En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."
En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".
Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.
En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.
¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?
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Capítulo 12
El estruendo de los rotores de los drones de asalto sobre el búnker fue el último aviso antes de que el infierno se desatara. Alessandra Volkov, con el arma en mano y los ojos encendidos en un carmesí autoritario, dirigía la defensa con la frialdad de una estratega que ya no tenía nada que perder porque lo acababa de encontrar todo.
—¡Fuego a discreción! —rugió Alessandra, mientras las torretas automáticas del refugio empezaban a escupir plomo hacia los mercenarios del Consejo de Alphas que descendían por las laderas.
Victoria Thorne, a su lado, manejaba los sistemas tácticos con una precisión quirúrgica. Pero en medio de la lluvia de balas y el humo, ocurrió lo impensable. Una brecha en el sector sur permitió que un escuadrón de élite liderado por Dante se infiltrara en la zona de seguridad donde los Lagos intentaban resguardarse.
—¡Lucía! —el grito de Elena desgarró el aire cuando vio a un mercenario apuntar directamente a su hija menor.
Lucía, paralizada por el terror de ver su mundo desmoronarse, no reaccionó. Pero Roberto, el hombre que Alessandra despreciaba por su "fragilidad de pobre", se movió con un instinto que ninguna jerarquía de oro podía explicar. No era un Alpha, no tenía el Experimento 04 en las venas, pero tenía el amor de un padre.
Roberto se lanzó sobre Lucía justo cuando el mercenario apretaba el gatillo. El impacto del proyectil en su espalda sonó como una rama seca rompiéndose. El hombre cayó pesadamente sobre Lucía, cubriéndola con su cuerpo y bañando el suelo con una sangre que, aunque no era la misma de los Volkov, era la que realmente la había criado.
—¡Papá! —el alarido de Lucía fue tan potente que incluso Alessandra se detuvo un segundo.
La Viuda de Hierro, viendo a Roberto caer para salvar a su hija, sintió una punzada de respeto que nunca pensó sentir por un Beta. Alessandra giró su arma y vació el cargador sobre el escuadrón infiltrado con una furia ciega, mientras Victoria corría a socorrer a la joven.
El sacrificio de Roberto no fue en vano. Su caída le dio a Alessandra el tiempo necesario para activar el protocolo de autodestrucción de las comunicaciones del Consejo, bloqueando sus cuentas y enviando pruebas de sus experimentos ilegales a la prensa internacional. Por ahora, el Consejo de Alphas tendría que esconderse en las sombras para evitar la justicia global. La batalla del búnker había terminado, pero a un costo devastador.
UN AÑO DESPUÉS:
La mansión Volkov ya no olía solo a sándalo y tormenta; ahora había un matiz de flores frescas y un silencio más pacífico, aunque siempre vigilante.
Roberto sobrevivió de milagro, aunque la bala había rozado su columna, dejándolo con una cojera permanente. Elena pasaba sus días cuidándolo en una de las alas de la mansión que Alessandra les había cedido. La relación entre Elena y Roberto era una sombra de lo que fue; él la perdonó, pero el divorcio seguía sobre la mesa como una posibilidad latente, mientras ella intentaba redimirse cada día.
En el jardín principal, Lucía y Victoria caminaban de la mano. Lucía había aceptado estudiar derecho internacional, pero se negaba rotundamente a usar el apellido Volkov. Para ella, Alessandra era "la mujer que le dio la vida", pero Roberto seguía siendo su padre.
—¿Crees que algún día deje de mirarnos como si fuera a mandarnos al calabozo? —preguntó Lucía, mirando hacia el balcón donde Alessandra las observaba con los brazos cruzados.
Victoria soltó una risa queda y atrajo a Lucía hacia ella, robándole un beso suave a plena luz del día.
—Alessandra aceptó nuestra relación el día que entendió que, si intentaba separarnos, me convertiría en su peor enemiga. Además... ahora tiene una distracción mayor.
Dentro de la habitación principal, Fabiana se miraba al espejo. Ya no era la chica resentida del Cinturón con vestidos de seda sintética. Vestía una bata de seda pura valorada en miles de dólares, pero su mano no acariciaba la tela, sino su vientre, que empezaba a curvarse con tres meses de embarazo.
La puerta se abrió y el aroma dominante de Alessandra llenó la estancia. La Alpha se acercó por detrás, envolviendo a Fabiana en un abrazo posesivo, sus manos grandes descansando sobre las de su esposa.
—¿Cómo se siente hoy el futuro del imperio? —susurró Alessandra, hundiendo su rostro en el cuello de Fabiana, donde la marca de la Alpha brillaba con un rojo intenso y saludable.
—Se siente como un recordatorio de que gané —respondió Fabiana con una sonrisa desafiante, aunque en sus ojos ya no solo había ambición—. Pero no me digas que vienes por el bebé. Sé que vienes por mí.
Alessandra soltó un gruñido bajo, un sonido de pura fascinación. En este año, la relación de "gato y ratón" se había transformado en algo mucho más peligroso: una adicción mutua. Alessandra ya no veía a Elena cuando miraba a Fabiana; veía a la mujer que había defendido su búnker con una pistola en la mano y que ahora llevaba su legado.
—Tienes razón —admitió la Viuda de Hierro, girando a Fabiana para que quedara frente a ella—. El contrato decía que yo te daría una cuenta bancaria, pero tú me diste algo que el dinero no pudo comprar: una razón para no querer estar sola en la cima.
El beso que siguió fue una mezcla de fuego y poder. Alessandra la levantó, sentándola sobre la cama de mil hilos, y la pasión se desbordó con la misma intensidad salvaje que el primer día. Hubo mordidas húmedas, gemidos que se perdían en el lujo de la habitación y una dominancia que Fabiana ya no solo soportaba, sino que buscaba con ansias.
—Dime que eres mía —exigió Alessandra entre besos voraces, apretando las nalgas de su esposa mientras la reclamaba una vez más.
—Soy tuya, Alessandra —jadeó Fabiana, arañando la espalda de la Alpha—. Pero nunca olvides que tú también eres mi propiedad.
En ese momento de éxtasis y sudor, la ambición y el deseo se volvieron una sola cosa. El imperio Volkov estaba a salvo, la heredera Lucía estaba protegida, y un nuevo heredero crecía en el vientre de la mujer que juró que nunca sería pobre, ni muerta.
Sin embargo, en las sombras de la ciudad, un sobre con el sello del Consejo de Alphas llegó a las manos de un nuevo enemigo. La paz era solo un intermedio en esta jerarquía de oro.
Continuará...🔥