No murió por falta de latidos, sino por ausencia de valentía para sostenerlos.
El primer amor...el primer amor de Arya Rosenfeld fue eso, un amor cobarde.
Entonces porque ese amor cobarde luego de arruinar un vínculo que para Arya era tan importante como su vida misma, se atrevía a decirle que todo lo había hecho por ella.
August von Hohenberg, el primer amor de Arya Rosenfeld, no solo era cobarde. Era egoísta, mentiroso y completamente despreciable. Por eso Arya solo podía desear la "muerte al primer amor", no a la persona, sino a sus sentimientos.
Acompaña a Arya a recorrer un sinuoso camino, ¿logrará imponerse ante las adversidades? ¿logrará matar a ese primer amor? ¿logrará volver a confiar, volver a amar?
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Capítulo 7
— Muy cerca…— pensó Arya.
Los ojos verdes de August la observaban con una intensidad que la desarmaba. Eran atrapantes, demasiado. Perderse en ellos resultaba fácil y peligroso. Arya parpadeó una vez, como si ese gesto pudiera devolverla a la realidad.
Demasiadas preguntas se agolpaban en su mente, pero todas parecían absurdas, exageradas, casi fantasiosas. Se obligó a razonar con frialdad. Lo más lógico era pensar que August se había sentido ofendido. Después de todo, él era un noble, y ella lo había evitado sin una razón aparente, sin que entre ellos hubiera ocurrido algo realmente grave.
— Debe ser eso…— se dijo. —Nada más que el orgullo herido de un noble... Sería más fácil si fuera así como ese tipo indiferente…— pensó de pronto, recordando a Edward.
Aquel que ni siquiera parecía notar su existencia.
—Al parecer… te desagrado —dijo entonces August.
Su tono era bajo, y su expresión, inusualmente apagada.
—¿He…? —Arya reaccionó al instante, sobresaltada al darse cuenta de cuánto tiempo había guardado silencio—. ¡Oh, no! Por favor, no pienses eso.
—¿No? —preguntó él, alzando levemente la mirada, con un destello de esperanza—. Entonces… ¿por qué me has evitado tan persistentemente?
Arya apretó los labios un segundo antes de responder.
—Bueno… evitarlo, no me parece adecuado decir que hice algo así—dijo con cautela
Arya se sentía totalmente culpable al decir algo así cuando claramente si lo había estado evitando.
— Haa como decir esto... No somos precisamente personas cercanas o conocidas... simplemente es eso.
August murmuró algo casi para sí mismo, llevándose la mano vendada al rostro, como si intentara ocultar una sonrisa involuntaria.
—Así que es por eso…no me odia entonces...
Pero Arya no había terminado. No pudo soportarlo y una pregunta punzante, que le ardía en el pecho, escapó de sus labios antes de que pudiera detenerla.
—Pero… ¿por qué te importaría? —preguntó, mirándolo fijamente—. Que yo te evite, o incluso que tenga algún sentimiento negativo hacia ti… no debería afectarte. No hay nada en mí que pueda hacerlo, así que… no lo entiendo.
August guardó silencio. Desvió el rostro por un instante, como si buscara ordenar sus pensamientos. Luego, con un gesto inesperado, apoyó su mano sobre la de Arya, que descansaba sobre la camilla.
Arya se tensó, sorprendida, pero no tuvo tiempo de reaccionar.
August se inclinó hacia ella, su voz baja y seria.
—Me importa —dijo—. Realmente me importa. Desde que te vi, no he podido apartar la mirada. Quiero saber más acerca de ti hablar contigo pasar tiempo contigo… Es como si no pudiera evitar tenerte en mis pensamientos constantemente. Llámame curioso o raro, incluso yo no lo sé... Lo único que se es que quiero conocerte mejor.
El corazón de Arya comenzó a latir con violencia. Demasiado rápido. Sintió el calor subirle al rostro de golpe, como si su piel ardiera. August notó el rubor en sus mejillas y sonrió, satisfecho, convencido de que ella no le era tan indiferente como aparentaba.
Pero entonces, todo cambió.
Arya retiró su mano bruscamente de debajo de la de él.
August se quedó inmóvil, sorprendido.
