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REENCARNE EN UNA GORDITA DESPRECIADA.

REENCARNE EN UNA GORDITA DESPRECIADA.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:31.8k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone era ladrona, pistolera y la mujer más buscada al oeste del Mississippi. Murió con una bala en la espalda por culpa de un imbécil y un reloj de oro.
Despertó en el siglo XXI.
En un hospital. En un cuerpo que no era el suyo. Noventa kilos, papada, moretones en los brazos y un tubo metido por la nariz.
El cuerpo pertenecía a Emilia Montero: heredera de un imperio millonario, casada con un hombre que la despreciaba, traicionada por su mejor amiga, y recién salida de un coma después de que alguien intentara matarla y lo hiciera parecer un suicidio.
Emilia se fue.
Lo que despertó en su lugar es mucho peor.
Cassidy no sabe usar un teléfono, no entiende qué es un EBITDA y le tiene desconfianza a los autos. Pero sabe leer mentirosos, sabe cuándo alguien esconde un as bajo la manga y sabe pelear sucio. Tiene doce meses para descubrir quién la quiso matar, recuperar la fortuna que le están robando y destruir al marido estafador y a la amiga trai

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CAPÍTULO 4: El viejo zorro y la letra pequeña.

El bufete Castillo & Asociados estaba en el piso doce de un edificio de cristal.

Cassidy miró hacia arriba desde la acera y sintió vértigo. Doce pisos. En su época, lo más alto que había visto era el campanario de la iglesia de Tombstone, y eso tenía cuatro. Este edificio era un insulto a la gravedad.

—¿Señora, está bien? —Lucía la miraba preocupada.

—Perfectamente. ¿Esa caja que sube y baja nos lleva arriba?

—¿El ascensor? Sí, señora.

Ascensor. Caja que sube. Claro. Normal.

Subieron en la caja —Cassidy se agarró del pasamanos con fuerza y no respiró hasta que las puertas se abrieron— y una secretaria las guió hasta una oficina amplia con vista a la ciudad.

Fernando Castillo era un hombre de sesenta y tantos. Pelo blanco, bigote recortado, ojos pequeños y astutos detrás de unos lentes redondos. Traje oscuro, corbata discreta, manos de abogado: suaves, cuidadas, hechas para firmar documentos, no para arar tierra.

Cuando Cassidy entró, se levantó de su silla y se quedó mirándola tres segundos completos.

—Emilia.

No era una pregunta. Era asombro.

La última vez que este hombre vio a Emilia —los recuerdos se lo mostraron— fue hacía más de un año. Una mujer encorvada, cubierta con ropa tres tallas más grande, que no levantaba la mirada del suelo y hablaba en susurros.

Lo que tenía enfrente era otra cosa. Pantalón negro, blusa verde esmeralda, espalda recta, barbilla arriba, ojos que miraban directo.

—Niña, qué bueno verte —dijo Castillo, rodeando el escritorio para tomarle las manos—. Te ves hermosa. Tu padre estaría orgulloso de verte así.

Mi padre, pensó Cassidy. El padre de Emilia. El viejo zorro.

—Gracias, don Fernando. Siéntese, que vengo con prisa.

Castillo levantó las cejas pero obedeció. Lucía se sentó en una silla junto a la puerta, callada como sombra.

—Quiero saber todo sobre mi matrimonio —dijo Cassidy—. Las cláusulas, los contratos, lo que hizo mi padre antes de morir. Todo.

—¿Todo? Emilia, ¿pasó algo?

—Pasaron muchas cosas. Pero primero necesito entender en qué me metió mi padre.

Castillo frunció el ceño.

—La última vez que hablé con Sebastián, hace unas semanas, me dijo que todo marchaba de maravilla. Que estabas feliz, de vacaciones por Europa.

Cassidy soltó una risa seca que no tenía nada de graciosa.

—¿Feliz? ¿De vacaciones? —Se inclinó hacia adelante—. Don Fernando, nunca he salido de viaje. Ese hombre me tenía durmiendo en un cuarto de servicio, vistiendo trapos viejos y sirviendo como empleada en mi propia casa. Pero de eso hablaremos después. Ahora explíqueme el contrato.

