Renace en un mundo mágico, en un matrimonio sin amor, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Dylan Yard 1
Al atardecer, cuando la luz del sol teñía de tonos ámbar los ventanales de la mansión Lewis, un carruaje se detuvo frente a la entrada principal. De él descendió un hombre de algo más de treinta años, de complexión robusta y porte seguro. Su presencia no era ostentosa, pero transmitía estabilidad.. y cuando habló, su voz amable confirmó esa primera impresión.
—Dylan Yard —se presentó ante el mayordomo—. Vengo enviado por el templo.
La noticia llegó rápido a Helen, que se encontraba revisando documentos en su oficina. Al escucharlo, una sonrisa serena apareció en su rostro.
[así que eres tú]
Ordenó que lo hicieran pasar.
Dylan fue conducido hasta la oficina de la familia Lewis, un espacio amplio, con estanterías llenas de libros antiguos y un escritorio que había sido testigo de generaciones de decisiones importantes. Helen se puso de pie al verlo entrar, evaluándolo con una mirada atenta pero sin desconfianza.
—Bienvenido, señor Yard —dijo con cortesía—. Tome asiento.
—Gracias, mi lady —respondió él, inclinando levemente la cabeza.
Helen no perdió tiempo en rodeos.
—El templo me habló de usted. Quisiera conocer su experiencia.
Dylan asintió, apoyando las manos sobre sus rodillas con naturalidad.
—He trabajado como administrador para el duque Mortimer, en el reino de Kensington . Durante ese tiempo me encargué de reorganizar rentas, renegociar acuerdos comerciales y recuperar tierras que estaban siendo mal gestionadas.
Luego, presté servicios a varias duquesas y condesas que necesitaban proteger sus patrimonios o empezar nuevos negocios..
Hablaba sin arrogancia, con seguridad tranquila, como quien conoce bien su oficio. Helen lo escuchó con atención, y con cada palabra su expresión se volvía más satisfecha.
[exactamente lo que necesito]
Cuando terminó, Helen sonrió con sinceridad.
—Eso será perfecto para el trabajo La casa Lewis necesita orden, crecimiento y una administración leal.
Dylan sostuvo su mirada, sorprendido pero complacido.
—Será un honor, mi lady.
La luz del atardecer entró por la ventana, iluminando el escritorio y los documentos que pronto pasarían por manos expertas. En ese instante, Helen supo que había tomado otra decisión correcta.
Con aliados adecuados y una voluntad firme, el legado Lewis no solo sería protegido… sería fortalecido.
Y así, mientras el día llegaba a su fin, Helen Lewis daba el primer paso concreto hacia el futuro que había prometido construir.
Cuando la noche comenzaba a caer, la mansión Lewis se llenó de luces cálidas. El ama de llaves caminaba por los pasillos con paso decidido, mostrándole a Dylan la habitación que se le había asignado.. cómoda, sobria, digna de alguien que ocuparía un rol importante en la casa.
—Aquí estará bien —le dijo la anciana—. La casa Lewis valora a quienes le sirven con lealtad.
Dylan asintió con respeto.
Fue entonces cuando Helen apareció en el umbral del corredor.
—Señor Yard.. ¿podríamos hablar un momento?
Dylan no dudó.
—Por supuesto, mi lady.
Bajaron juntos y salieron al jardín, donde el aire nocturno era fresco y las flores comenzaban a cerrar sus pétalos. Las antorchas iluminaban suavemente los senderos de piedra, creando un ambiente íntimo y tranquilo, lejos de oídos indiscretos.
Helen se detuvo junto a una fuente y respiró hondo antes de hablar.
—Quiero ser honesta con usted.. Hace unos días estuve en el templo… esperando el documento de anulación de mi matrimonio con Lord Opathi. Nunca se consumó, y por eso fue posible.
Dylan la escuchó sin interrumpir, con atención absoluta.
—No me importan algunas cosas que quedaron en la mansión Opathi, pero hay trámites que deben resolverse correctamente. Quiero que me apoye también en eso. Por supuesto, su paga será mayor.
Dylan la miró con seriedad profesional, evaluando la situación más allá del escándalo que podía implicar.
—¿Lord Opathi ya sabe de la anulación?
Helen negó con la cabeza.
—No.
Hubo un breve silencio. Luego, Dylan habló con calma firme.
—Entonces me encargaré yo mañana mismo. De que se le notifique como corresponde y de que no haya ningún vacío legal que pueda usar en su contra.
Helen lo observó unos segundos… y luego sonrió. No una sonrisa calculada, sino sincera, aliviada.
—Gracias.. De verdad.
—Es mi trabajo, mi lady.. Y también es lo justo.
En ese jardín, bajo el cielo nocturno, Helen sintió que no solo había recuperado su libertad, sino que había empezado a rodearse de personas que no buscaban usarla, sino apoyarla.
[he elegido bien]
Cuando regresaron a la mansión, Helen lo hizo con el paso ligero y el corazón tranquilo.
Por primera vez, no temía el día siguiente.
Porque ahora, no estaba sola.
Esa noche, cuando la mansión Lewis quedó en silencio y las luces se atenuaron, Helen se quedó sola con sus pensamientos.
Se sentó junto a la ventana de su habitación, observando el jardín apenas iluminado por la luna. El documento de la anulación descansaba a salvo, pero su mente viajó más atrás, más profundo… hacia la primera Helen. La que había vivido esa vida antes de que ella despertara en su cuerpo.
Pensó en la humillación.
En la joven que había caminado hacia el altar creyendo en palabras dulces. En la esposa que había esperado afecto en la primera noche y había recibido desprecio. En la heredera que había sido tratada como un simple medio para obtener fortuna, ignorada en su propio matrimonio, observada con lástima por los criados y traicionada sin pudor.
[debió doler tanto…]
Helen cerró los ojos, apretando suavemente las manos sobre su regazo. No sentía rabia desbordada, sino algo más profundo.. una tristeza serena por aquella mujer que había soportado en silencio, convencida de que no tenía otra opción.
[ojalá ahora tengas paz]
No sabía dónde estaba esa primera Helen, si su alma descansaba o si se había disuelto en el tiempo. Pero deseó, con toda sinceridad, que ya no cargara con ese peso. Que no siguiera sintiendo vergüenza por errores que nunca fueron su culpa.
—Te haré justicia —susurró al vacío.
No sería con venganza ruidosa ni con escándalos innecesarios. Sería con dignidad. Con decisiones firmes. Con una vida bien vivida. Con un legado fortalecido.
[nadie volverá a pisotearte]
Helen levantó la mirada hacia el reflejo tenue del vidrio. Ya no veía a una muñeca hermosa ni a una esposa abandonada. Veía a una mujer que había tomado el control, que había transformado el dolor en dirección.
—Descansa —murmuró—. Yo me encargo de lo demás.
El viento movió suavemente las cortinas, como si alguien hubiera escuchado.
Esa noche, Helen Lewis se acostó con el corazón en calma. No solo había recuperado su libertad y su nombre.. había decidido honrar a la mujer que fue antes de ella.
Y en ese acto silencioso, íntimo y poderoso, la primera Helen finalmente fue vengada… y liberada.