Anna Marín muere a los 32 años con seis puñaladas en el pecho, asesinada por su hermanastra Mariana mientras su esposo Javier observa sin intervenir. Sus últimos pensamientos son de arrepentimiento: por amar demasiado, por callarse demasiado, por convertirse en invisible.
Pero cuando abre los ojos, está de vuelta dos años antes de su muerte.
Con todos los recuerdos intactos.
Anna sabe exactamente lo que viene: cómo Mariana manipulará a sus hijas gemelas para que la odien, cómo Javier la torturará durante meses para robarle la herencia de la abuela, cómo morirá sola en el mismo piso de mármol donde alguna vez creyó que construiría un hogar.
Esta vez no será la esposa sumisa que se arrastra por amor.
Esta vez será la Loba Blanca que todos temían en los tribunales.
Esta vez cada traidor pagará por adelantado.
Pero cambiar el futuro tiene un precio. Y Anna descubrirá que la venganza, aunque dulce, puede costarle lo único que aún le importa: el alma de la mujer que alguna vez fue.
Una histo
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CAPÍTULO 22
Mariana Vélez marca el número de Javier por quinta vez en dos días.
Buzón de voz.
Otra vez.
Deja el teléfono sobre el escritorio de su oficina en Grupo Rojas y se queda mirándolo como si el aparato fuera el culpable de todo lo que está saliendo mal. Javier no contesta. Javier no la busca. Javier ni siquiera la mira cuando se cruzan en los pasillos de la empresa.
Y todo es culpa de Anna.
Mariana lo sabe. Porque antes de que Anna apareciera otra vez Javier respondía sus llamadas. Antes de la gala, antes del anuncio del embarazo, antes de que esas malditas gemelas le gritaran en la cara, Javier todavía la buscaba.
Pero ahora no. Ahora Javier la evita como si fuera una enfermedad.
Esa misma tarde Mariana lo ve salir de su oficina. Camina rápido hacia él antes de que llegue al elevador.
—Javier.
Javier se detiene. No se voltea inmediatamente. Primero respira profundo como si estuviera preparándose para algo desagradable. Luego se voltea.
—Mariana.
—¿Por qué no contestas mis llamadas?
—He estado ocupado.
—Llevas dos días ocupado.
—Es una empresa, Mariana. Siempre hay trabajo.
Mariana da un paso hacia él. Javier da un paso atrás. Sutil. Casi imperceptible. Pero Mariana lo nota.
—¿Me estás evitando?
—No.
—Mentira.
Javier suspira. Se pasa la mano por el cabello.
—No es el momento para esto.
—¿Para qué? ¿Para hablar? ¿Para vernos? Somos pareja, Javier. Vamos a tener un hijo juntos.
Javier la mira con ojos que tienen algo que Mariana no vio antes. Algo que se parece al hastío.
—¿De verdad? —pregunta Javier con voz baja—. ¿De verdad vamos a tener un hijo, Mariana?
Mariana siente frío subir por su espalda.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que mandé a verificar ese certificado médico que mostraste en la gala.
El mundo de Mariana se detiene.
—¿Qué?
—El doctor Ramírez dice que nunca te vio. Que nunca firmó ese documento. Que alguien falsificó su firma.
Mariana abre la boca. La cierra. Busca algo que decir, pero no encuentra nada.
—Javier, yo...
—No me importa —interrumpe Javier—. No me importa si estás embarazada o no. No me importa si mentiste. No me importa nada de esto. Solo quiero que me dejes en paz.
—Javier, por favor...
—No —Javier levanta una mano—. No me busques. No me llames. No me acerques. Necesito espacio. Necesito pensar. Necesito... aire.
Y se va.
El elevador se abre. Javier entra. Las puertas se cierran antes de que Mariana pueda seguirlo.
Mariana se queda parada en el pasillo vacío con el corazón latiendo demasiado rápido y las manos temblando.
Javier sabe que mintió.
Javier la está evitando.
Javier no la quiere cerca.
