Una policía reencarna en un mundo mágico, supuestamente condenada a morir porque se convertirá en la tercera esposa del duque.. Pero, ella decide cambiar su destino..
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Policia
La noche estaba fría y húmeda, y las luces rojas y azules de las patrullas pintaban la calle con destellos intermitentes. El sonido de las sirenas cortaba el silencio del barrio mientras los oficiales tomaban posiciones alrededor de una casa antigua de dos pisos.
La subinspectora respiró hondo detrás de la puerta abierta de la patrulla. El chaleco antibalas le pesaba sobre el pecho, pero no tanto como la responsabilidad que sentía. Llevaba diez años en la policía, y aun así cada operativo importante hacía que su corazón latiera con fuerza.
—Equipo uno listo —dijo por la radio con voz firme.
Dentro de la casa, un hombre armado mantenía a dos personas como rehenes. Un vecino y su hija pequeña. El sujeto estaba desesperado, drogado y completamente impredecible.
—Atenta.. Cuando entremos, yo cubro la escalera.
Valeria asintió.
Había visto demasiadas tragedias para dudar ahora. Si algo salía mal, ella sabía que debía ser quien tomara la decisión difícil.
El jefe del operativo levantó la mano.
—¡Entramos en tres… dos… uno!
La puerta fue derribada.
Los policías irrumpieron rápidamente. El interior estaba oscuro, lleno de muebles viejos y olor a alcohol. Desde el segundo piso llegó un grito.
—¡No suban! ¡Los mato!
Ella avanzó por el pasillo con la pistola firme.
—¡Policía! ¡Suelte el arma!
Un disparo resonó desde arriba.
El cabo Morales cayó hacia atrás, herido en el hombro.
—¡Morales!
Pero ella no dudó. Subió las escaleras de dos en dos.
Al llegar arriba vio la escena.. el hombre sujetaba a la niña con un brazo mientras apuntaba con la pistola temblorosa.
La pequeña lloraba.
—¡No te acerques!
Ella levantó lentamente las manos, bajando su arma.
—Escúchame… nadie tiene que salir herido hoy.
El hombre estaba fuera de sí.
—¡Mentira! ¡Todos mienten!
La niña sollozó.
Y en ese instante ella tomó la decisión que cambiaría todo.
Vio el movimiento del arma. Si disparaba, la niña estaba justo en la línea.
Así que se lanzó.
Empujó al hombre contra la pared, apartando a la niña con el brazo.
El disparo explotó en el aire.
Luego otro.
Y otro.
El mundo pareció quedarse en silencio.
ella cayó al suelo.
Desde lejos escuchó gritos, pasos corriendo, radios crepitando.
La niña estaba a salvo.
Eso era lo importante.
El techo se volvió borroso.
[Valió la pena]
El último sonido que escuchó fue a alguien gritar..
—¡Llamen una ambulancia!
Pero el frío ya se extendía por su cuerpo.
Y la oscuridad llegó.
Sin embargo… la muerte no fue el final.
Primero sintió calor.
Luego luz.
Un aroma extraño, como hierbas y humo de leña.
Después… voces.
—¡Está despertando!
ella frunció el ceño.
Su cuerpo se sentía extraño… ligero… pequeño.
Abrió lentamente los ojos.
El techo no era blanco ni tenía luces fluorescentes.
Era de madera.
A su alrededor había tres mujeres con vestidos largos y cofias blancas.
Una de ellas suspiró aliviada.
—Gracias al cielo… la señorita vive.
ella trató de hablar, pero su voz salió débil.
—¿Dónde… estoy…?
Las mujeres intercambiaron miradas sorprendidas.
—En la mansión de la familia Gray, señorita.
ella parpadeó.
[familia Gray]
[mansión]
Los muebles eran antiguos, las paredes estaban iluminadas por velas, y las ventanas tenían gruesas cortinas bordadas.
No había electricidad.
No había hospital.
No había patrullas.
Entonces una de las mujeres dijo algo que heló su sangre.
—Su carruaje volcó esta mañana, lady Sienna. Pensamos que no despertaría.
ella se quedó completamente inmóvil.
[Lady]
[Sienna]
Levantó las manos lentamente.
Eran más pequeñas.
Más delicadas.
No eran sus manos.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
—Esto… no puede ser…
Pero en ese momento una oleada de recuerdos ajenos invadió su mente.
Una mansión.
Unos tios abusivos.
Una vida aristocrática.
Y una época que no era la suya.
Ella era… la policía que murió salvando a una niña…
y ahora…acababa de despertar en el cuerpo de una joven noble de otro siglo..
Aun asi, la habitación seguía envuelta en una suave penumbra. La luz de la tarde se filtraba por las altas ventanas cubiertas por cortinas pesadas, y el aire olía a madera vieja, lavanda y medicina herbal.
Durante varios minutos permaneció quieta.
No porque estuviera débil.
Sino porque estaba pensando.
Mantén la calma. Observa primero. Pregunta después.
Ese había sido siempre su método.
En su vida anterior, ella había pasado años como policía. Había interrogado testigos, sospechosos y víctimas. Sabía que la información rara vez aparecía de golpe.. había que recogerla poco a poco, como piezas de un rompecabezas.
Ahora… ese instinto era lo único que tenía.
Porque ya no era una oficial de policia.
Ahora era Sienna Gray.
Cuando finalmente pudo levantarse un poco en la cama, una joven sirvienta corrió hacia ella.
—¡Señorita Sienna! No debería moverse tanto. El doctor dijo que debía descansar.
Sienna inclinó apenas la cabeza, observándola con calma.
La chica parecía sincera. Nerviosa, incluso.
—¿Cuánto tiempo… estuve inconsciente?
La sirvienta se sorprendió un poco por la pregunta, pero respondió rápidamente.