Cuando ella alzó la vista, su expresión ya no era confusa ni avergonzada. Era dura.
—Por favor… no digas cosas así tan a la ligera... Son palabras fáciles de malinterpretar.
Su voz fue firme, y en su mirada se encendió una expresión cargada de orgullo. Era la mirada de alguien que no estaba dispuesta a dejarse engatusar por palabras bonitas ni promesas vagas. Por muy encantador que sonara todo aquello, para Arya parecía más una broma de mal gusto, de esas que buscaban generar habladurías, convirtiéndola en la comidilla de la sociedad escolar, después de todo no conocía la verdadera forma de ser de August von Hohenberg.
August se sorprendió al verla así, tan a la defensiva. Sin embargo, lejos de desanimarse, aquella reacción pareció avivar algo en él.
No retrocedió.
—Me duele que creas que mis palabras son dichas a la ligera —respondió con voz suave, aunque su mirada estaba llena de determinación—. Pero lo entiendo, desconfiar de la sinceridad de un desconocido es lo natural...
Hizo una breve pausa antes de continuar, sin apartar los ojos de ella.
—Por eso quiero dejar de ser un desconocido para ti. Como dije aquella vez… permíteme conocerte. Y permítame hacer que me conozcas.
Arya quedó estupefacta.
— ¿Por qué…?— se preguntó. ¿Por qué aquel joven mostraba un interés tan insistente en ella? ¿Y por qué su corazón latía con tanta fuerza ante esas palabras, ante la sola idea de que August von Hohenberg mostrara esas intenciones de cercanía hacia ella.
A ella, que había procurado mantener un perfil bajo en la academia, la idea de acercarse a alguien tan notorio le parecía imprudente, incluso peligrosa, porque él era alguien a quien ni siquiera debía tener en sus pensamientos, pero incluso sabiéndolo, no lograba rechazarlo con firmeza.
Aunque no podía estar completamente segura, el parecía sincero en sus palabras y tampoco parecía tener malas intenciones.
—Yo… no sé qué decirte —admitió, casi en un susurro.
August sonrió, una sonrisa astuta pero sincera.
—Solo no me ignores —dijo—. Yo me encargaré de demostrarte mi sinceridad...
Arya sintió cómo el calor le subía al rostro de inmediato, avergonzada, con el corazón desbocado. La tensión entre ambos se volvió densa, casi palpable.
Entonces, la puerta se abrió de golpe.
El sonido seco resonó en la enfermería como un llamado brusco a la realidad.
Arya se estremeció y alzó la vista con rapidez.
Su mirada nerviosa se encontró con unos ojos azules fríos. Una mirada que conocía bien.
Edward von Reinhardt estaba allí, observándolos en silencio.
El ambiente cambió en un instante.
Arya se puso de pie en un instante, como impulsada por un resorte. Su cuerpo reaccionó antes que su mente; actuó de forma casi mecánica, como si hubiera sido descubierta cometiendo un delito. Se acercó a Edward con pasos rápidos y contenidos.
—¿Qué necesitas…? —preguntó, con una rigidez que delataba su nerviosismo.
Edward la miró en silencio durante un breve instante. No dijo nada. Fue entonces cuando Arya notó el detalle que hizo que el aire se le quedara atrapado en el pecho, la manga de su camisa estaba desgarrada, y la tela clara se encontraba manchada de sangre.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—¡Tu brazo…! —exclamó.
Sin pensarlo un segundo, lo tomó del brazo no herido y lo condujo con firmeza hasta la camilla. August, que ya se encontraba de pie, comprendió de inmediato la situación. Dio un paso atrás, dispuesto a retirarse.
—Entonces nos volveremos a ver, señorita —dijo con una media sonrisa.
Pero Arya no llegó a escucharlo. Toda su atención estaba concentrada en la herida de Edward.
Frunció el ceño mientras limpiaba con cuidado la sangre seca.
—Esto… ¿cómo te hiciste esto? —preguntó, sin ocultar su sorpresa por el tamaño de la herida.
Edward permaneció en silencio.
Arya alzó la vista hacia él, evaluando con rapidez.
—Necesita sutura —afirmó—. Llamaré al médico responsable.
