Ella reencarna el personaje de una novela que leyó y decide cambiar su destino haciendo un pacto con él temible duque..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Boda 2
Un hombre de avanzada edad, vestido con largas túnicas grises bordadas con símbolos plateados, avanzó hacia el centro del salón con una solemnidad que hizo que todos los murmullos se extinguieran.
El mago del templo.
Su presencia imponía respeto.
Llevaba un bastón oscuro rematado con una gema translúcida que parecía contener niebla en movimiento. Cada paso suyo resonaba con un eco extraño, como si el mismo aire reconociera la autoridad de su magia.
Se colocó frente a los novios.
Alzó una mano.
Y una suave vibración recorrió el salón.
Los candelabros titilaron.
Un círculo de luz tenue apareció bajo sus pies.
Entonces habló.
Su voz era grave, pausada, ceremonial.
Recitando antiguas palabras que Gia no comprendía del todo, pero cuya cadencia hacía evidente que aquello era mucho más que una simple formalidad social.
[…bien… esto ya se puso muy Harry Potter medieval…]
Mantuvo la compostura, claro.
Su sonrisa seguía intacta.
Su espalda recta.
Su mirada fija al frente.
Pero por dentro…
Su cerebro estaba haciendo comentarios completamente inapropiados para una ceremonia solemne.
[…solo falta que salga un dragón aprobando el matrimonio…]
A su lado, el duque Morozov permanecía inmóvil.
Serio.
Pero internamente…
No estaba tranquilo.
La sorpresa que había sentido al verla no había desaparecido.
Al contrario.
Se había intensificado.
Porque nada coincidía.
Nada.
Sus informantes habían sido claros.
Lady Gia Dacre era tímida.
Reservada.
Asustadiza.
Una joven débil que no deseaba casarse con él.
Le habían asegurado que probablemente evitaría su mirada, temblaría durante la ceremonia e incluso quizá lloraría.
Él estaba preparado para eso.
Preparado para otra muestra de miedo.
Para otro rostro que lo mirara con rechazo apenas escuchara su nombre.
Pero la mujer a su lado…
No era esa.
No temblaba.
No bajaba la cabeza.
No parecía aterrada.
Sonreía.
Y no con nerviosismo.
Con seguridad.
Con una extraña tranquilidad que lo desconcertaba.
Mientras el mago pronunciaba las primeras invocaciones, él giró apenas el rostro para observarla.
Gia estaba completamente atenta.
Escuchando cada palabra.
Siguiendo la ceremonia con genuina concentración.
[…¿qué está haciendo?] pensó él.
Porque incluso ahora, cuando la unión era inminente…
No detectaba vacilación.
Ni miedo.
Ni rechazo.
Solo esa sonrisa ligera.
Serena.
Como si estuviera exactamente donde quería estar.
Eso lo confundía.
Y también…
Despertaba su curiosidad.
Sus ojos se detuvieron en el perfil de ella.
En cómo la luz hacía brillar su cabello.
En la calma de sus facciones.
[…esta no es la mujer que me describieron…]
A su lado, Gia sentía su mirada.
Y aunque no giró hacia él…
Lo supo.
[…sí… sigue preguntándote qué pasó…]
Por dentro sonrió más.
Porque esa era exactamente la reacción que quería.
Intriga.
No lástima.
No desinterés.
Mucho menos indiferencia.
Mientras el mago continuaba recitando, la energía mágica en el salón se volvía más perceptible.
Pequeños destellos plateados flotaban alrededor.
Las runas del suelo brillaban con mayor intensidad.
El momento decisivo se acercaba.
Y Gia, escuchando aquellas palabras antiguas, pensó:
[…bueno… oficialmente estoy a segundos de casarme con un duque peligrosamente atractivo con tendencias destructivas…]
Pausa.
[…mi vida anterior jamás me preparó para esto]
Pero aun así…
No dejó de sonreír.
El murmullo mágico se aquietó poco a poco.
Las luces suaves que flotaban en el aire parecieron detenerse, como si también estuvieran esperando.
El mago alzó la mirada hacia ambos.
Sus ojos, profundos y antiguos, se posaron primero en el duque… luego en Gia.
Y con voz solemne, firme, anunció:
—Es momento de los votos matrimoniales.
Un silencio absoluto cayó sobre el gran salón.
El duque Morozov apenas tensó la mandíbula.
[…no…]
La idea cruzó su mente de inmediato.
Él no necesitaba palabras.
Los acuerdos ya estaban firmados.
La unión… decidida.
Los votos eran… innecesarios.
Iba a negarse.
Abrió ligeramente los labios..
—Sí, señor.
La voz de Gia cortó el momento.
Clara.
Segura.
Sin titubeos.
El duque giró la cabeza hacia ella.
Sorprendido.
De verdad sorprendido.
[…¿qué…?]
No solo había aceptado.
Lo había hecho sin dudar.
El mago asintió lentamente.
—Entonces, el duque hablará primero.
Otra pausa.
El peso del momento cayó sobre él.
El duque sostuvo la mirada del mago un segundo… luego asintió.
Lentamente.
[…esto es innecesario…]
Pero aun así…
Habló.
Su voz fue grave.
Directa.
Sin adornos.
—Prometo respetarte…
Un leve silencio.
