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La Reina De La Mafia.

La Reina De La Mafia.

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Mafia / Traiciones y engaños / Venganza de la protagonista
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Ron Novel

Isabella Rinaldi y Alessandro Salvatore

NovelToon tiene autorización de Ron Novel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 23

Isabella

Aless y yo nos miramos en silencio. Aún no puedo creer que lo haya llamado «amor»; es una palabra que ni siquiera suelo usar con Antonio.

—Déjalo. Quiero que lo dejes ya —ordena con voz seria.

Sus ojos me lo suplican, aunque sus palabras suenen a mandato.

—Lo haré, hoy mismo —le aseguro, y noto cómo su expresión se alivia de inmediato—. Se lo diré... a medias, pero lo haré.

Veo cómo su mirada se suaviza y su respiración se acompasa; es como si hubiera estado conteniendo el aliento todo este tiempo. Sus labios buscan los míos de nuevo, pero esta vez el beso es menos salvaje, más cargado de una promesa silenciosa.

—Me gustó cómo me llamaste —susurra sobre mi boca al separarse.

Siento el calor subir por mis mejillas. Dios, qué vergüenza.

—Espero que, de ahora en adelante, me llames así —añade con una sonrisa.

—Como digas, mi amor —respondo, y esta vez es él quien sonríe de oreja a oreja.

Aless me lleva a casa, pero mi corazón da un vuelco en cuanto diviso el auto de Antonio estacionado frente a la entrada.

—Está aquí —anuncio tensa.

—Entonces entraremos los dos —dice él, pero lo sujeto del brazo antes de que pueda abrir la puerta.

—No, por favor. Si vas tú, se pondrá peor. Tranquilo, yo me encargaré. Te llamaré en cuanto termine —le digo, sellando la promesa con un beso rápido.

Bajo de la camioneta y observo cómo se aleja hasta desaparecer de mi vista. Al entrar en la casa no veo a Antonio por ninguna parte, así que supongo que está en mi habitación. Efectivamente, allí lo encuentro.

—¿Dónde estabas? —pregunta molesto apenas cruzo el umbral.

—Qué bueno que estás aquí, quería hablar contigo —digo, ignorando su cuestionamiento.

Antonio se levanta y camina hacia mí con paso firme.

—¿Pasa algo?

Respiro hondo antes de continuar. No sé cómo soltar esto.

—No quiero seguir contigo —suelto de golpe. Él retrocede un paso, mirándome con total confusión.

—¿Qué?

—Quiero terminar nuestra relación, Antonio.

Se queda en silencio, procesando mis palabras. Sus ojos escanean mi rostro buscando una explicación que no encuentra.

—¿Por qué? ¿He hecho algo malo? —pregunta, y siento cómo se me forma un nudo en la garganta.

—No, tú no has hecho nada malo. Pero yo sí.

El silencio se prolonga. De pronto, Antonio se acerca más. Está a punto de decir algo, pero su expresión cambia drásticamente. Se inclina y me huele. Siento cómo la sangre abandona mi rostro.

¡Demonios!

Él se aleja con una mueca indescifrable.

—Discúlpame. No voy a darte excusas porque no las hay —balbuceo—. Estuve mal, muy mal.

Antonio camina hacia mi tocador y apoya las manos sobre él, tratando de digerir la traición.

—¿Por qué, Isabella? ¿Es que no soy suficiente para ti?

—No es eso, Antonio. Simplemente...

—¿Despertaste sentimientos por esa persona? —me interrumpe.

Guardo silencio durante un largo rato. Finalmente, asiento.

—Sí. Han crecido sentimientos por él —respondo. Él vuelve a asentir, sin mirarme—. Perdóname. No quería hacerte daño, eres importante para mí... No quería lastimarte, pero sé que lo hice y no sabes cuánto lo siento.

Antonio se gira, se acerca y pega su frente a la mía en un gesto desesperado.

—Solo dime que me quieres y que aún sientes algo por mí. Podemos volver a empezar. Olvidaremos esto, solo prométeme que no volverá a pasar —suplica, esperando una respuesta que no puedo darle.

—Te quiero, Antonio, pero no puedo seguir contigo. No mientras quiera a alguien más.

—No puedo dejarte. No puedes dejarme tú a mí, Isabella.

Tomo sus manos, las aparto de mi rostro y tomo distancia.

—No quiero seguir lastimándote. Por favor, entiende que ya no hay solución para lo nuestro.

Su expresión se transforma. La tristeza se evapora para dar paso a una furia ciega.

