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ERROR: Rojo Carmesí

ERROR: Rojo Carmesí

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor-odio / Policial
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Cinder Linh Nova

uno dos tres serie incompleta

NovelToon tiene autorización de Cinder Linh Nova para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PRÓLOGO

Al sur de la ciudad, en un laboratorio clínico de acceso exclusivo, año 2004.

Joel Montesanto dio un paso atrás.

—¡Aleja a esa cosa de mí!—Le grito a Irene que tenía una bebé en sus brazos.

—¡No es una cosa!—Le grito ella devuelta.—Es una niña preciosa.

Joel pasó las manos por su cabello. Paso a un lado de su esposa chocando su hombro.

 Ella lanzó un grito ahogado.

—¡Cuidado!—ella se acercó con paso decidido.—La bebé es frágil.

—¿Y?—Pregunto él. Ella alzó sus cejas.—Paramíi siempre será una cosa.

Joel comenzó a caminar y salió de el laboratorio. Su esposa, definitivamente se había vuelto loca. ¿Experimentar con esa cosa? No creía que eso funcionaría. Le daba a esa cosa un día de vida y adiós.

Por otro lado Irene sostenía a la bebé en sus brazos, con amor y la delicadeza que solo una madre puede tener.

—No le prestes atención.—Le susurraba.—Eres la bebé más hermosa que ha sido creada.

Irene caminó con la bebé en brazos que la cubría una tierna mantita roja de peluche. Se acercó a la mesa y tomo una inyección.

Estudiar pediatria le había servido.

—Sh, sh, sh.—La meció en sus brazos. Le introdujo la aguja en su pequeña piel delicada. La bebe ni siquiera se movió. Irene suspiró.—Eres muy fuerte princesa. Mi princesa.

Comenzó a caminar dejando la jeringa olvidada en la mesa. Y acostó a la bebé en su cuna, la que le había dicho a Joel que le ordenara a sus científicos más avanzados para poder incubar a su pequeña. La recostó con sumo cuidado y cerró la cápsula.

Escuchó como se encendía y le impartía el aire que necesitaba. Vio a su pequeña hacer un intento por respirar y no pudo evitar que la lágrima saliera. Coloco su mano en el cristal. Escuchó como una puerta corrediza se habría detrás de ella.

—Irene…—La voz salió en un suspiro. Escuchó sus pasos acercarse a ella.—Dijiste que la dejarías ir.

—No puedo…—Dijo a su compañera en un hilo de voz.—No puedo.—Repitió y negó con la cabeza.—Vanessa, la amo con todo mi corazón y no soportaré que por un error mío ella muera.

—¡Fue un accidente!—Le dijo ella y le tomo de las manos.—Ella merece descansar y pronto serás bendecida con otra bebé.

—¡No digas eso!—Irene la apartó las manos con fuerza a Vanessa.—Me… me gustaría tener otro bebé Pero… también la quiero a ella…

—irene…

—¡Basta!—La interrumpió.—¡Ya tomé mi decisión! Y no quiero que te acerques a mi bebé ¡Lárgate!

—Por favor Irene, cálmate no era mi intención.

—¡No! Nunca es intención de nadie nada ¡Estoy cansada!

La puerta movediza se volvió abrir, uno de los guardias que su esposo le había asignado apareció por la puerta. Rodrigo.

—¿algún problema señora?

—Si

—No.—Vanessa e Irene habían dado sus respuestas al mismo tiempo. Rodrigo miró a Irene, ella comenzó a respirar agitadamente, las lágrimas comenzaron a salir con más fuerza pero ahora no eran tristeza, era táctica.

—¡Quiere hacerle daño a mi bebé!

—¡No! No es cierto.

Rodrigo la miró una vez más y no supo si había sido su imaginación o de verdad le había visto sus ojos algo de brillo. Murmuró algo en su comunicador, algo que Irene no se molestó en escuchar, sabía que había llamado refuerzos.

—Señora debe acompañarme.—Le dijo Rodrigo. Vanessa miró a Irene en busca de ayuda, pero en lugar de ayudar a su amiga, Irene se abrazó a sí misma y dirigió la mirada a su bebé.

—No puede ser.—Murmuro Vanessa.—¡Tienes que reaccionar!—le dijo ella su voz quebrada.

No sé atrevió a mirar atrás, la estaba traicionando.

Escuchó como más pasos se acercaban.

—Sueltenme.—Grito ella en un hilo de voz.

Los guardias le decían que no se resistiera, una vez más Vanessa grito su nombre. Mas lágrimas fueron derramadas. Había sido su forma de decir adiós, nunca mas la volveria a ver, a su amiga, a su compañera, la única compañía que había tenido. Ojalá ella pudiera entender que haría cualquier cosa por la bebé que estaba en su cuna incubadora. Haría cualquier cosa.