—Dos días, señorita. Desde que llegó a la mansión.
Dos días.
Sienna registró el dato.
—¿Llegué… desde dónde?
—Desde el campo, señorita.. Sus tíos enviaron un carruaje para traerla al pueblo..
Sienna fingió pensar un momento, como si intentara recordar.
—Ah… claro…
Pero en realidad estaba analizando cada palabra.
Entonces no vivía aquí originalmente.
—¿Esta es… la mansión Gray?
—Sí, señorita. La residencia principal de la familia.
Confirmado.
Sienna continuó haciendo preguntas pequeñas durante los siguientes días. Nunca demasiadas seguidas. Nunca demasiado directas.
A veces preguntaba a la sirvienta.
A veces al mayordomo.
A veces simplemente escuchaba las conversaciones de los sirvientes cuando creían que ella dormía.
Era un trabajo paciente.
Pero funcionó.
Poco a poco, la verdad empezó a formarse en su mente.
Primero.. su nueva identidad.
Su nombre era Sienna Gray.
Una joven noble de diecinueve años.
Sus padres habían muerto años atrás en un accidente mientras viajaban por el mar. Desde entonces, la tutela de Sienna había pasado a manos del hermano de su padre.. Lord Sarco Gray.
Su tío.
Y su esposa.
Sin embargo, Sienna pronto comprendió algo inquietante.
Los recuerdos que aparecían en su mente.. fragmentos de la vida de la verdadera Sienna.. estaban llenos de tristeza.
De soledad.
De miedo.
Porque aunque la familia Gray era noble…
Sienna no era tratada como tal.
Después de la muerte de sus padres, sus tíos la enviaron lejos.
Muy lejos.
A una pequeña propiedad rural de la familia, casi olvidada.
Allí creció con lo mínimo.
Pocas cartas.
Pocas visitas.
Casi ningún afecto.
Mientras tanto, en la mansión principal de la capital crecía la verdadera joya de la familia.
La hija de sus tíos.
Sage Gray.
Sienna la vio por primera vez tres días después de despertar.
Y entendió inmediatamente.
Sage tenía aproximadamente su misma edad.
Cabello brillante.
Vestidos elegantes.
Postura orgullosa.
Todo en ella gritaba favorita.
Los sirvientes la trataban con adoración.
Lord y Lady Gray la miraban como si fuera el tesoro más precioso del mundo.
Cuando Sage vio a Sienna en el salón, simplemente levantó una ceja.
—Así que despertaste.
Su voz no tenía alegría.
Ni preocupación.
Solo una leve molestia.
—Pensé que el golpe te había dejado inútil.
Sienna bajó la mirada discretamente.
No por sumisión.
Sino porque estaba observando.
Analizando.
Arrogante. Acostumbrada a ser el centro.
Sage suspiró.
—Espero que te recuperes pronto. Padre necesita que estés presentable.
[¿Presentable?]
Sienna no respondió.
Pero esa palabra se quedó grabada en su mente.
La última pieza del rompecabezas llegó dos noches después.
Sienna había salido silenciosamente al pasillo para tomar aire.
Y entonces escuchó voces provenientes del despacho.
Las voces de sus tíos.
La puerta estaba entreabierta.
—La propuesta es demasiado buena para rechazarla —decía Lord Gray
—Pero Julian Bridge.. Sus dos esposas anteriores murieron.
Sienna se quedó completamente quieta.
—Accidentes.. Eso es lo que dicen.
—Aun así… Sage…
Hubo un silencio.
Luego Lord Gray habló con tono firme.
—Precisamente por eso.
Sienna sintió que su estómago se tensaba.
—No enviaré a mi hija a ese matrimonio.
La mujer dudó.
—Pero el duque pidió específicamente una esposa de la familia Gray…
Lord Gray soltó una pequeña risa.
Una risa fría.
—Y la tendrá.
—Sienna Gray también es una Gray.
El silencio que siguió fue pesado.
—El duque ofrece una dote enorme.. Títulos, tierras, influencia.
—¿Y si también muere?
Lord Gray respondió con indiferencia absoluta.
—Entonces será una tragedia… pero Sage seguirá segura.
Sienna sintió algo muy familiar subir dentro de su pecho.
No miedo.
No tristeza.
Era otra cosa.
Una sensación que conocía bien.
La misma que sentía antes de arrestar a alguien despreciable.
Rabia fría.
Ahora todo estaba claro.
Habían ido a buscarla al campo por una sola razón.
Porque el duque Julian Bridge había pedido una esposa.
Un hombre cuya reputación estaba rodeada de rumores.
Un hombre cuyas dos esposas anteriores habían muerto.
Y sus queridos tíos… no querían arriesgar a su adorada hija Sage.
Así que usarían a la otra.
A la olvidada.
A la reemplazable.
A Sienna Gray.
En ese momento Sienna regresó silenciosamente a su habitación.
Se sentó en la cama.
Y respiró profundamente.
En su vida anterior había enfrentado criminales.
Había sobrevivido a situaciones límite.
Había muerto salvando a alguien.
¿Y ahora querían usarla como sacrificio?
Una pequeña sonrisa apareció lentamente en su rostro.
Pero no era una sonrisa dulce.
Era la sonrisa de alguien que había aprendido a sobrevivir.
—Qué mala suerte para ustedes..
Sus tíos pensaban que estaban enviando a una joven débil al matrimonio de un hombre peligroso.
Pero la verdad era otra.
En el cuerpo de Sienna Gray… vivía el alma de una mujer que había sido policía.
Y si ese duque escondía secretos… Sienna pensaba descubrirlos.
Porque si alguien en esa mansión creía que ella sería una víctima fácil… estaban a punto de cometer el mayor error de sus vidas.