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Debajo del Piso 32 – Un Romance Prohibido

Debajo del Piso 32 – Un Romance Prohibido

Status: Terminada
Genre:CEO / Romance / Yaoi / Secretario/a / Reencuentro / Romance de oficina / Grumpyxsunshine / Completas
Popularitas:128.8k
Nilai: 5
nombre de autor: jooaojoga

Thiago Andrade luchó con uñas y dientes por un lugar en el mundo. A los 25 años, con las cicatrices del rechazo familiar y del prejuicio, finalmente consigue un puesto como asistente personal del CEO más temido de São Paulo: Gael Ferraz.
Gael, de 35 años, es frío, perfeccionista y lleva una vida que parece perfecta al lado de su novia y de una reputación intachable. Pero cuando Thiago entra en su rutina, su orden comienza a desmoronarse.
Entre miradas que arden, silencios que dicen más que las palabras y un deseo que ninguno de los dos se atreve a nombrar, nace una tensión peligrosa y arrebatadora.
Porque el amor —o lo que sea esto— no debería suceder. No allí. No debajo del piso 32.

NovelToon tiene autorización de jooaojoga para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

El jueves fue tenso, pero rutinario.

El equipo parecía en silencio respetuoso tras los rumores del inicio de la semana.

Ninguna nueva materia había salido. Ningún nombre había sido expuesto.

Pero Thiago aún sentía el peso de las miradas.

Pasaba el día fingiendo normalidad, intentando mantener el foco.

No tocaba el café de cápsula del office. Apenas comía.

Y evitaba la mirada de Gael.

Incluso sintiendo, a cada paso que él daba, el cuerpo entero prepararse para reaccionar.

Al final del expediente, ya organizando sus papeles, el celular vibró.

Mensaje de Gael.

“¿Me encuentras en el garaje en 20 minutos? Me gustaría cenar contigo. Lugar tranquilo.”

Thiago quedó inmóvil.

¿Cenar?

¿Con él?

¿En un lugar tranquilo?

Por un momento, pensó en negarse.

Pero algo dentro de él susurró:

“Ve.”

El coche de Gael estaba como siempre: impecable, silencioso, oloroso.

Thiago entró e intentó sonreír. Pero el nerviosismo estaba estampado.

— ¿Está todo bien? — Gael preguntó, mientras conducía.

— Solo… medio surreal aún.

— Prometo no ponerte en una trampa — respondió, medio bromeando.

Thiago dio una risa leve.

Pero la sonrisa desapareció al ver el restaurante donde pararon: una fachada de vidrio espejado, discreta por fuera, pero claramente cara por dentro.

— Gael… — Thiago titubeó. — No tengo ropa para este tipo de lugar.

— A nadie allí le va a importar tu ropa.

— A mí sí me importa.

Gael lo miró.

— Entonces finge que viniste con el uniforme de quien eres.

Thiago frunció el ceño.

— ¿Cómo así?

— Inteligente. Valiente. Alguien que me está sacando del suelo, y ni se da cuenta.

Thiago tragó saliva.

Y entró.

La mesa era de esquina.

Velas bajas. Ambiente sofocado por cortinas gruesas y jazz instrumental.

Gael pidió vino. Thiago se negó. Prefirió agua con gas.

La tensión en el aire era casi un tercer invitado.

— Yo vine de la zona norte — Thiago comenzó, entre un bocado y otro. — Barrio pequeño, violento, olvidado. Hijo único. Escuela pública, beca en la facultad. Salí de casa con 17 años cuando mis padres descubrieron que yo era… yo.

Gael lo miró con atención. Silencioso. Presente.

— Trabajé en todo lo que dio. Call center, recepción, repartidor de madrugada.

— Y ahora eres mi mano derecha.

Thiago sonrió. Pequeño.

— A veces aún creo que van a descubrir que yo no debería estar aquí y me van a sacar.

— No lo harán. Porque yo no lo permito.

Thiago tragó en seco.

— ¿Y tú? — preguntó, de vuelta. — ¿Viniste de dónde?

Gael respiró hondo.

Tardó en responder.

— Jardín Europa. Siempre tuve todo. Coche a los 16, intercambio, máster fuera. Pero nada nunca fue mío. Era lo que mi madre planeaba. Lo que esperaban. Lo que mantenía el nombre Ferraz limpio.

— ¿Y qué querías tú?

Gael lo miró.

Lo miró de verdad.

— Nunca supe con certeza…

Hasta ahora.

El silencio se instaló entre ellos.

Pero esta vez, era un silencio confortable.

De gente que está aprendiendo a confiar.

Thiago miró por la ventana. La lluvia fina comenzaba a caer otra vez.

— Tengo miedo — dijo, sincero. — Pero no quiero irme.

Gael lo miró, con los ojos calmos, pero intensos.

— Entonces quédate. Conmigo.

Y en aquel restaurante caro demás para el bolsillo de Thiago, y simple demás para la herencia de Gael…

dos mundos comenzaron a colisionar.

Y, contra todas las probabilidades, a encajar.

La lluvia había cesado cuando los dos dejaron el restaurante.

El coche de Gael los esperaba con el interior caliente, discreto, acogedor.

La ciudad parecía quieta demás.

Thiago miraba por la ventana.

Los postes pasaban como fantasmas dorados.

La comida ya no estaba más en el estómago, pero el frío en la barriga seguía firme.