Y todo, absolutamente todo, es culpa de Anna.
Esa noche Mariana se sienta en su apartamento con una copa de vino y el teléfono en la mano.
Mira los contactos. Pasa nombres. Algunos legales. Otros no tanto.
Se detiene en uno.
"El Fantasma."
Mariana conoció a El Fantasma hace tres años a través de un contacto que prefiere no recordar. Es un sicario profesional. El mejor en el negocio. Discreto. Eficiente. Sin preguntas.
Y caro.
Mariana marca el número. Contestan al segundo timbre.
—¿Sí? —dice una voz de hombre al otro lado. Voz ronca, sin acento identificable.
—Soy yo.
—¿Señorita Vélez?
—Necesito un trabajo.
—¿Qué tipo de trabajo?
—El tipo que no deja evidencia.
Silencio al otro lado. Luego:
—¿Dónde y cuándo?
—Todavía no lo sé. Pero pronto. Cinco días máximo.
—¿Objetivo?
—Leonardo Lin. CEO de Grupo Lin. Treinta y ocho años. Sale de su oficina todos los días a las siete de la tarde. Vive solo en un apartamento en la zona norte.
Más silencio. Mariana puede escuchar teclas de computadora del otro lado. El Fantasma está tomando notas.
—¿Método preferido? —pregunta El Fantasma.
—Algo que parezca accidente. Un asalto que salió mal. Un accidente de auto. Lo que sea. Solo que no pueda rastrearse a mí.
—Entendido. Mi tarifa es de doscientos mil.
Mariana no parpadea.
—Cien mil adelantado. Cien mil cuando el trabajo esté hecho.
—Aceptado. Te mando los datos de la cuenta.
—Una cosa más —dice Mariana—. Tiene que ser después de que salga de trabajar. Cuando esté solo. No quiero testigos.
—Nunca hay testigos cuando yo trabajo.
Cuelgan.
Mariana deja el teléfono sobre la mesa. Toma un sorbo de vino. Mira por la ventana hacia la ciudad que brilla abajo.
Y sonríe.
La lógica es simple. O al menos lo es para Mariana.
Leonardo está enamorado de Anna. Mariana lo vio en la gala. Lo vio en la manera en que Leonardo la miraba como si ella fuera lo único que importaba en el salón. En la manera en que bailaron tan cerca que Mariana sintió náuseas. En la manera en que él no se despegó de su lado en toda la noche protegiéndola como si Anna fuera algo frágil que necesitaba cuidado.
Y Javier mirándolos. Javier celoso. Javier furioso. Javier queriendo algo que ya no podía tener.
Eso es lo que Mariana no puede tolerar.
Porque mientras Leonardo esté vivo Anna tiene apoyo. Tiene a alguien que la protege. Tiene a alguien que la ama de la manera que Javier nunca la amó. Tiene a alguien que la hace brillar.
Y Javier lo ve. Javier lo siente. Javier quiere recuperarla.
Eso es inaceptable.
Si Leonardo muere Anna se queda sola. Sin apoyo. Sin protección. Sin el CEO poderoso que la defiende. Sin el hombre que la mira como si fuera perfecta. Y cuando Anna esté sola y vulnerable Mariana puede terminar lo que empezó.
Puede matarla. Como debió haberla matado hace años en vez de solo causarle el accidente que le hizo perder el primer bebé. En vez de intentar matar a la abuela y fallar. En vez de todos estos planes a medias que nunca funcionaron.
Esta vez será diferente. Esta vez no habrá errores. Esta vez no habrá forma de que Anna sobreviva. Esta vez Mariana se asegurará de que Anna esté muerta antes de irse del lugar.
Y cuando Anna muera todo volverá a ser como antes.
Javier dejará de evitarla. Javier dejará de pensar en Anna. Las gemelas dejarán de odiarla porque ya no habrá fantasma de madre perfecta con quien compararla. La abuela dejará de culparla porque ya no habrá Anna para cambiar testamentos.