En algún lugar al este de la ciudad año 2018.

El joven Damian corrió como pudo, con todas sus fuerzas sin mirar atrás mientras sentía el humo de una bomba lacrimógena. Se escondió en un callejón con la bolsa en el pecho. Sentía el corazón en sus orejas.

 Tucun, tucun.

Respiró profundo, no había comido nada ese día y aún así había tenido que correr. No, no era la vida de un joven de 17 años. El no había elegido nacer en el país en el que nació ni siquiera existía cuando eso comenzó, pero creció en el momento justo pera ver cómo todo empeoró.

A duras penas había salido de su bachillerato, si, a duras penas porque ni siquiera había tenido unos zapatos sin agujeros y desgastados para ir, mismo que se le acaban de romper mientras corría. Su madre se le partiría el corazón de tristeza. Salió de su escondite con la bolsa en la mano y corrió.

Lo siguiente que sintió fue el asfalto en su rostro. Comenzó a escupir la tierra que se le había metido a la boca y sintió como le arrebataban su bolsa. Le tomaron de los brazos y lo colocaron detrás de la espalda.

—¡No estaba protestando, lo juro!

—¿En serio?—Pregunto un policía y el que lo tenía paralizado aumento la presión.

—Solo compré una harina ¿Okey? Eso no es un delito.

—No, no lo es…—dijo el otro aflojando un poco.—Pero al verte mejor no tienes ninguna harina e ibas caminando cerca de la protesta.

—¡Pero ustedes me quitaron la bolsa!

—¿Esto?—Dijo el otro, logro verlo de reojo mientras alzaba la bolsa.—¿Qué dices? Está comida es mía.—Se burló.

A Damián se le helo la sangre, sintió y un escalofrío que le recorría la espalda, comenzó a respirar más rápido y sintió como las lágrimas le picaban en los ojos.

—Mira niño la cosa es esta.—Comenzo el que lo tenía paralizado.—La situación es ruda, lo sabes.—Aumento la presión. Damián gimió de dolor.—Danos la bolsa o te metemos a la cárcel.

—¡Tengo 17!

—Eso nunca ha sido un problema.

La lente de Damián comenzó a trabajar a toda velocidad. Tenía hambre, su madre tenía hambre, era todo lo que tenían, su padre se había ido. Hace mucho tiempo, tanto, que ni siquiera podía recordar su rostro. No podía hacerle eso a su madre y su se negaba de todas maneras le quitarían la bolsa.

—Llevensela. —murmuró, no había terminado de hablar cuando el guardia ya lo había soltado. Compartía una risa con otro.

Damián se levantó frotándose las muñecas. Bajo la mirada al sentir las lágrimas bajar por su rostro. Escuchó un disparo.

¡Bang!

Damián se levantó listo para correr.

—¡Tu no te muevas!—Le gritó otro guardia que había aparecido detrás de el. Damián levantó las manos en señal de rendición.

—No estaba protestando.—las palabras le salieron atropelladas.

—Lo se.—Contesto.

El policía con su arma apunto a los otros dos policías. Ambia se miraron y bajaron sus armas.

—Jefe… nosotros…

—¿Molestaban al pobre chico?

—No, no, no.

—Suficiente ¡Entreguéle la bolsa!

El policía temeroso le lanzó la bolsa encima.

—¡Auch!

—Ahora larguense.

Damián abrió la bolsa, la harina seguía ahí aunque la bolsa de la harina se hhabíaroto un poco dejando salir el contenido, por suerte la otra bolsa estaba ahí. El oficial le extendió la mano, Damián la tomo con su ayuda seimpulsóo hacia arriba.

—Muchas gracias.

—Es mi trabajo, no me agradezcas.—Dijo el oficial y comenzó a quitarle el polvo del cabello.

—Bueno, también era su trabajo.—Contesto Damián.—Tu…un policía nunca me había ayudado.—Admitoo el en voz baja.

—Una pena, yo hago la diferencia o eso intento, no puedo estar en todas partes.

—Tal ves necesitas más ayuda.

—Quizas.—admitio el policía.

Damián pensó por un momento, vio su uniforme. Medina decía el estampado de su camisa.

—¿Medina?—Pregunto y el asintió con la cabeza.—Yo soy Damián Vega.—Damián extendió su mano. Medina la estrechó.—Tu próximo compañero.

Medina lanzo una risita y Damián sonrió apenado, no solía ser tan abierto y menos con un adulto.

—¿Crees que quieres tener esta vida? Ser policía en este país es… complicado.

—Alguien tiene que hacer la diferencia.

El oficial Medina le sonrió y asintió. Damián se alejo y comenzó a correr alejándose de el.

—¡Lo veo de nuevo en unos años!—Le grito mientras se alejaba corriendo cubriendo su rostro con un trapo para evitar las bombas lacrimógenas.

Año 2019. Lugar no localizado.

