Shelsy Ereu , una jóven de belleza natural y esto párese ser su castigo, el destino es un criminal en su vida ,nada aprese salir según sus deseos .
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capitulo 5. NO ME SEPAREN DE MI HIJA!
El camión se detuvo.
—Chica, estamos en el retén.
Ella tomó a su hija en brazos y salió de la cabina de descanso. Las puertas estaban abiertas y la policía revisaba la carga en la parte trasera. El conductor le ofreció la mano para ayudarla a bajar.
Un agente se acercó.
—¿Y ella?
—La encontré en la carretera. Está herida, necesita ayuda.
La joven sostenía a su bebé con fuerza, pero se le dificultaba mantenerse en pie. Su pie dolía mucho. El agente le miró la pierna: se estaba poniendo morada, tal vez por lo apretado del trapo que la ataba.
Llamó a dos agentes más. Uno tomó a la bebé y el otro ayudó a la joven a caminar. La llevaron hasta el techo del CAI del retén.
Llamaron a una ambulancia. Después de hacerle unas preguntas y revisar los documentos del conductor, le indicaron que podía irse. Él fue hasta la cabina, sacó los pañales que había comprado y se los entregó a la chica.
—No te preocupes, ellos te ayudarán, señorita…
—Shelsy… es mi nombre. Shelsy. Y muchas gracias. Arriesgó su vida para ayudarme, nunca lo olvidaré.
—Tomás, ese es mi nombre. Tomás Pérez. Fue un placer ayudarla. Espero que todo mejore para ustedes de ahora en adelante.
Le tomó la mano, le dio un golpecito en la espalda y se fue. Ella observó las luces del camión desaparecer en la distancia, confundiéndose con las de los demás autos que ingresaban a la ciudad.
—¡Señorita! ¡Señorita! —la voz del agente llamó su atención.
—Por favor, dígame su nombre.
—Shelsy.
—¿Edad?
—17 años.
—¿La bebé es su hija?
—Sí, tiene tres meses.
—¿Tiene documentos?
—No, no señor.
En ese momento llegó la ambulancia. El paramédico bajó, habló con los agentes y luego revisó su pie.
—¿Quién le ató la tela? —preguntó con la mirada.
—Lo hice yo misma. Tengo una cortada muy profunda y no dejaba de sangrar.
—Ya veo. Entonces lo mejor será no soltarla hasta estar en el hospital —dijo el paramédico.
El agente aún tenía más preguntas, pero no había tiempo. Dieron aviso a la central y desde allí enviarían a alguien al hospital para continuar la investigación y asegurarse de que la joven fuera bien atendida.
La ayudaron a subir a la ambulancia junto con su bebé. El paramédico la acompañaba. Ella sentía miedo, pero también algo de tranquilidad. Estaba lejos de quien pudiera hacerle daño.
Sin embargo, también sentía angustia. Ahora estaba en una gran ciudad, un lugar desconocido, sin familiares y con su hija. Su rostro reflejaba preocupación.
El paramédico le tomó la mano.
—No te preocupes, todo estará bien.
Ella lo miró y asintió con la cabeza. Luego se recostó en la camilla con su hija.
Llegaron al hospital y la pasaron a la sala de revisión. El paramédico se quedó con ella hasta que llegara la persona enviada desde la estación de policía.
Nuevamente le preguntaron su nombre. Un pediatra entró para revisar a la bebé. Le explicaron que debían separarla de su hija por un momento mientras la examinaban a ella también.
Pero Shelsy se negó. No quería separarse de su bebé.
Los médicos no podían obligarla, así que decidieron llevarlas a ambas a una sala de procedimientos alejada del bullicio de urgencias.
Mientras estaban allí, llegaron dos policías y una promotora de protección a la infancia. Al ver la situación, la promotora pidió que llamaran a un psicólogo para apoyar a la joven.
La promotora se presentó y se ofreció a sostener a la bebé mientras el doctor revisaba a Shelsy. Los policías prometieron quedarse allí para protegerla.
El médico comenzó a retirar la venda que tenía en el pie. Estaba muy ajustada y, al soltarla, el sangrado volvió.
El médico se mostró preocupado.
—La herida es profunda. Parece que tocó una arteria. Lo primero que debemos hacer es cauterizarla, pero para eso debo llevarla a cirugía. ¿Quién responde por ella? Necesitamos familiares.
El paramédico, que hablaba con los policías y se disponía a irse, respondió:
—Doctor, es un caso especial. Los policías aquí presentes toman la responsabilidad sobre la joven y la bebé.
—Entiendo —dijo el doctor—. Por favor, señores agentes, necesito que uno de ustedes acompañe a la auxiliar de enfermería y llene los documentos. La bebé estará en pediatría. Por favor colóquenle una cinta de identificación con el nombre de la madre.
—¡No! ¡No! ¡No! ¡No se lleven a mi hija! ¡No me separen de ella! —gritó Shelsy desesperada, intentando levantarse de la camilla.
Su pierna dolía intensamente y una enfermera trataba de sostenerla. El doctor tomó rápidamente una inyección y se la aplicó en el brazo para tranquilizarla.
El pie comenzó a sangrar más debido a la agitación, así que el médico ordenó llevarla rápidamente al quirófano.
La promotora se quedó con la bebé mientras una auxiliar la llevaba al área de pediatría. Un agente se quedó con ellas y el otro fue a la sala de espera del quirófano junto al psicólogo que había llegado.
El psicólogo preguntó:
—¿Qué sabes de la chica?
—No mucho. Un camionero la dejó en el retén de la entrada. Dijo que la recogió en la carretera. Se escapaba de alguien. No tiene identificación y dice tener 17 años.
—Pobre… debió haberla pasado muy mal para estar en esas condiciones.
—Sí… muy mal. Tiene una mirada que refleja terror. Nos mandaron a investigar. Por ahora, mi compañero y yo seremos como su familia. Soy el capitán Wailer.
—Doctor Mario, psicólogo especialista en violencia intrafamiliar. Le aseguro que haré todo lo que esté en mis manos para ayudarla.
En ese momento llegó el médico.
—Ya limpiamos su pie. Por suerte no hay tendones dañados. El color morado ha ido cediendo; se debía a lo apretado del vendaje improvisado. No permitía la circulación de la sangre, pero también fue lo que la salvó. Si hubiera seguido sangrando, la situación sería más crítica.
—La joven está en sala de reposo. La sedación pasará pronto, pero mandé colocarle otro tranquilizante para que no esté tan alterada. Doctor Mario, me gustaría que estuviera con ella cuando despierte y la valore. Bajo el efecto del tranquilizante quizá pueda brindar más información.
El capitán Wailer preguntó:
—¿Qué pudo causarle la herida? ¿Fue un arma? ¿Un puñal?
—No. La herida no es uniforme. Había rastros de tierra, lodo y madera. La joven huía descalza. Creo que pudo haber pisado una roca filosa o restos de madera en el suelo. Tal vez por la rapidez no la vio.
—Está bien, gracias, doctor. ¿Yo también puedo pasar? Necesito saber qué le pasó.
—Está bien —respondió el médico—, pero le sugiero que deje que el doctor Mario haga las preguntas para evitar que ella se altere nuevamente. Si me necesitan, estaré en urgencias.
El médico se retiró.
El capitán Wailer y el psicólogo siguieron a una enfermera hasta la habitación donde estaba la joven.
la historia con el tiempo se mejora, te deseo mucho éxito.🙏