Castillo palideció. La mandíbula se le tensó. Abrió un cajón, sacó una carpeta gruesa —idéntica a la que Cassidy había encontrado en el despacho de Sebastián— y la puso sobre el escritorio.

—Leer todo esto te tomaría horas. Te lo resumiré.

Cassidy asintió.

—Lo más importante: tu padre redactó un acuerdo blindado. Lo tuyo es tuyo. Sebastián no tiene derecho a quedarse con nada en caso de divorcio, infidelidad o muerte repentina tuya. Eso fue intencional: tu padre quería evitar que alguien se casara contigo por dinero y luego intentara... deshacerse de ti.

Viejo zorro astuto.

—Se casaron por bienes separados. Ni tú tienes acceso a su dinero ni él al tuyo. Él recibe un pago mensual como administrador de tus empresas, pero ese poder se lo diste tú. Puedes quitárselo cuando quieras.

—Bien.

—Sobre hijos: si tuvieran hijos en conjunto, les correspondería un porcentaje de las acciones dependiendo de la cantidad. En caso de separación por infidelidad de él, los hijos se quedan contigo y él no recibe nada. Si se separan por otro motivo, pagas una compensación y los hijos siguen contigo. No tienen hijos, así que esto no aplica por ahora.

—Perfecto. ¿Y el divorcio?

Castillo hizo una pausa. Larga. Se quitó los lentes, los limpió con un pañuelo, se los volvió a poner.

—Aquí es donde se complica.

Claro que se complica. Nada es fácil. Ni en esta época ni en la mía.

—Tu padre estableció un periodo mínimo de matrimonio de cinco años. Llevan dos. Faltan tres.

—Tres años.

—Tres años durante los cuales no pueden divorciarse bajo ninguna circunstancia ordinaria. Sin embargo... tu padre incluyó una excepción: infidelidad comprobada.

—La tengo. Esa rata lleva dos años revolcándose con mi mejor amiga.

Castillo levantó la mano.

—Espera. La cláusula de infidelidad no es automática. Tu padre... —suspiró— tu padre quería que el matrimonio funcionara, Emilia. Te quería proteger, pero también quería darte una familia. Así que incluyó lo que llamamos una cláusula de reconciliación.

Cassidy sintió algo frío bajarle por la espalda.

—¿Qué significa eso?

—Significa que si presentas pruebas de infidelidad, se activa un periodo obligatorio de reconciliación. Doce meses. Durante esos doce meses, ambos deben vivir bajo el mismo techo y asistir a terapia de pareja certificada una vez al mes. Si al final del año tú mantienes tu decisión, el divorcio procede y Sebastián se va sin nada. Pero si durante ese año él demuestra un cambio de conducta...

—¿Qué pasa?

—Se renegocian los términos. Él podría quedarse con un porcentaje.

Silencio.

Cassidy apretó los puños sobre los muslos.

Doce meses. Un año entero. Viviendo con ese desgraciado. Compartiendo techo. Yendo a terapia como si el matrimonio tuviera salvación. Como si ella quisiera salvarlo.

Papá Aurelio, te quiero mucho, pero qué pendejada hiciste.

—¿No hay forma de saltarse eso?

—No. Tu padre blindó el contrato con tres notarías y un juez. Es hermético. Si quieres el divorcio limpio, sin que él se lleve un centavo, tienes que cumplir los doce meses.

Cassidy cerró los ojos.

Un año. Un maldito año con esa rata bajo mi techo.

Pero luego pensó. Como pensaba antes de un asalto. Fría. Calculadora.

Un año es mucho tiempo. Tiempo para aprender el negocio. Tiempo para descubrir qué más me ha robado. Tiempo para ponerme en forma, conocer este mundo, hacerme fuerte. Y tiempo para hacerle la vida tan miserable a Sebastián Duarte que sea él quien quiera irse.

Y si se va por voluntad propia, rompe la cláusula y pierde todo.

Abrió los ojos.

—Actívelo.

Castillo parpadeó.

—¿Perdón?

—El periodo de reconciliación. Actívelo. Presente las pruebas, inicie el reloj. Doce meses a partir de hoy.

—Emilia, ¿estás segura? Doce meses es...

