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¿A Dónde Vamos?

¿A Dónde Vamos?

Status: En proceso
Genre:Dominación / Equilibrio De Poder / Doctor / Apoyo mutuo / Romance
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Fer.

Grace, estancada en el desempleo y la monotonía, decide arriesgarlo todo por una conexión virtual de años. Junto a su mejor amiga, cruza la frontera para conocer a Noah, un dedicado estudiante de medicina que vive consumido por la exigencia de sus guardias hospitalarias. Aunque Noah queda cautivado al ver que ella es más hermosa en persona de lo que imaginó, no está dispuesto a comprometerse: su carrera es su única prioridad. Sin embargo, la química física y emocional pronto desbarata sus planes. ¿Podrán construir un futuro real o simplemente el trabajo consumirá a un lado?

NovelToon tiene autorización de Fer. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Parte 17

Noah

No sabía cómo arreglar la cagada que había cometido con Grace. Tampoco sabía cómo pedirle que se quedara, que me diera otra oportunidad... ni cómo prometerle que volvería si se iba. Incluso había pensado en dejarlo todo e irme con ella, solo para asegurarme de que regresara, pero no tenía idea de cómo hacerlo. Me sentía un imbécil, atrapado en mis propios errores, y lo peor era que cada día que pasaba me alejaba más de ella.

—Doctor Rojas, hoy no está concentrado —me señaló mi superior, con una mirada seria, casi de reproche.

Asentí, bajando la vista.

—Tengo muchas cosas en la cabeza.

—¿Sucedió algo con su pareja? —preguntó con calma, cruzándose de brazos.

Su palabra me golpeó: pareja. ¿Grace era mi pareja? ¿De verdad lo era? ¿O simplemente era alguien con quien compartía un techo y algunas noches? La duda me atravesó como una lanza. ¿Yo la quería como tal?

Respiré profundo, intentando asimilar la pregunta.

—Sí... tal parece que nunca la hice sentir como debía —confesé al fin. Y era la verdad. Nunca la había hecho sentir como merecía. Todo era mi culpa.

Mi mentor me observó con empatía, ladeando un poco la cabeza.

—Eso debe arreglarlo, Rojas. Las mujeres quieren amor, y uno como hombre tiene que dárselo. —Sonrió con nostalgia—. Mi esposa, antes de ser mi esposa, se embarazó. Éramos apenas unos niños, intentando ser padres a los veinte años. No teníamos nada, pero siempre estuvo para mí, incluso cuando yo estudiaba y trabajaba como loco. Sin ella, yo no sería lo que soy hoy.

Sus palabras me perforaron. Sentí un peso extraño en el pecho. Yo no había estado para Grace, nunca de la manera correcta. Quise decir algo más, prometerme que cambiaría, que haría lo necesario, pero no tuve tiempo. Una enfermera irrumpió en la sala, casi sin aliento.

—¡Doctor! Necesitamos médicos urgentes. ¡Urgencias está en sobrecarga, hubo un accidente en la autopista! —anunció con desesperación.

—Claro, ¿qué tenemos? —respondió mi mentor al instante, poniéndose de pie.

La enfermera revisó una hoja en sus manos, su voz temblaba.

—Viene un helicóptero con una mujer de 24 años, extranjera. Tiene aproximadamente diez semanas de gestación. Debemos hacerle todo lo necesario. El hombre que iba con ella también viene, pero no sabemos cuál de los dos está más grave.

El aire me faltó un segundo. "Diez semanas... embarazada..." El dato me quemó por dentro como un hierro al rojo vivo. Tragué saliva, pero la garganta estaba seca.

Aun así, subimos juntos al ascensor para esperar la llegada del helicóptero. Todo pasó en cuestión de segundos, pero para mí cada paso era eterno.

Por alguna razón, una ansiedad desconocida me recorría. La edad coincidía con la de Grace, pero ella no podía ser. Era imposible... ¿O no? Me invadió un pensamiento punzante: cada noche que habíamos estado juntos, ¿cuándo fue la última vez que usé protección? Recordé su voz clara como un eco: "Los anticonceptivos me hacen daño."

La sangre me abandonó el rostro. El estómago se me retorció.

El helicóptero aterrizó con un rugido metálico que me heló la piel. El viento que generaban las hélices me golpeaba la cara, pero yo apenas lo sentía. Lo primero que bajaron fue al hombre. Estaba grave, apenas consciente, con la ropa manchada de sangre, pero sus pupilas respondían. Lo revisé de inmediato, casi en automático, siguiendo el protocolo. Si él resistía, entonces la mujer debía ser la más comprometida.

—La mujer presenta sangrado abundante, no frena —informó uno de los paramédicos, mientras la trasladaban a la camilla. Su voz sonaba apagada, casi derrotada.

Giré para acercarme, pero la voz de mi mentor me detuvo en seco.

—¡Doctor Rojas, no se acerque! —me gritó con firmeza.

Me quedé paralizado, confundido. Los demás médicos también me miraron sorprendidos.

—¿Por qué? —pregunté con voz tensa, sintiendo cómo algo oscuro empezaba a apretar mi pecho.

La mujer, inconsciente, apenas volvió en sí un instante mientras la acomodaban. Sus labios se movieron con esfuerzo, apenas un murmullo que nadie alcanzó a entender, antes de volver a desmayarse.