Todo volverá a la normalidad. A como eran las cosas cuando Mariana controlaba todo.
Mariana se recuesta en el sofá. Cierra los ojos. Se permite imaginar el futuro.
Leonardo Lin muerto en un asalto que salió mal. Noticias en todos lados. Grupo Lin en crisis. Anna destruida de dolor porque perdió al único hombre que realmente la amó. Anna vulnerable. Anna bajando la guardia. Anna sola en su apartamento llorando sin saber que alguien está esperando en las sombras. Anna muerta.
Y Mariana consolando a Javier. Mariana siendo la única que entiende su dolor. Mariana recuperando todo lo que perdió.
Es retorcido. Lo sabe. Cualquiera que escuchara este plan diría que Mariana perdió la cordura. Que nada de esto tiene sentido. Que matar a dos personas no va a hacer que Javier la ame. Que nada de esto va a arreglar lo que está roto entre ellos. Que Javier nunca va a olvidar que ella mintió sobre el embarazo. Que las gemelas nunca van a perdonarla por intentar reemplazar a su madre.
Mariana está buscando control. Y venganza. Y la eliminación de todo lo que la amenaza.
Leonardo es una amenaza porque hace que Anna brille. Porque le da a Anna el poder de ser feliz sin Javier. Porque mientras Leonardo esté vivo Anna nunca va a caer.
Anna es una amenaza porque existe. Porque Javier la mira. Porque las gemelas la quieren. Porque la abuela la eligió. Porque incluso después de diez años siendo invisible Anna sigue siendo la única persona que Mariana nunca pudo eliminar completamente.
Y las amenazas se eliminan. Siempre. Sin excepción.
Mariana abre los ojos. Toma su teléfono. Manda la transferencia de cien mil pesos a la cuenta que El Fantasma le envió.
Luego borra el mensaje. Borra el contacto. Borra todo rastro de la conversación.
Y espera.
Cinco días.
En cinco días Leonardo Lin va a tener un accidente. Un accidente muy desafortunado del que no va a sobrevivir.
Y Anna va a quedarse sola.
Sola y vulnerable.
Exactamente como Mariana la necesita.
Al día siguiente Mariana entra a la oficina de Javier sin tocar.
Javier levanta la vista de su computadora. Frunce el ceño.
—¿Qué haces aquí?
—Necesitamos hablar.
—Te dije que necesitaba espacio.
—Y te estoy dando espacio. Pero necesito que sepas algo.
Javier suspira. Cierra la laptop.
—¿Qué?
Mariana camina hacia el escritorio. Se sienta en la silla frente a Javier. Lo mira directo a los ojos.
—Voy a arreglar esto.
—¿Arreglar qué?
—Todo. El embarazo falso. Anna. Las gemelas. Todo.
Javier la mira con algo cercano a la incredulidad.
—¿Cómo?
—No te preocupes por eso. Solo confía en mí.
—Mariana, no puedes...
—Sí puedo. Y lo voy a hacer. En cinco días todo va a cambiar. Anna va a desaparecer. Las gemelas van a entender que yo soy lo mejor que les pudo pasar. Y tú vas a volver a verme como me veías antes.
Javier se queda en silencio. Mira a Mariana como si estuviera viendo a una extraña.
—¿Qué estás planeando?
—Nada que debas saber.
—Mariana...
—Confía en mí —repite Mariana poniéndose de pie—. Solo dame cinco días. Y todo volverá a ser como antes.
Sale de la oficina antes de que Javier pueda responder. Javier se queda sentado en su silla mirando la puerta cerrada.
Y siente algo que no ha sentido en mucho tiempo. Miedo. Miedo de lo que Mariana es capaz de hacer. Miedo de que esta vez haya ido demasiado lejos. Miedo de que cuando todo explote ya sea demasiado tarde para detenerlo.
La verdad Javier no tiene una pizca de amor hacia sus hijas
Vamos a ver como se destruyen Javier y Mariana 😅😅