—Don Fernando. —Cassidy se levantó. Lo miró desde arriba con una sonrisa que el viejo abogado no le había visto jamás—. He sobrevivido cosas peores que un año con un imbécil. Actívelo.

Salió de la oficina con Lucía pisándole los talones.

En el ascensor —se agarró del pasamanos otra vez, pero menos fuerte— Lucía la miró de reojo.

—¿Señora? ¿Está bien?

Cassidy miraba los números bajar en la pantallita. 12, 11, 10...

—Lucía.

—¿Sí?

—¿Cuánto tarda una persona en aprender a manejar una empresa?

—Eh... ¿años?

—Tengo doce meses.

Las puertas se abrieron. Cassidy salió a la calle, al ruido, a los autos, al mundo que todavía no entendía pero que ya empezaba a sentir como suyo.

Doce meses, Sebastián. Vamos a ver quién aguanta más.

1
Elizabeth Sánchez Herrera
una actitud muy serena por parte de Cassidy
Elizabeth Sánchez Herrera
es
toy segura que Daniel en cuál querer situación elegirá a cassidi
mariela
Daniel no esta tan ignorante de los tratos que hace su padre tanto así que la llamo para preguntarle que le dijo a ella que va a ser una desilusión para el pero el viejo lo que quiere es prácticamente ser dueño de la empresa de Emilia si nos ponemos analizar pero ya Rodrigo se dio cuenta que ella sabe mas de lo que el imaginaba aquí comienza la cacería para eliminarla y seguir haciendo sus negocios chuecos.
Rodrigo Reyes tu hijo se pondrá en contra tuya.
Lucy alejo
excelente capitulo que pasara con Daniel
Lucy alejo
tan parecidos y tan diferentes a la vez
mariela
Daniel mi bombón se quedara con la forajida Cassidy porque esta descubriendo paso a paso la verdad y le gusta lo que ve mientras Sebastian lo busca en Google espejo es un chiste pendejo buscar un sueño y nombre en una aplicación.
mariela
Pobre Sebastian cree que jugando con el arrepentimiento se convertirá en víctima no se imagina que la forajida de Cassidy-Emilia es una mujer corrida en 7 plazas y el cuando va ya ella viene de regreso caerá en su propia trampa 😂🤣😂🤣😂🤣
Lucy alejo
Sebastián piensa que Emilia Cassidy es tonta no sabe que cuando el va ella ya viene de regreso 🤭
Mitsuki G
Por razón ese señor Rodrigo no quiere a Emilia cerca de su hijo por qué vera como también le roba que tiene dinero de Emilia como también la usa para ellos pero debería decirle este Daniel sabrá que es lo correcto ya que no es como su padre y está limpio
mariela
Así se esta convirtiendo en una mujer empoderada con el autoestima arriba con menos kilos y mas autosuficiente donde Daniel tiene que ver mucho con ese cambio pero me encanta se retan ella dice que no son nada pero se deja dar sus buenas revolcadas deliciosas 😋😋😋🤤🤤🤤 por su bombón.
Mirta Vega
ansiosa esperando por más 🥰
Limaesfra🍾🥂🌟
vuekve el.perro arrepentido con las orejas caidas, el rabo entre las piernas y el hocico partido😁👅🤣🤣🤣🤣🤣🤣esa es la idea😁🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
no mires. no mires caray si miró🤣🤣🤣
Eva Quihuis Romero
empecé a leerla ayer y me atrapó, está buena , esperemos más capítulos!!
Blanca Ramirez
me dejas emocionada autora esperando la reacción de Daniel cuando le cuente lo de su papá 🥰🥰🥰🥰
María Gabriela
💣 me da cosa con Daniel va ser un golpe duro aunque no se llevan bien va a ser duro
Marisel Rio
💕💕💕💕Encanta con tu novela y los maratones 💕💕💕
Amo a Cassidy y a Daniel 💖💖💖💖💖
Betty Saavedra Alvarado
Sebas estás actuando como marido arrepentido consejo de abogados Cassidy es más inteligente que tu
Betty Saavedra Alvarado
Emilia Rodrigo Reyes te vino a comprar le distes dos cachetadas con tus palabras
Betty Saavedra Alvarado
Cassidy Emilia vive dos vidas ahora es más fuerte y valiente nadie la humilla Daniel está con ella
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