TEMPORADA 3 Y FINAL DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 1
— EN ALGUNA PARTE DEL UNIVERSO —
Todo era oscuridad.
Una oscuridad profunda donde ni la luz ni el sonido parecían existir.
Durante siglos…
nada se movió.
Hasta que el silencio se quebró.
CLANK.
Un engranaje giró en algún lugar de la penumbra.
Luego otro.
Y otro más.
El eco metálico resonó como si un antiguo mecanismo estuviera despertando después de incontables años.
Entonces… algo se movió.
Una silueta larga y serpenteante comenzó a deslizarse lentamente en la oscuridad.
Era colosal.
Un dragón morado, de cuerpo alargado como una serpiente divina, cubierto de escamas que apenas reflejaban la débil luz del lugar.
Su enorme cuerpo se onduló lentamente, como si despertara de un sueño que había durado siglos.
El silencio volvió a caer por un instante.
Y entonces…
abrió los ojos.
Dos ojos rojos brillaron en la oscuridad.
Fríos.
Antiguos.
Siniestros.
......................
La grieta en la barrera se cerró detrás de mí con un leve crujido de energía.
Apenas mis pies tocaron el suelo del Imperio Vampírico, sentí algo extraño.
El aire era distinto.
Más frío.
Más pesado.
Como si cada respiración estuviera impregnada de sangre.
— Tal como lo recordaba...
El bosque que me rodeaba estaba cubierto por árboles negros y retorcidos, con ramas que parecían garras intentando atrapar la luna.
Di unos pasos con cautela.
Intentando orientarme.
Pero entonces…
lo sentí.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Una presencia.
Luego otra.
—¡Intrusa!
La voz cortó el silencio del bosque.
Giré la cabeza de golpe.
Entre los árboles aparecieron figuras con armaduras oscuras. Sus ojos brillaban con un resplandor rojo bajo la luz de la luna.
Soldados vampiros.
Uno de ellos levantó la mano.
—¡CAPTÚRENLA!
—Lo que faltaba… —chasqueé la lengua con fastidio.
No lo pensé.
Corrí.
El bosque explotó en movimiento.
Salté raíces, esquivé troncos y me abrí paso entre la maleza mientras el viento golpeaba mi rostro.
Pero detrás de mí…
los vampiros eran rápidos.
Demasiado rápidos.
Sus pasos apenas tocaban el suelo. Parecían sombras deslizándose entre los árboles.
—¡NO LA DEJEN ESCAPAR!
Uno apareció a mi lado de repente.
Su rostro pálido giró hacia mí.
—Una humana…
Su sonrisa fue cruel.
—El emperador estará complacido.
Extendió la mano para atraparme.
Reaccioné al instante.
Un talisman plateado salió disparado desde mis dedos.
El papel se pegó a su pecho.
—¡¿Qué—?!
BOOM
Una explosión de luz lo lanzó contra los árboles.
No me detuve.
Seguí corriendo.
Pero entonces…
CRACK
Un rayo de energía roja impactó contra un árbol frente a mí.
La madera explotó en astillas.
Me detuve en seco.
—La tenemos.
Tres vampiros descendieron desde las ramas, aterrizando frente a mí como depredadores.
Detrás de mí escuché a los otros acercarse.
Estaba rodeada.
Uno de ellos inclinó la cabeza observándome.
—Interesante…
Sus ojos brillaban con una mezcla de curiosidad y hambre.
—Una humana entrando sola al Imperio Vampírico… Qué nostalgia. Han pasado siglos desde la última vez que probé la sangre de un humano.
Otro vampiro sonrió mostrando los colmillos.
—Quizás no sea humana…
—Pero su sangre lo es.
Dio un paso hacia mí.
—Y eso es lo único que importa.
Respiré hondo.
Mi mano se cerró alrededor de varios talismanes ocultos en mi manga.
Entonces…
en mi ojo…
la voz de Lif susurró con calma.
—Aelina.
—Creo que este sería un buen momento para escapar.
Sonreí con ironía.
—Eso pensaba.
Dejé caer los talismanes al suelo.
Los talismanes se activaron de inmediato.
Los vampiros lo notaron demasiado tarde.
—¿Qué es es—?
BOOM
Una explosión de humo y energía cubrió todo el bosque.
La tierra tembló.
Las hojas volaron por el aire.
Cuando el humo comenzó a disiparse…
los vampiros miraron alrededor.
—¿Dónde está?
—¡La intrusa!
Pero ya no había nadie allí.
Muy lejos de ese lugar…
corriendo entre la oscuridad del bosque…
Aelina se alejaba a toda velocidad.
Sus ojos dorados brillaban bajo la luna.
Usé un talismán de ocultación.
El sello brilló un instante entre mis dedos antes de adherirse a mi ropa, envolviéndome en una capa de energía que distorsionaba mi presencia.
Sabía que no era perfecto.
Podía ocultar mi aura y mi figura…
pero no podía ocultar el olor de mi sangre.
Y para los vampiros…
mi sangre era demasiado tentadora.
Aun así, no tenía otra opción.
Saqué y salté sobre mi katana.
El filo flotó en el aire como si fuera parte de mí.
—Vamos…
Con un impulso de energía me elevé hacia el cielo nocturno.
El viento golpeó mi rostro mientras atravesaba el bosque oscuro del imperio vampírico.
Debo ir con ese hombre.
Si le ofrezco un buen trato…
tal vez pueda ayudarme, pensé.
Mientras volaba observaba el paisaje bajo mis pies.
Los bosques negros se extendían hasta donde alcanzaba la vista.
Entre ellos aparecían ciudades de piedra oscura, con una atmósfera victoriana sombría que conocía demasiado bien.
Era una escena que había visto innumerables veces en mi segunda vida.
Calles empedradas.
Faroles rojizos iluminando la niebla.
Carruajes recorriendo las avenidas.
Pero muchos ya no eran simples carruajes.
Ahora estaban motorizados, impulsados por máquinas de vapor y tecnología mágica.
Entonces lo vi.
A lo lejos, flotando entre las nubes oscuras…
un enorme dirigible militar.
Sus hélices giraban lentamente mientras avanzaba sobre una de las ciudades vampíricas.
Me detuve un instante en el aire.
Y sonreí.
—Así que al final sí lo construyeron…
Después de todo…
yo misma había diseñado los planos del dirigible en mi segunda vida y ordenado su creación.
Verlo volar ahora era como observar un eco de mi antiguo mundo.
Pero pronto mi mirada se dirigió hacia otro lugar.
Más allá de la ciudad.
Sobre una enorme montaña negra se alzaba una fortaleza que dominaba todo el paisaje.
El Castillo del Duque Vampiro.
Un castillo gigantesco de piedra oscura, con torres altas y puntiagudas que se alzaban hacia el cielo como lanzas.
Las ventanas brillaban con una luz roja tenue, como si la sangre misma iluminara su interior.
La luna llena se alzaba detrás de la fortaleza, envolviéndola en una atmósfera aún más inquietante.
Un camino serpenteante ascendía por la montaña hasta llegar a los enormes portones del castillo.
Lámparas rojizas iluminaban la entrada mientras patrullas de vampiros vigilaban los alrededores.
Era una visión imponente.
Oscura.
Majestuosa.
Y demasiado familiar.
Sonreí con nostalgia.
Porque dentro de ese castillo…
se encontraba el único noble que permaneció neutral…
el Único que jamás me traicionó.
El duque Cassian Bloodthorn.