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EL HEREDERO "PROHIBIDO"

EL HEREDERO "PROHIBIDO"

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Embarazo no planeado
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Luiselys Marcano

"Ella no tiene nada; él lo tiene todo. Pero un secreto de nueve meses cambiará las reglas del juego."

NovelToon tiene autorización de Luiselys Marcano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Huida en la Oscuridad

POV: ELENA

El frío en la mirada de Victoria era más letal que cualquier bisturí. Sus palabras se clavaron en mi pecho: "Un accidente en las escaleras". Miré las fotos en el sobre y luego mi vientre. No podía permitir que ella tocara a mi hijo.

Sebastián no estaba aquí para protegerme, y su familia me borraría del mapa si Victoria se los pedía.

—Me iré —susurré, con la voz temblando—. Pero no quiero tu dinero, Victoria. Solo quiero que nos dejes en paz.

—Tienes una hora, doctora. Si las cámaras de seguridad te ven aquí después de la medianoche, mi oferta de "paz" se convierte en una tragedia —sentenció ella, saliendo de la habitación con una sonrisa de victoria.

Me levanté de la cama, ignorando el mareo y el dolor en mi mejilla. Me quité la bata de paciente y, con movimientos torpes, me puse mi ropa civil. Necesitaba a Lucía. Pero no podía arriesgarla a ella. Salí por la puerta trasera de la suite, evitando el control de enfermería. Cada sombra en el pasillo parecía el rostro de un asesino pagado por los De la Vega o los Alarcón.

Bajé por las escaleras de servicio, con el corazón en la garganta. Al llegar a la salida de ambulancias, el aire frío de la noche me golpeó. Estaba sola, sin dinero y con un hijo que el mundo entero parecía querer arrebatarme.

POV: LA CONDESA ELVIRA DE MONTECLARO

Había pasado las últimas cuatro horas en un laboratorio privado, pagando una fortuna para que procesaran las muestras en tiempo récord. El técnico salió con un sobre sellado. Sus manos temblaban un poco al entregármelo.

—Señora Condesa... los resultados son concluyentes —dijo, sin atreverse a mirarme a los ojos.

Rasgué el sobre. Mis ojos se nublaron al leer la cifra: 99.9% de compatibilidad genética.

Un sollozo se me escapó. No era una corazonada. No era una locura. Elena, la residente maltratada, la chica a la que llamé "sirvienta", era mi hija. Mi pequeña, a la que Arturo me dijo que habíamos enterrado hace dos décadas.

—¡Arturo me mintió! —rugí en el silencio del laboratorio—. ¡Me la robaron y me hicieron vivir un luto de veinticinco años!

Llamé a mi chofer de inmediato.

—¡Al hospital! ¡Ahora mismo! Y llama al abogado. Quiero a la policía en la puerta del Hospital Real en diez minutos.

POV: SEBASTIÁN

Había terminado de lidiar con Bernardo. El tipo estaba ahora bajo custodia por extorsión y agresión, pero algo me decía que la tormenta no había terminado. Corrí de regreso a la habitación de Elena, ignorando las llamadas de mi madre.

Al entrar, la habitación estaba vacía. Las sábanas estaban revueltas y el sobre con las fotos de la gala yacía en el suelo.

—¡Elena! —grité, pero solo el eco me respondió.

En ese momento, mi teléfono sonaba. Era la Condesa Elvira. Su voz sonaba diferente, llena de una fuerza que nunca le había escuchado.

—Sebastián, escucha con atención —dijo ella—. Elena es mi hija. Los resultados acaban de llegar. Es una Monteclaro. Pero he recibido un aviso de mi servicio de seguridad: Victoria De la Vega fue vista saliendo de su habitación hace poco y Elena ha desaparecido de las cámaras.

—¡Maldita sea! —golpeé la pared—. Victoria la amenazó.

—Búscala, Sebastián. Si algo le pasa a ella o a mi nieto, juro que los Alarcón y los De la Vega caerán conmigo. Estoy llegando al hospital.

POV: ELENA

Caminaba por la calle oscura, a tres cuadras del hospital, tratando de ocultar mi rostro. De repente, un coche negro de cristales tintados frenó de golpe a mi lado. La puerta se abrió y dos hombres bajaron. No eran policías. Tenían el aspecto de guardaespaldas privados.

—Doctora Valente, la señorita Victoria dice que no fue lo suficientemente rápida —dijo uno de ellos, agarrándome del brazo con una fuerza brutal.

—¡Suéltenme! ¡Ayuda! —grité, pero la calle estaba desierta.

Me arrastraron hacia el coche, pero antes de que pudieran meterme dentro, unas luces largas iluminaron la escena. Un coche deportivo frenó en seco, bloqueando el paso. Era Sebastián. Y detrás de él, el coche oficial de los Monteclaro con la sirena de escolta encendida.

Sebastián bajó del coche como un rayo, con un arma en la mano que no sabía que tenía.

—¡Suéltala ahora mismo si quieren seguir respirando! —rugió.

Pero fue la Condesa quien bajó del segundo coche. Se interpuso entre los hombres de Victoria y yo. Su presencia era imponente, casi real.

—¡Atrévanse a tocar a la Heredera de los Monteclaro! —gritó Elvira, con el sobre de los resultados de ADN en la mano—. ¡Desde este momento, Elena Valente es una Monteclaro y está bajo mi protección personal! ¡Y quien la toque, le declara la guerra a mi linaje y familia!

Los hombres de Victoria, al ver el despliegue de los Monteclaro y a Sebastián Alarcón dispuesto a todo, soltaron mi brazo y retrocedieron hacia su vehículo, huyendo en la oscuridad.

Me desplomé en el suelo, pero esta vez, Sebastián y Elvira llegaron al mismo tiempo para sostenerme.

—Ya pasó, Elena —susurró Sebastián, besando mi frente—. Estás a salvo. Todos lo saben ahora.

—Hija, mi niña... —murmuró la Condesa, envolviéndome en su abrigo de piel—. Perdóname por haber tardado tanto en encontrarte.

Miré a ambos, y por primera vez en mi vida, sentí que el hambre y el frío de mi infancia habían terminado. Pero sabía que esto solo era el comienzo: Victoria y los Alarcón no se quedarían de brazos cruzados.

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Angelica Canquiz
me encanta🎁😘🇻🇪
yzil: gracias por tu apoyo soy nueva en esto ☺️👏
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Aurora Rico
Fastidia que siendo profesionista no tengan cerebro, 🤔😤 se necesita 2 dedos de frente para sumar 1+1
yzil: me gusta que interactúen con los personajes ☺️👏
total 1 replies
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