Sentía la brisa fría de la noche revolver le el cabello. Sentía el rostro frío por las lágrimas que se le secaban. Se sentó detrás de un árbol, sintió como sus pantalones se llenaban de barro.

—Que asco.—Murmuro y se abrazo a ella misma.

Odiaba la tierra y todo lo que tenía que ver con la suciedad, odiaba su vida, odiaba todo. Pensó en lo que le habían dicho «tiene catorce, es normal que nos odie luego se le pasa» lanzo un bufido.

«Eso jamas» pensó.

Espero que el árbol la protegiera de las personas que la perseguían aunque sabía que muy pronto la encontrarían y…

Dejo de sumirse en sus pensamientos cuando escucho los gritos.

—¡Cállate!—Gritaba un chico.

—¡Es la verdad!

—¡No lo entiendes Javier!

—Pues iluminame genio.—Le dijo Javier al otro chico con un tono de amargura.—No puedo creer que todo este tiempo me has engañado ¡A todos! Esto me afecta a mi y a todos.

Ella comenzó a caminar un poco más para acercarse vio como ambos chicos estaban discutiendo, uno más alto con cabello castaño y el otro solo un poco más bajito con el cabello mas oscuro que ella había visto jamás.

—Sabias lo que significaba para mí.

—Y tu también sabías que esto para mí es importante.

—¿Tan importante como para mentir?

El chico castaño soltó la pregunta y el del pelo oscuro no dijo nada suspiro con pesadez. Ella apretó sus puños contra el árbol.

—Voy a desenmascarar tu mentira.—Dijo el del cabello castaño.

—No, Javi espera.—El chico del cabello oscuro se acercó y le tomo de la muñeca. —¡Tenía que hacerlo! Si no…Me quedaría sin nada.

Javier se liberó de su agarre y le empujó. El otro chico volvió a acercarse y Javier le lanzo un puñetazo que la hize retroceder un poco a ella, aunque estaba a una distancia considerablemente lejana no pudo evitar sentirse cerca. El chico de cabello oscuro le devolvió el puñetazo a Javier que lo hizo caer de culo. Miró al chico de cabello oscuro que seguía parado con el puño apretado. Tenía el labio roto y sangrante. Ella no pudo evitar llevar su misma mano a su propio labio por instinto. La pelea escaló y hacían más ruido.

Ella comenzó a dar pasosas atrás, se escuchaba bastante su pelea ¿Y si el ruido atraía al jefe? No, debía irse ya si no nunca sería libre.

Pero entonces sintió algo en su interior, algo caliente y reconfortante, eléctrico. Eléctrico, sabía que significaba eso. Al menos creía que era lo que significaba. Al mismo tiempo vio como Javier caía al suelo rompiendo hojas y ramas mojadas. Ella lanzo un grito ahogado. El otro chico miró a ambos lados se agachó para ver al Javier suspiro al ver como respiraba con dificultad. El comenzó a lanzar quejido y a disculparse torpemente.

—Me obligaste a hacerlo.—Murmuro pero aún así ella lo escucho.

«Me obligaste a hacerlo»

Esa frase, esa. Sintió como si algo se quebraba dentro de ella porque la había escuchado antes. Entonces su mente hizo click.

No era el que tuviera las mejores intenciones, no era quien tuviera la razón. Era quien arriesgaba todo por lo que quería conseguir.

Ella había perdido, el jefe había ganado porque sobrepeso lo que quería sobre ella, ese chico también ganó la pelea por defender lo que sea que estuviera defendiendo. La lección era clara.

Derríbalos o te derribarán a ti.

Dio unos pasos más atrás cuando vio al chico correr, alejándose del cuerpo de Javier que respiraba débilmente. Vio como corría, se dio cuenta de su rostro era… interesante. Él miro hacia atrás y la vio y gracias a eso se tropezó y cayó revolcándose en el lodo. Se levantó de nuevo y miro en su dirección. Está vez más rápido y se fue.

Cuando se levantó ella pudo ver cómo algo se le caía. Corrió, quizás sería dinero o algo.

Cuando estuvo cerca sonrió, era su billetera y cuando la abrió se enojó y lanzo un quejido. No tenía dinero. Pero saco una identificación. Tomó la identificación de plástico La misma cara marcada y el cabello oscuro. Ella contuvo la respiración. Vio su nombre.

Damián Vega.

Miró hacia atrás donde estaba Javier tirado en el suelo… una idea comenzó a cruzar su mente.

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Gấu bông
Me enamoré de tu manera de escribir, solo necesito saber cuándo publicas el próximo capítulo. 😍
Cinder Linh Nova: posiblemente mañana! y gracias por.todos 🥰
total 1 replies
Ludmila Zonis
¡No pares, sigue escribiendo!
Cinder Linh Nova: Eso haré!!!
total 1 replies
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