Sydney Brown, una joven asocial desafortunada se ve forzada a trabajar en los baños de un templo.
Unos baños que cargan con una maldición que acecha desde los rincones en una espiral de rencor y odio que parece no terminar jamás.
Donde deberá elegir si...
¿Ser una heroína?
¿Ayudar a la maldición?
¿O no hacer nada y observar como el rencor destruye a las personas de su alrededor?
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Capitulo #17: Kazumi Shirizumi
Esa tarde Yoko lloró hasta que se durmió en mis brazos, no quería molestarla así que la llevé al templo para que la cuidaran mientras seguía con mi trabajo.
Creía que todo se pondría mejor, ella seguía viva, aún podía cumplir el último deseo del detective. Pero como todo rayo de luz de redención, la oscuridad golpeó en mi pecho al escuchar una canción de cuna a mi lado y al ver su delgada silueta entrando al baño de mujeres.
—¿Qué?
Salí de la caseta e intenté detenerla antes de que entrara, pues sabía que si lo hacía, ya no había forma de protegerla. Mis dedos solo alcanzaron a rozar su hombro gracias a que uno de los clientes me sujetó del brazo para tirarme al suelo.
—¡¡Oye!! ¡¿A dónde vas?! —se quejó un cliente mientras se cruzaba de brazos—
—Yo… Yoko…
Desesperada traté de pararla antes de que entrara al sauna, donde estaba esa mujer esperándola para terminar su cacería contra los Nishida. El cliente me sujetó con fuerza para impedir que lo ignorara.
—¡¡Yoko!! —grité pataleando y rompiendo en llanto—.
—¡¡Oye!! —me regañó el cliente sujetándome con fuerza para inmovilizarme—.
Lo último que vi… fue la puerta del sauna cerrándose de forma lenta mientras en el rostro de Yoko se dibujaba una sonrisa. No pude hacer nada… pude hacer algo para impedir que ella… ¡Para impedir que ella se quitara la vida!.
—Hermanito… —susurró Yoko sonriendo—.
Pude haber hecho más… pude ser más para ella… debí haber ayudado cuando tuve la oportunidad… fue… fue mi culpa…
Si tan solo fuera más como el detective Nishida… Ella hubiera tenido la oportunidad de seguir con vida, le fallé… solo para salvar mi vida.
—¡¡Levántate!! ¡Qué te levantes y me des lo que te pedí! ¡Estúpida extranjera!
A pesar de mi dolor, tuve que seguir trabajando antes de que los clientes se volvieran más agresivos conmigo.
—¡¡Levántate!!
El resto del día me quedé en silencio, sabía que si intentaba hablar me rompería en mil pedazos y ya no podría dejar de llorar por haber sido tan cobarde y no actuar cuando pude.
—Vaya, hoy estás muy silenciosa
—Así deberías estar siempre, llegarás muy lejos así niña jaja —añadió otro cliente—.
Solo asentí con la mirada en el suelo, ellos solo se rieron para después irse con un par de toallas. Cuando terminé mi turno, fui a ver a la señorita que acompañaba a Yoko, ella estaba afuera del templo con un celular en sus manos.
—Ah, señorita Brown —sacó un cigarro de su bolsillo y se lo metió en la boca—. Veo que ya se desocupó —añadió encendiendo su cigarrillo para comenzar a fumar—.
Volví a asentir mientras me mordía el labio para no soltar un llanto. La señorita pareció notarlo, y de forma extraña sacó un vino de su bolsa de cuero.
—Toma este Sake, quisiera saber si mi viejo amigo tenía razón sobre ti —la volteé a ver confundida intentando entender por qué me ofrecía alcohol en un momento como este, ella soltó un bufido—. Hazlo… —me ordenó con una actitud agresiva—.
Confundida y temblando tomé un trago de la botella, sabía horrible más de lo horrible que normalmente sabe el alcohol. Lo que hizo que la señorita asintiera con los ojos entrecerrados.
—¡Hmph! Entonces es verdad lo que Reiko decía… antes de fallecer por la Yurei que habita en esa casa
—¿Q-Qué? —susurré confundida con los ojos llorosos—.
Ella… Ella sabía de esa mujer pero… ¿Cómo? ¿Cómo fue que sabe eso? ¿Acaso ella también sabe lo del cuerpo de Hanako?
—La maldición de esos baños te está afectando, no al ritmo de los Nishida o de los Nozomi pero crece muy lento de ti
—T-tu… —se me hizo un nudo en la garganta—. ¡¿T-tu qui-quien e-eres?!
Sin darme cuenta al abrir la boca, mis lágrimas contenidas brotaron de mis ojos, mientras me rompían poco a poco la voz.
—Mi nombre es Kazumi Shirizumi, soy una amiga de la familia Nishida, y… —frunció el ceño al ver mis lágrimas—. Dime… ¿Yoko ya está muerta verdad? —antes de que pudiera responder soltó un largo suspiro mientras se agarraba la frente—. ¡Carajo!, es un desperdicio que esa mocosa muriera, más por lo especial que es su don —se quejó Kazumi frustrada—.