La escuché. Esa voz. Esa voz me atravesó el pecho como un cuchillo. Me giré un poco y logré verla de reojo. La respiración se me cortó. El corazón me dio un vuelco, golpeando con violencia contra mis costillas. Se me hacía conocida. Demasiado conocida.

—Rojas, será mejor que te retires. Yo la atenderé —ordenó mi mentor con tono grave.

—¿Por qué? —pregunté, con un nudo en la garganta, ya sabiendo, ya temiendo la respuesta.

Uno de los paramédicos habló entonces, revisando los papeles que traía.

—Los documentos dicen que se llama Grace Ramos. Extranjera, del país vecino.

Sentí que el mundo entero se me desmoronaba en un segundo. Las piernas me temblaron. El aire no entraba en mis pulmones. Las voces a mi alrededor se volvían lejanas, como si alguien hubiera sumergido mi cabeza bajo el agua.

¿Grace? ¿Por qué estaba en la autopista?

¿Hoy... se iba a ir?

¿Y... estaba embarazada?

No podía ser. No quería creerlo. Todo lo que había evitado pensar me estallaba ahora en la cara.

—El doctor Rojas no puede atenderla —dictaminó mi superior, con un tono seco que no admitía réplica.

—¿Por qué? —balbuceé, casi sin voz, sintiendo que todo se me escapaba de las manos.

El paramédico levantó la vista hacia mí, con seriedad, como quien sabe que está por destrozar a alguien con una sola frase. Me miró directo a los ojos, y soltó la bomba que me partió en mil pedazos:

—Porque es el padre del bebé.

El suelo desapareció bajo mis pies.

El mundo se me vino abajo. El sonido del helicóptero aún resonaba en mis oídos, pero ya no lo escuchaba. Sentí como si todo se hubiera apagado, como si el tiempo se hubiera detenido en un segundo eterno que me aplastaba el pecho.

"Padre... del bebé."

Las palabras me golpeaban una y otra vez, como un martillo cruel.

Miré alrededor, buscando un ancla, algo que me devolviera al suelo, pero solo veía rostros tensos, manos moviéndose rápido, luces parpadeando en los pasillos, voces mezcladas en un torbellino de urgencia. Yo estaba ahí, pero al mismo tiempo estaba perdido en otro lugar, en el recuerdo de Grace sonriendo tímidamente, en la forma en que me miraba cuando creía que yo no me daba cuenta.

Mis manos comenzaron a temblar. Tuve que apretarlas contra mi bata blanca para disimularlo. El aire no entraba; respiraba como si mis pulmones estuvieran rotos.

Grace. Mi Grace. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué no estaba lejos, como había dicho que haría? ¿Por qué había terminado en una autopista, sangrando, con una vida dentro de ella? ¿Nuestra vida?

Un torbellino de imágenes se me cruzó de golpe: noches enredados en las sábanas, su risa apagando mi mal humor, su voz repitiéndome que los anticonceptivos no eran para ella... y yo, estúpido, confiado, creyendo que el mundo me iba a esperar, que siempre habría tiempo para quererla como se merecía.

Me ardían los ojos. Tuve que parpadear con fuerza para contener las lágrimas que amenazaban con salir en medio de todos. No podía quebrarme ahí, pero tampoco podía huir.

—Doctor Rojas, retírese de inmediato —repitió mi superior, esta vez con más firmeza, casi con dureza.

Lo miré, pero no lo veía. La garganta se me cerraba y solo podía pensar en correr hacia la camilla, apartar a todos y tomarle la mano, prometerle que no la dejaría, que no se iría sola... ni ella, ni el bebé. Nuestro bebé.

Pero mis piernas no se movieron.

Me quedé helado, con el corazón rompiéndose dentro del pecho, sintiendo que estaba viviendo una pesadilla demasiado real.

Grace estaba ahí, tendida, frágil, y yo... yo era el culpable de todo.

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Maria Elena Martinez Lazaro
Tenía que pasar esto para que Noah reaccionara
Maria Elena Martinez Lazaro
Sabía que esto iba a pasar solo se iban a vivir así sin conocerse bien y sin Noah tener claro lo que siente por ella, ya que Grece si está segura de su amor hacia él , Pero para Noah es más importante su carrera que Grece . que lastima que esto vaya a terminar mal
Maria Elena Martinez Lazaro
Grace no debería de pensarlo mucho y quererte ahí, no viviendo con Noah ni que te mantenga , de pronto en esa cuidad te va mejor y consigas un buen trabajo y de paso miras si tú relación con Noah pueda funcionar
Maria Elena Martinez Lazaro
Hola querida autora fer que pena si te incómodo con mi comentario Pero la verdad no entendí bien este capítulo no se quiénes son estos nuevos personajes de la historia si estábamos leyendo la de Grace y Noah entonces quien es Lía y Harold?
Maria Elena Martinez Lazaro: A ya, yo si decía que estaba perdida , pero se ve super buena ya la quiero leer me podrías decir si la vas a subir por esta app porque quedé con ganas de leerla, Gracias por la aclaración y bendiciones
total 2 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente la historieta Díos te bendiga querida Fer y que sigas cultivando ese talento maravilloso que te ha regalado
Fer: Muchas gracias 🥰
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Gracias autora Fer , bendiciones 👏👏👏👏
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