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La Luna Que Regresó Para Reclamar

La Luna Que Regresó Para Reclamar

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance oscuro / Pareja destinada / Hombre lobo / Reencarnación
Popularitas:12.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Viera.L.

La muerte no fue el final.
Fue el inicio de su venganza.
Reencarnó con todos sus recuerdos intactos, regresando a la manada donde lo perdió todo. En su vida pasada fue traicionada, manipulada y destruida… y Selene fue quien deseó su lugar, su poder y su destino.
Ahora, fingiendo ser la misma de antes, observa cómo la jerarquía se pudre desde dentro mientras Selene vuelve a acercarse, convencida de que esta vez sí podrá arrebatárselo todo.
Pero ella recuerda cada traición.
En esta vida no permitirá que nadie le quite lo que es suyo.
La luna le dio una segunda oportunidad…
y esta vez Ella no ha vuelto para amar.
Ha vuelto para reclamar, para dominar, y para destruir a quien intentó borrarla.

NovelToon tiene autorización de Viera.L. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Luna no pide permiso

El amanecer aún no reclamaba del todo el cielo cuando mis pasos rompieron el silencio del territorio. El aire era frío, denso, cargado de ese olor metálico que antecede a la lucha. Cada respiración me recordaba por qué había vuelto. No era nostalgia. No era deber.

Era instinto.

El claro de entrenamiento se abrió ante mí como una herida mal cerrada. Demasiado ordenado. Demasiado quieto. Un lugar que alguna vez fue sinónimo de sudor, sangre y superación… ahora parecía un refugio cómodo para quienes habían olvidado lo que significaba sobrevivir.

El sol apenas despuntaba cuando llegué al claro de entrenamiento.

Las hembras ya estaban allí. Algunas estiraban distraídas, otras murmuraban entre ellas. El ambiente era… tibio. Cómodo. Demasiado cómodo.

No había disciplina. No había hambre. No había fuego.

Y eso era un problema.

No porque fueran débiles.

Sino porque nadie les había enseñado a dejar de serlo.

—Formación —ordené, mi voz cortando el aire como una cuchilla.

Varias se sobresaltaron. Otras tardaron en reaccionar. Algunas me miraron con abierta sorpresa, como si no esperaran que yo diera órdenes.

Las observé en silencio mientras se acomodaban torpemente en filas desiguales. Mi mirada se detuvo en Aurora, apoyada contra un árbol, brazos cruzados, una sonrisa ladeada en los labios.

Desafío.

Siempre había una así.

La que confunde orgullo con liderazgo.

La que cree que resistirse la vuelve fuerte.

—¿Hay algún problema? —pregunté, sin alzar la voz.

Aurora se separó del árbol con lentitud calculada.

—Solo me preguntaba —dijo— cuándo empezaste a creer que podías entrenarnos.

Un murmullo recorrió al grupo.

Dudas. Expectativa. Miedo mal disfrazado.

No respondí de inmediato. Caminé despacio hasta quedar frente a ella. La diferencia de estatura no me importó. La diferencia de experiencia, tampoco.

—No creo —respondí—. Sé.

Aurora alzó una ceja.

—¿Y en qué te basas?

Sonreí. No fue una sonrisa amable.

—En que mientras tú hablas, yo observo.

Mientras tú dudas, yo actúo.

Y mientras tú te conformas con el lugar que te dieron… yo regresé para reclamar el mío.

El murmullo se apagó.

El silencio pesa más cuando nadie se atreve a romperlo.

—Muéstramelo —escupió ella—. O cállate.

Perfecto.

Me quité lentamente la chaqueta y la dejé caer al suelo. No era un gesto teatral. Era una promesa.

—Atáquenme —ordené—. Dos a la vez.

El silencio fue absoluto.

—¿Qué? —dijo una de las hembras— ¿En serio?

—Ahora.

Dos avanzaron con cautela. Dudosas. Predecibles.

No las enfrenté con fuerza bruta.

Las leí.

Un paso mal dado. Un giro lento. Un centro de gravedad mal colocado.

En segundos, una estaba en el suelo sin aire y la otra con el brazo inmovilizado detrás de la espalda.

Solté.

—Otra vez.

Esta vez fueron tres.

El sudor empezó a recorrerme la espalda. Mi corazón latía fuerte, pero no por miedo.

Por claridad.

Cada movimiento era memoria. Cada golpe, una lección que nadie les había enseñado antes.

Cuando la última cayó, el claro estaba en silencio.

Aurora me miraba distinto ahora.

Ya no con burla.

Sino con algo más peligroso.

—¿Ves la diferencia? —pregunté al grupo—. No se trata de músculos. Se trata de instinto, de voluntad, de no retroceder cuando el mundo espera que lo hagas.

Me giré hacia Aurora.

—¿Quieres intentarlo tú?

Por un segundo creí que se negaría.

Orgullo herido. Miedo latente.

Pero sonrió… y aceptó.

El choque fue brutal. Aurora era fuerte. Rápida. Salvaje.

Pero estaba llena de rabia. Y la rabia nubla.

Luchaba para ganar.

Yo luchaba para sobrevivir.

Cuando la tuve contra el suelo, con mi antebrazo presionando su garganta, me incliné y susurré:

—No vine a quitarte nada que fuera tuyo.

Vine a recuperar lo que siempre fue mío.

La solté y me puse de pie.

Nadie habló.

El claro ya no era tibio.

Ahora ardía.

—Desde hoy —dije—, el entrenamiento cambia.

El que no aguante, se va.

El que dude, aprende.

Y el que se interponga… cae.

Di media vuelta y me alejé.

Detrás de mí, no hubo risas.

No hubo burlas.

Solo respeto.

Y miedo

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Ana Yolanda Valerio Rodriguez
Aula es muy valiente, es mi idola!! Que acabe con la bruja zorra 😂
Alma Morales
El collar tendrá la esencia de su mamá???
Irma Ruelas
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Irma Ruelas
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Irma Ruelas
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Irma Ruelas
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Irma Ruelas
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Irma Ruelas
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