocupación.
Desde que Valery se había marchado, Valek había cambiado por completo.
El emperador apenas dormía.
Salía todos los días a perseguir cualquier pista relacionada con los ataques.
Y cada sospechoso que era llevado ante él terminaba exactamente igual.
Muerto.
Kael cerró los ojos con cansancio.
Habían interrogado a mercenarios, magos, espías, comerciantes e incluso nobles.
Ninguno sabía quién estaba detrás de todo.
Mientras tanto...
Julián apenas había logrado escapar con vida del ataque al castillo.
Las heridas que Valek le había provocado todavía no cicatrizaban.
Uno de los ogros terminaba de vendar su costado cuando este golpeó la mesa con rabia.
—Maldito demonio...
Su respiración seguía siendo pesada.
Nunca antes alguien lo había dejado al borde de la muerte.
Pero ahora entendía algo.
Mientras Valery permaneciera lejos del castillo...
Valek sería mucho más peligroso.
En el Imperio del Sol.
Las cosas tampoco eran sencillas.
Valery caminaba tranquilamente por uno de los jardines acompañada por la pequeña ninfa, oculta entre las flores.
Sin embargo, al pasar cerca del pabellón principal, varias damas de la nobleza comenzaron a murmurar entre ellas.
—Es ella...
—La esposa del emperador asesino.
—Dicen que la regresó porque ya se cansó de ella.
—Seguro la rechazó.
—¿Quién soportaría vivir con un monstruo como ese?
Valery continuó caminando.
Intentó ignorarlas.
Sabía perfectamente que aquellas palabras nacían de la ignorancia.
Pero las mujeres siguieron hablando.
—Pobre.
Creyó que un emperador se enamoraría de una simple humana.
Una risa burlona se escuchó entre el grupo.
Fue entonces cuando una voz grave hizo callar a todas.
—Basta.
Las damas se giraron inmediatamente.
El emperador Sebastián Astor caminaba hacia ellas con paso firme.
Su sola presencia bastó para que varias inclinaran la cabeza.
El emperador observó una por una a las nobles.
—¿Quién de ustedes dijo que mi sobrina fue rechazada?
Nadie respondió.
—¿Nadie?
Su voz se endureció.
—Qué extraño.
Hace un momento todas parecían muy valientes.
Las mujeres comenzaron a bajar la mirada.
Sebastián dio un paso más.
—Escúchenme bien.
Mi sobrina no fue abandonada.
Ni rechazada.
Fue enviada aquí porque su esposo decidió protegerla.
Y conozco lo suficiente al emperador del Imperio Oscuro para saber que ese hombre sería capaz de incendiar el mundo antes que apartarla de su lado por voluntad propia.
Las damas permanecieron completamente en silencio.
—La próxima persona que vuelva a hablar con ligereza sobre la emperatriz Valery...
Responderá directamente ante mí.
La amenaza fue suficiente.
Las nobles hicieron una reverencia y se marcharon apresuradamente.
Sebastián esperó hasta que desaparecieron.
Después volvió la mirada hacia su sobrina.
Valery sonrió con un poco de vergüenza.
—No era necesario que las enfrentara.
El emperador soltó una pequeña risa.
—Claro que sí.
Se acercó y acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja de Valery.
—Mientras estés en este imperio...
Sigues siendo una Astor.
Y nadie...
Absolutamente nadie...
Tiene derecho a menospreciar a un miembro de mi familia.
Valery sintió un profundo calor en el pecho.
Era diferente al que sentía junto a Valek.
Pero igual de reconfortante.
Por primera vez en muchos años comprendió que, sin importar el imperio en el que estuviera...
Siempre tendría un lugar al que llamar hogar.
Sin saber que, al mismo tiempo, muy lejos de allí, un emperador cubierto de sangre seguía buscando sin descanso a la persona responsable de haber separado a su esposa de su lado... y estaba cada vez más cerca de descubrir una verdad que cambiaría el destino de ambos imperios.