—…y protegerte…
Sus ojos se desviaron hacia Gia por un instante.
—…por mi honor.
Nada más.
Sin emoción visible.
Sin poesía.
Pero… firme.
Real.
Como si esas palabras, aunque pocas, fueran ley.
Gia lo miró.
Y sonrió.
Una sonrisa genuina.
[…eso… eso era justo lo que necesitaba…]
Porque no necesitaba declaraciones grandiosas.
Ni promesas vacías.
Solo eso.
Respeto.
Protección.
En ese mundo… eso era poder.
Asintió suavemente.
Satisfecha.
[…bien… vamos por buen camino…]
El mago giró hacia ella.
—Lady Gia Dacre.
Era su turno.
Gia respiró hondo.
No por nervios.
Sino por… enfoque.
[…bien… di algo coherente… y no demasiado moderno…]
Alzó la mirada.
Y habló.
Su voz fue suave… pero clara.
—Prometo cuidarlo…
Sus ojos se posaron en el duque.
—…respetarlo…
Pausa breve.
—…y esforzarme por ser una buena esposa.
Sus manos se unieron levemente frente a ella.
—Y… no dejarlo.. jamás
Silencio.
Las palabras quedaron flotando en el aire.
Simples.
Pero cargadas.
El duque la miró de nuevo.
Más intensamente esta vez.
[…no lo dejaré…]
Algo en esa frase…
No sonó como una formalidad.
Gia mantuvo la sonrisa.
Tranquila.
Segura.
Pero por dentro—
[…nunca te voy a dejar jajaja…]
[…ni aunque me quieras echar…]
[…esto es inversión a largo plazo, querido duque…]
Externamente…
Era la imagen perfecta de una futura duquesa.
Internamente…
Ya estaba asegurando su permanencia.
Y, sin saberlo del todo…
Acababa de decir algo que el duque…
No olvidaría fácilmente.
El aire en el gran salón parecía cargado.
La magia seguía vibrando suavemente alrededor, como si el mundo mismo estuviera atento al desenlace.
El mago continuó hablando, su voz grave llenando cada rincón:
—Que esta unión sea bendecida por los dioses, resguardada por la magia… y reconocida por este reino.
Las runas bajo sus pies brillaron con más intensidad por un instante.
Luego, alzó el bastón.
Y declaró..
—Por el poder que me confieren los dioses, el reino de Sunderland y la magia.. yo los declaro esposos.
Un leve suspiro colectivo recorrió el salón.
—Puede besar a la novia.
Todos miraron al duque.
El duque Morozov… claramente no estaba cómodo.
[…esto es innecesario…]
Su expresión se tensó apenas.
Para él, aquello era una formalidad más.
Un gesto social.
Nada que tuviera verdadero peso.
Así que optó por lo más… seguro.
Tomó la mano de Gia con firmeza, pero sin brusquedad.
Y se inclinó levemente.
[…esto es suficiente…]
Iba a besar su mano.
Correcto.
Distante.
Apropiado.
Pero…
Gia no estaba de acuerdo.
En el preciso momento en que él descendía…
Ella avanzó.
Aprovechó el movimiento.
Acortó la distancia.
Y lo besó.
Directamente.
En los labios.
El tiempo… se detuvo.
El contacto fue suave.
Cálido.
Lento.
No fue un roce torpe.
Ni un gesto impulsivo sin dirección.
Fue… intencional.
Deliberado.
Controlado.
Un beso de novia.
Real.
En el salón…
Los murmullos estallaron.
—¡Oh!
—¡Pero qué…!
Algunas damas se llevaron las manos al pecho.
Otras… directamente se sonrojaron.
—¡Qué atrevida!
—¡En público…!
Pero Gia…
No escuchaba.
O más bien…
No le importaba.
Sintió el leve intento del duque de retroceder.
La tensión en su cuerpo.
La sorpresa.
[…ah no.. no me vas a quitar esto…]
Su mano se mantuvo firme.
Su cercanía también.
[…es MI beso de novia, es MI boda…]
Así que no se apartó.
Profundizó apenas el gesto.
Lo suficiente para dejar claro que no era un accidente.
Ni una confusión.
Era decisión.
El duque, por su parte…
Se quedó inmóvil un segundo de más.
Claramente sorprendido.
Su mente… en blanco por un instante.
[…¿qué está haciendo…?]
Pero no reaccionó con brusquedad.
No la apartó.
Solo… no esperaba esto.
No de ella.
No de nadie.
El beso se prolongó lo justo para volverse inolvidable.
Y entonces..
ejem
El mago tosió.
Discretamente.
Pero lo suficiente.
El momento se rompió.
Gia se separó lentamente.
Como si nada hubiera pasado.
Como si ese nivel de atrevimiento fuera completamente normal.
Sonrió.
Serena.
[…listo… marcado territorio…]
El salón seguía en shock.
Y el duque…
La miraba.
Ahora sí…
Sin ninguna duda.
Con algo mucho más claro en sus ojos.
Ya no era solo curiosidad.
Era… interés.
Porque la mujer que acababa de besarle frente a todo el reino…
Definitivamente…
No era la que le habían prometido.
Es un gran peso que el.Duque llevará con toda la paciencia y amor del.mundo. 😋