—¿Qué tiene él que no tenga yo? ¡Dímelo! —grita, ardiendo en cólera.

Me quedo callada; no quiero herirlo más de lo necesario.

—Por favor, Antonio...

—¡Dímelo! ¿Dónde empezó todo? ¿Antes o después de quedar atrapados en esa isla? —pregunta con veneno.

El alma se me cae a los pies. ¿Ya lo sabía?

—No puedo creer que me creyeras tan estúpido, Isabella. Te comportabas de forma extraña desde que regresaste de esa isla. Era obvio. ¿Crees que soy idiota?

—No, claro que no.

De pronto, Antonio suaviza su expresión. Ese cambio tan repentino me confunde y me aterra.

—Te perdonaré si me dices que no lo quieres. Dime que te arrepientes y que no volverá a pasar. Por favor, no arruinemos esto; somos el primer amor del otro. Tenemos planes... no lo tires todo por algo que será pasajero.

—No me importa si es pasajero, Antonio. No quiero estar contigo mientras pienso en otra persona. No quiero decirte que te quiero cuando amo a alguien más. Por favor, entiéndelo...

—¡NO! No lo voy a entender porque no tiene sentido. ¡Dime que no volverá a suceder! —exige, alzando la voz cada vez más—. ¡DÍMELO!

—¡NO! —le devuelvo el grito con la misma intensidad—. ¡NO PUEDO!

Antes de que pueda reaccionar, la palma de su mano impacta contra mi mejilla en un golpe seco y sordo. La fuerza del impacto me lanza al suelo. Me llevo la mano a la cara, aturdida, sin poder creer lo que acaba de pasar.

Antonio intenta abalanzarse sobre mí, pero en ese instante la puerta vuela de una patada. Ni siquiera me había dado cuenta de que le había echado el cerrojo. Alessandro irrumpe en la habitación. Su mirada se oscurece al verme en el piso, sujetándome la mejilla. No lo duda un segundo: se lanza sobre Antonio, lo estampa contra el suelo y empieza a golpearlo con una furia ciega.

—¡Aless, para! —grito intentando acercarme, pero él me aparta de un empujón para que no me salpique la pelea.

Ambos se enzarzan en una lucha brutal, pero el rostro de Antonio pronto queda irreconocible bajo los puños de Alessandro. Antonio logra zafarse y arremete contra él, pero Aless esquiva los golpes con destreza.

—¡Paren ya! —suplico a gritos.

Alessandro estrella a Antonio contra el espejo del tocador. Los cristales estallan. En un movimiento desesperado, Antonio toma un trozo de vidrio y apuñala a Alessandro en el brazo. Aless ni siquiera se inmuta; le resta importancia a la herida y continúa el ataque.

De repente, mis hombres y los de Alessandro entran en la habitación.

—¡Sepárenlos! —les ordeno.

A duras penas logran distanciarlos. Me acerco rápidamente. Alessandro solo tiene esa herida sangrante en el brazo, pero Antonio está destrozado.

—¿Cómo te atreves a golpearla? —ruge Alessandro, forcejeando contra los hombres que lo sujetan—. ¡Te voy a matar, maldito!

—¡Nadie va a matar a nadie! —grita mi madre, entrando en la habitación con la bebé en brazos.

Se queda horrorizada ante la escena. Detrás de ella aparecen mis amigas. Mi madre clava la vista en mi mejilla y el enojo enciende sus ojos.

—¿Quién te pegó? —pregunta con voz gélida.

—El maldito al que le voy a cortar las manos —responde Alessandro con los dientes apretado.

Mi madre no pregunta por qué ha pasado todo esto; ella está al tanto de la situación, al igual que mis amigas. Se lo conté todo.

—Antonio, por favor vete —dice mi madre con firmeza—. Y no vuelvas a poner un pie en esta casa.

Sueltan a Antonio, pero mantienen sujeto a Alessandro, que sigue luchando por lanzarse sobre él. Antonio me dedica una última mirada cargada de resentimiento, pero no se mueve.

—Más te vale largarte antes de que te mate —sentencia Alessandro.

Finalmente, Antonio retira la vista y sale de la habitación, desapareciendo por el pasillo.

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Nathaly Paez
no había podido leer los capítulos Pero está demaciado. buena está novela 👀 espero hasta que actualizes. nuevamente🤭🥰
ana rosa cobos torres
creo que Antonio quiere eliminarla
Anastasia Mirian Barrios
🥰
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