Gael conducía despacio.

Sin prisa.

Como si extender el tiempo juntos fuera más importante que cualquier destino.

Paró delante del edificio de Thiago.

Apagó el motor. Pero no dijo nada.

El silencio creció entre ellos, pesado, íntimo, incómodo.

Thiago movió las manos en el regazo.

Sabía que Gael iba a preguntar.

Y sabía que no estaba listo para responder.

— ¿Quieres subir? — Gael soltó, con calma.

Thiago giró el rostro. El corazón acelerado.

— No puedo.

— ¿Por qué?

— Porque si dejo que esto vaya rápido demás…

— ¿Se va a perder? — Gael completó.

Thiago asintió. Ojos llorosos sin querer.

— Me gusta lo que está naciendo, Gael. Y me gusta cómo me miras. Pero si esto se convierte solo en una noche más, no sé si voy a poder continuar.

Gael lo observó con atención. Respeto.

No insistió.

No forzó.

Apenas extendió la mano y tocó, con la punta de los dedos, la mano de Thiago.

Allí, entre los dos, en la oscuridad del coche, un gesto valió más que cualquier beso.

Pero el beso vino.

Corto. Lento. Silencioso.

Un sellar de labios cargado de cuidado.

De elección.

De verdad.

Cuando Thiago salió del coche, aún temblaba. Pero temblaba de sentimiento.

Gael llegó a casa más ligero de lo que estuvo en años.

Se duchó. Se puso una camisa de algodón.

Se sentó en el sofá, listo para dormir con el sabor de aquel beso aún en la boca.

Pero el celular vibró.

Doña Eugenia.

“Siempre tuviste buen gusto. Pero estás dejando que lo emocional domine lo racional. Cuidado para no manchar tu propio nombre.”

[FOTO ADJUNTA]

Era una imagen.

Tomada de lejos.

Grano alto, ángulo disimulado…

Pero nítidamente él y Thiago saliendo del restaurante.

Thiago sonreía pequeño.

Gael abría la puerta del coche para él.

El mundo alrededor no sabía.

Pero Doña Eugenia ahora… sabía.

Gael se bloqueó.

La garganta se cerró.

El estómago se revolvió.

Y el peso volvió.

No respondió.

No durmió.

Pasó la noche con la imagen abierta.

El celular apoyado en el pecho.

Y un pensamiento martilleando la mente:

“Ella no va a parar.

Y si no actúo… ella va a destruir lo que más quiero proteger.”

1
Tibisay Gámez
Eugenia y Helena tienen que pagar por el daño que le hicieron a Gael
Tibisay Gámez
jajaja jajaja Thiago eres terrible
Tibisay Gámez
Dios esto está en suspenso, quiero saber que va a pasar, quien dará el primer paso
Tibisay Gámez
puros chismosos trabajan en esa empresa, cómo juzgan sin darse la oportunidad de conocer a la persona que están destruyendo a vaces de chismes
Tibisay Gámez
está atrapante la historia, seguiremos leyendo
Maria M. Rosario
bonita historia. ejemplo de lo q es luchar por un propòsito, apoyar y ser apoyado. s
demostrar q se nos unimos por un fin podremos salir adelante sin importar los obtaculos.
Estrella Guadalupe Martinez Vera
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼 bravo excelente historia muchas felicidades escritora por tan bella novela de reflexión de fortaleza y triunfo
Estrella Guadalupe Martinez Vera
eso es tener paz en tu alma y estar bien consigomismo 😉
Estrella Guadalupe Martinez Vera
una hermosa familia 🥰
Estrella Guadalupe Martinez Vera
mientras sean felices el mundo ruede, lamentablemente siempre se encontrarán con este tipo de personas que juzgue al tener dos papitos o dos mamitas
Estrella Guadalupe Martinez Vera
orgullosa la doña, bueno mientras los deje en paz
Estrella Guadalupe Martinez Vera
quien te viera Eugenia después de que trataste por todos los medios destruir a tu hijo y el amor que tiene por Thiago fuiste capaz de amenazar la vida de el y ahora que buscas
Estrella Guadalupe Martinez Vera
🥹🥹🥹🥹 que bello capitulo Thiago puso reconciliarse con sus padres quienes reflexionaron y aceptaron su hijo sin más, sin juicios 😉
Estrella Guadalupe Martinez Vera
bien dicho con elegancia sin despotismo solo la verdad la pura realidad
Estrella Guadalupe Martinez Vera
al parecer y todo irá bien ❤️‍🩹 para los chicos merecen darse un respiro 🥰
Estrella Guadalupe Martinez Vera
eso es bueno encontrarse con gente buena que te aconseja seguir adelante primero fue Camila ahora la señora que trabaja con Thiago
Estrella Guadalupe Martinez Vera
esa vieja está logrando su cometido al parecer los padres de Thiago realmente quieren rescatar el tiempo perdido con. si hijo
Estrella Guadalupe Martinez Vera
noooo presiento que es una trampa lgo le va hacer ese señor no es confiable se a de haber aliado con la víbora
Estrella Guadalupe Martinez Vera
por lo menos la víbora mayor al parecer decistio o eso parece y quiere atacar como lo que es soltando veneno
Estrella Guadalupe Martinez Vera
estúpido Vinicio quieres jugar a la mala bien se te advirtió
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