Ella es la líder del clan más poderoso de todos los reinos lo que la pone en el ojo de la tormenta, Ella es una exorcista de élite Pero tiene enemigos más peligrosos que los demonios a los que debe vencer, el prejuicio hacia la mujer en un mundo de hombres
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Capitulo 6
Tae cabalgaba de regreso hacia el río.
Había entregado el mensaje. Había visto a Mitsuki acurrucado con el pañuelo. Había sentido esa mezcla asquerosa de culpa y alivio al alejarse.
Pero los celos... los celos seguían ahí.
Quemaban. Mordían. No lo dejaban respirar.
"Cuida de mi mujer."
Las palabras de Mitsuki resonaban en su cabeza como un eco cruel. Ese esclavo. Ese nadie. Ese que ni siquiera podía mirarla a los ojos sin sentirse indigno. Ese tenía el corazón de Sakura.
Y Tae, que había estado a su lado desde niños, que la había defendido, que había jurado lealtad eterna... Tae solo era "su mano derecha".
— Concéntrate — se dijo a sí mismo, apretando las riendas —. Ella necesita ayuda. La misión. El demonio.
Pero su corazón no escuchaba.
EN EL RÍO, LA BATALLA CONTINUABA
Sakura no sabía que Tae volvía hacia ella. No sabía que Mitsuki lloraba en su cama. No sabía nada.
Solo sabía que el demonio de agua era más astuto de lo que parecía.
Llevaba horas peleando. El río era su territorio, su aliado, su arma. Cada vez que Sakura creía tenerlo acorralado, el agua se deshacía y el demonio reaparecía en otro lugar.
— Maldición — jadeó, apoyándose en una roca.
Y entonces lo escuchó.
Una voz.
Una mujer cantando.
La melodía era hermosa. Triste. Antigua. Hablaba de amores perdidos, de almas que vagan sin rumbo, de lágrimas que alimentan ríos.
Sakura se giró, hipnotizada.
Y la vio.
Una mujer emergía del agua. Hermosa. Pálida. Con ojos del color de las profundidades. Su cabello flotaba como algas, su piel brillaba con la luz de la luna.
Pero su sonrisa... su sonrisa era la de un depredador.
— Pobre criatura — susurró la mujer, y su voz era el susurro de las olas, el rugido de las tormentas, el llanto de los ahogados.
De repente, su cuerpo se retorció. Se alargó. Se transformó.
Una serpiente gigante de agua y escamas se abalanzó sobre Sakura, envolviéndola en un abrazo mortal antes de que pudiera reaccionar.
El agua presionaba sus pulmones. El frío helaba sus venas. La serpiente apretaba, apretaba, apretaba...
— Estás condenada — susurró la voz del demonio, ahora desde todas partes —. Condenada a ser un alma en pena. Un alma solitaria al que nadie llorará. Buscando en la oscuridad a alguien que destruya tu existencia.
Las imágenes invadieron la mente de Sakura:
Ella misma, vagando por siglos, invisible, olvidada.
Nadie llorando su tumba.
Nadie recordando su nombre.
Sola. Siempre sola.
— ¿Ves? — continuó el demonio —. Eso eres. Eso serás. Una mujer poderosa, sí. Pero ¿de qué sirve el poder cuando no hay nadie que te espere? ¿Cuando los que dices amar te traicionan? ¿Cuando hasta tu esclavo...
— ¡CÁLLATE!
La runa del caos ardió en su espalda.
Fuego. Fuego puro.
El agua comenzó a evaporarse. La serpiente chilló, soltándola, retorciéndose.
Sakura cayó al suelo, tosiendo, respirando, pero también ardiendo. Sus ojos brillaban con la furia del fuego que llevaba dentro.
— No me conoces — dijo, levantándose con dificultad —. No sabes quién soy. No sabes lo que he vivido. No sabes que ya me han dicho todo eso. Y sigo aquí. SIGO AQUÍ.
El demonio, herido, la miró con algo parecido al respeto.
— El fuego... — murmuró —. Eres tú. La del caos.
— Soy yo.
— Entonces... — el demonio sonrió, pero no con maldad —. Entonces mi profecía no es para ti. Es para ellos. Para los que te odian. Porque tú... tú serás llorada. Tú serás recordada. Tú...
Su voz se desvaneció.
— Tú serás amada. Por alguien que lo dará todo. Incluso su vida.
Y el demonio desapareció, deshaciéndose en vapor, en niebla, en nada.
Sakura se quedó sola, temblando, empapada, confundida.
"¿Por alguien que lo dará todo? ¿Incluso su vida?"
Pensó en Mitsuki.
Y una sonrisa, pequeña, frágil, apareció en su rostro.
— Él — susurró —. Será él.
TAE LLEGA
El galope de un caballo la sacó de sus pensamientos.
— ¡SAKURA!
Tae desmontó antes de que el animal se detuviera, corriendo hacia ella con los ojos desorbitados.
— ¿Estás bien? ¿Estás herida? ¿El demonio? ¿Dónde está?
— Tranquilo — dijo ella, dejándose sostener por sus brazos —. Ya se fue. Estoy bien.
Tae la abrazó. Más fuerte de lo necesario. Más tiempo de lo apropiado.
Sakura no dijo nada. Era Tae. Su mano derecha. Su amigo. Su hermano de batalla.
Pero algo en ese abrazo... algo se sintió diferente.
— Tae — dijo, separándose suavemente —. ¿Todo bien?
Él la miró. Los ojos brillantes. La mandíbula tensa.
— Todo bien — mintió —. Solo... me preocupé.
— Siempre te preocupas — sonrió ella, palmeándole el hombro —. Por eso eres mi mano derecha.
Mano derecha.
Siempre mano derecha.
Tae sonrió. Por fuera.
Por dentro, algo moría.
LO QUE TAE NO DIJO
Mientras ayudaba a Sakura a montar su caballo, mientras cabalgaban de regreso al clan, mientras escuchaba su voz contando la batalla, Tae pensaba:
"Podría haber muerto. Podría haberla perdido. Y ella ni siquiera lo sabría. Porque su corazón está con otro."
Y entonces, en la oscuridad de su mente, una idea comenzó a formarse.
No era un plan. No era una decisión.
Era una semilla.
Y las semillas, con tiempo y riego, crecen.
EN EL CLAN, MITSUKI ESPERABA
Todavía en la cama de Sakura.
Todavía con el pañuelo.
Todavía llorando.
Pero cuando el sol comenzó a teñir el horizonte, cuando escuchó los caballos acercándose, cuando supo que ella volvía...
Secó sus lágrimas.
Guardó el pañuelo.
Y fue a recibirla.
Porque aunque dolía, aunque era difícil, aunque a veces la odiaba un poco...
Era su mujer.
Y ella volvía a casa.