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PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

En un mundo donde la superficie de la civilización es solo una máscara para las guerras de castas entre Alfas, Betas y Omegas, la ciudad de Chicago se convirtió en el tablero de ajedrez más sangriento del siglo XXI. La obra narra la colisión de dos linajes destinados a destruirse: la Bratva Volkov, liderada por el implacable y territorial Valerius, y la dinastía Moretti, cuyo último heredero, Dante, fue entrenado como un arma de precisión conocida como "El Fénix".

Lo que comenzó como un matrimonio forzado para evitar una guerra total, se transformó en una devoción absoluta que desafió las leyes de la mafia. A través de traiciones familiares, conspiraciones científicas de la Red Zero y el acecho de padres que veían en sus hijos simples herramientas de poder, Valerius y Dante forjaron un vínculo inquebrantable que mezcló el aroma del roble quemado con vainilla negra

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Capítulo 14: El Último Aliento del Linaje

El aire dentro de la sala de servidores era gélido, refrigerado para mantener las máquinas, pero la atmósfera entre Valerius y Dante quemaba. El zumbido constante de los procesadores parecía el latido de un corazón mecánico a punto de estallar. Valerius estaba inclinado sobre la consola principal, sus dedos volando sobre el teclado mientras las líneas de código ruso desfilaban por sus pupilas grises.

—¡Dante, el protocolo de la Red Zero ha infectado el núcleo! —rugió Valerius sin apartar la vista de la pantalla—. Si no detengo la secuencia de sobrecarga en tres minutos, los generadores del sótano convertirán esta torre en un cráter.

Dante, apostado junto a la puerta reforzada que ya empezaba a ceder bajo los golpes de un mazo hidráulico, recargó su última Beretta. El aroma a vainilla negra se había vuelto metálico, afilado por la inminencia de la muerte. Miró por encima del hombro a Valerius; el Alfa tenía el rostro cubierto de sudor y una mancha de sangre fresca empapaba el vendaje de su costado.

—Haz lo tuyo, ruso —dijo Dante con una calma que helaba la sangre—. Yo me encargo de la basura familiar.

En ese momento, la puerta estalló. El metal se dobló hacia adentro con un chirrido agónico y Enzo Moretti entró caminando sobre los escombros, seguido por la penumbra del pasillo. Ya no había soldados entre ellos; esto se había convertido en una purga de sangre. Enzo sostenía un revólver de cañón largo, bañado en oro, un arma de exhibición para un hombre que se sentía un rey.

—Mira qué tierno —siseó Enzo, su voz goteando veneno—. El gran heredero de la Bratva reducido a un técnico de sistemas, mientras el "limpiador" de los Moretti actúa como su perro guardián. Dante, das lástima. Papá siempre dijo que tenías un corazón demasiado blando para el apellido, pero esto... esto es una enfermedad.

Dante dio un paso al frente, separándose de la consola para proteger el espacio de Valerius. —Lo que tú llamas enfermedad, Enzo, yo lo llamo libertad. Libertad de no ser un títere de la Red Zero. Libertad de no ser el parásito que eres tú, esperando que los demás mueran para poder heredar un trono que no sabes gobernar.

Enzo rugió y disparó. La bala impactó en el hombro de Dante, lanzándolo hacia atrás contra una fila de servidores. Valerius soltó un grito de rabia y amartilló su arma, pero Dante levantó una mano ensangrentada, deteniéndolo.

—¡No te detengas, Valerius! ¡Apaga ese maldito contador! —ordenó Dante, poniéndose en pie con un esfuerzo sobrehumano. La herida ardía, pero su voluntad era de acero—. Este es mi hermano. Mi sangre. Mi deuda.

Dante se lanzó hacia adelante antes de que Enzo pudiera apuntar de nuevo. No usó su arma; usó su cuerpo. Chocaron en el centro de la sala, una danza fratricida de golpes y jadeos. Enzo era más pesado, pero Dante era más rápido y estaba alimentado por años de resentimiento acumulado. Se golpearon contra los racks de metal, los cables de fibra óptica saltando y echando chispas a su alrededor como fuegos artificiales azules.

Dante hundió su rodilla en el estómago de Enzo y, con un giro experto, le arrebató el revólver de oro, lanzándolo al otro lado de la habitación. Enzo, desesperado, sacó un estilete italiano de su bota.

—¡Eres un Omega defectuoso! —gritó Enzo, lanzando una estocada que cortó la mejilla de Dante—. ¡Deberías estar de rodillas, no peleando conmigo!

—Un Omega que te va a enterrar, hermano —respondió Dante.

Mientras tanto, Valerius luchaba contra un muro de fuego digital. —¡Diez segundos, Dante! ¡Quítate del medio!

Valerius golpeó la tecla "Enter" con un puñetazo final justo cuando el contador llegaba a 00:01. Las luces de la sala pasaron del rojo al blanco neutro. El edificio soltó un suspiro mecánico; la autodestrucción se había detenido. Valerius se giró, desenfundando su pistola secundaria para terminar con Enzo, pero se detuvo en seco.

Dante tenía a Enzo contra la pared. Su daga de obsidiana estaba hundida profundamente en el pecho de su hermano, justo debajo del esternón. El rostro de Dante estaba a centímetros del de Enzo, sus ojos miel fijos en los de él mientras la vida se le escapaba al Alfa traidor.

—Dile a los ancestros que no fuiste digno de la marca —susurró Dante.

Enzo soltó un último suspiro, su cuerpo relajándose mientras se deslizaba por la pared, dejando un rastro de sangre sobre el logo de los Volkov grabado en el muro. Dante se quedó allí, de pie, con la mano ensangrentada y la respiración entrecortada. El silencio que siguió fue absoluto, solo roto por el goteo de la sangre sobre el suelo técnico.

Valerius se acercó a él. No dijo nada. No había palabras para el peso de matar a tu propia sangre. Simplemente rodeó a Dante con sus brazos, permitiendo que el Omega apoyara su peso en el pecho del Alfa. El aroma a roble quemado de Valerius se volvió inmenso, una capa protectora que intentaba absorber el dolor de Dante.

—Se acabó, Dante —susurró Valerius en su oído, su mano acariciando su nuca con una ternura que nunca habría mostrado ante el mundo—. Ya no hay vuelta atrás. Ahora solo quedamos nosotros.

Dante levantó la vista, sus ojos vidriosos pero decididos. —Entonces espero que estés listo, ruso. Porque acabamos de declarar la guerra a lo único que nos quedaba. Ahora, Chicago va a arder, y nosotros seremos los únicos que caminaremos sobre las cenizas.

En el pasillo, los pasos de los guardias de Mikhail Volkov se acercaban. El verdadero juicio estaba por comenzar.

1
YRUM
excelente 👍🏻
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