—¿Eh? ¿Co-cómo…? ¡¿Co-cómo sa-sabes eso?!
—Mm… es obvio niña, su familia murió y el dolor que sentía era indescriptible. Aunque no creí que sucediera estando contigo, supongo que me equivoqué al dejarla a tu cargo
—Lo… —agaché la cabeza y sujeté con fuerza mi pantalón—. L-lo siento
—No te disculpes, Yoko… ella se odiaba por no poder salvarlos con su don dado por Inari, ella podía percibir la maldad tan retorcida que emite ese lugar, por eso vino a Moncia como estudiante de intercambio. El Señor Shirakawa estaba desesperado por traerle paz a su tía Kairo y le pidió ayuda
—¿Qué?
—Ella era débil de mente, pero supongo que no puedo culparla, ella sabía de la maldición de los baños incluso antes de que su hermano llegara, y antes de que pudiera advertir a Reiko, él y mi hermana fueron consumidos
Kazumi se me acercó para poner su mano en mi hombro y me dio unas palmadas en el hombro. Suponía que su forma de decirme que no me culpara, pero cómo no hacerlo, cuando pude pararla.
—Necesito que vengas conmigo, sin alguien sin la hiper sensibilidad por lo paranormal de Yoko no podremos hacer nada
—Por… ¿Po-por qué yo? Ya-ya no qui-quiero ver… ¡Ya-ya no quiero ver mo-morir a más ge-gdnte! Así que por favor… No-No me involucres en tu mierda de in… ¡Investigación!
—Oye, sé que es duro pero es nuestro deber romper esa maldición —dijo agarrando mi hombro con fuerza—. Y cumplir el último deseo de Reiko
—¡¿Mi-Mi de-deber?! —grité apartando a Kazumi con un empujón—. ¡¡N-No es mi de-deber!!
—Señorita…
—¡¡No!!
Antes de que Kazumi pudiera decir una palabra más, cansada y harta corrí lejos de ella, dejándola de pie frente al templo. Por su rostro pude ver que estaba entre decepcionada y frustrada por mi repentina huida. Pero, no me detuve. Quería alejarme de ella, ya no quería saber nada, solo quería seguir con vida y no pensar en el ente que habitaba en los baños.
Por más que quisiera escapar, no podía hacerlo… la maldición me iba a perseguir por el resto de mi vida. Aguanté tanto como pude… pero ya no lo soportaba, ya no quería seguir.
Forzar una sonrisa frente a los clientes, frente a mi propia familia y frente a los Shirakawa cuando la culpa de la muerte de los Nishida dolía tanto que no pude evitar llorar cada que recordaba la llamada del detective, la muerte de Tomoko y el suicidio de Yoko.
—Por… ¡¡¿Por qué?!! —grité de rodillas mientras rompía en llanto—. ¡¡Kairo Yoshimura!! ¿Por qué ellos? ¿Por qué no a mí? Por favor… ¡¡Si de verdad piensas que soy tu hija!! ¡¡Entonces llévame!! ¡¡Llévame contigo!! ¡¡Y deja ya a estas personas en paz!! Solo deja de matar a gente inocente, por favor, Kairo
En un último grito cargado de desesperación, frustración y culpa lancé mi celular a la pared, rompiéndolo en mil pedazos. Unos pasos se escucharon a lo lejos, eran acompañados por el sonido del agua, con su característica mano helada me agarró de la mejilla.
—Mamá… —susurré con voz rota mientras mi visión se adaptaba a su apariencia—.
Frente a mí ya no veía a un monstruo, sino a una mujer pálida que parecía estar tan feliz de verme, que brotaban lágrimas de su rostro, a diferencia de antes no huí, tragué saliva y me lancé hacia ella para abrazarla con fuerza.
—Bebé… mi hermoso bebé —susurró Kairo con voz llorosa mientras me devolvía el abrazo—.
—¿Por qué a ellos? ¿Por qué Yoko? Ella… yo la quería…
—El dolor… el odio… la tristeza… son algo que todos ellos deben sentir…
—Por favor, de-detente… llévame a mí. Solo… ya no hagas más daño, detente, mamá
—Ay mi amor, no llores, ya no llores, mientras obedezcas a mami —me agarró de las mejillas para que la viera a los ojos, sus ojos del mismo color de la sangre—. Nada te pasará porque yo… jamás… me voy a detener… —dijo riendo de una manera tan alegre que era anormal e incómodo—. No lo haré… y no voy a dejar que te vayas, ya no… no puedes escapar de mamá pero aún podemos vivir juntas
—Mamá… —respondí frunciendo el ceño y llorando de frustración—. Por favor… déjame ir ¡Déjame marchar!
—No, mamá jamás te va a dejar y mientras viva el dolor en este mundo, yo no voy a parar