Se giró para hacerlo, pero una mano firme la detuvo.
— ¿Tú… no puedes hacerlo tú? —dijo Edward.
Arya se sobresaltó ligeramente ante la petición. Claro que podía hacerlo, al menos en teoría, pero por la gravedad de la herida era necesaria la atención de un médico más capacitado y además pensó que él estaría más conforme si lo atendía un médico experimentado.
—El señor Valdir es un médico reconocido —respondió—. La atención que le brinde será mejor que la que yo pueda ofrecerle en este momento, además es lo que corresponde en un caso como este.
—Estare en problemas sí un profesor médico o lo que sea me atiende—replicó él, con un tono frío, bajo la mirada hacia la herida y agregó — acabo de romper algunas reglas de la academia... no me importaría que me expulsaran pero, si quiero seguir una carrera militar debo graduarme.
Arya observó la herida, era evidente que se había hecho esa herida con una espada, el entrenamiento con espadas reales para alumnos de primer año estaba absolutamente prohibido.
— No solo tú estarás en problemas... esto es algo que debo reportar, y lo sabes.— Dijo ella con un tono serio, Edward insistió.
— Lo sé, aún así no lo hagas... ¿no es esto una oportunidad para que practiques?
Arya lo miro con desconcierto, como podía tomarse tan a la ligera algo tan serio como su salud.
— ¿Practicar? Acaso quieres perder el brazo, así no habrá carrera militar y muchas otras cosas más que puedas hacer.
— No lo creo, estoy seguro de que lo harás bien... no pasas horas y horas estudiando para esto.
— ¡Eres tonto! Esto es serio, es tú salud.
— Dije que no importa...hazlo, por favor.
La voz algo diferente de Edward, podría decirse que sono algo suplicante, paralizó a Arya y la hizo detener sus impulsos de ir corriendo a buscar al médico responsable.
Sí aceptaba, midiendo los pros y contras, habían más contras, si algo salía mal y a Edward le pasaba algo a causa de la herida, era descubierto o el simplemente hablaba de lo que ocurrió, ella era la que tenía más que perder, sin dudas la echarían de la academia y así no podría ni soñar con estudiar medicina, pero al mismo tiempo quería ayudarlo sin perjudicarlo. Arya decidió ayudarlo pero consideró necesario advertirle.
—Está bien, lo haré —dijo finalmente—, pero debo advertirte que no tengo experiencia práctica, solo la teoría. Podría quedarte una sutura algo… grotesca y, en consecuencia, una cicatriz poco estética. Dicho esto, no se aceptan quejas posteriores.
Edward simplemente asintió.
Arya respiró hondo y preparó el instrumental.
— Espero que entiendas que no puedo darte ningún calmante o anestésico... Debido a que tengo que realizar un inventario de los materiales de la enfermería y el respectivo informe de en que se uso dichos materiales... El hilo o materiales para desinfectar son cosas sencillas de disfrazar su uso, pero los anestésicos y calmantes no....
Edward asintió. Arya entonces comenzó a suturar con manos cuidadosas, aunque tensas. Durante el proceso, no pudo evitar sorprenderse, Edward no emitió ningún gesto de dolor, ni una mueca, ni un leve cambio en la expresión. Era evidente que aquello dolía, y aun así él permanecía impasible.
Cuando terminó, se permitió observar su trabajo. Para ser su primera sutura, no había quedado nada mal. Sintió un pequeño orgullo florecer en su pecho.
—Ten cuidado de no ensuciar ni golpear la herida —indicó con seriedad—. Y limpia la herida diariamente. Esto es de vital importancia para que sane correctamente.
Edward no respondió. Se levantó de la camilla y se retiró sin decir una sola palabra.
Arya quedó boquiabierta, observando la puerta cerrarse tras él.
—Tan grosero… lo estoy arriesgando todo y el actúa así—murmuró, cruzándose de brazos—. Y eso que pertenece a una noble familia de Markgraf… Tch. Como sea, yo cumplí...
Aun así, una inquietud silenciosa se instaló en su pecho mientras ordenaba los instrumentos, preguntándose si estaría realmente bien dejar que se fuera así.