Al despertar descubre que está casado con otro, con el cual no se lleva muy bien y ahora resulta que es un omega... Joy tendrá que ser valiente y superar los obstáculos.
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Cruzando dedos
Cuando Joy llegó al estacionamiento subterráneo de la mansión, se quedó sin aliento. No era un garaje común. Era una galería de ingeniería y opulencia que parecía no tener fin. Hileras de vehículos de alta gama, desde sedanes blindados hasta motocicletas de pista que brillaban bajo las luces LED, se extendían frente a él.
-¡Ay, no! Esto es ridículo.- Murmuró Joy, dejando que su voz rebotara en las paredes de concreto pulido -Solo falta que tenga un helicóptero guardado aquí para ir a comprar el pan. ¿Cuánta inseguridad tiene que compensar este alfa para poseer todo esto?-
Caminó entre las máquinas hasta que sus ojos se fijaron en un convertible rojo, un modelo deportivo que gritaba libertad y rebeldía. A través de los fragmentos de memoria del antiguo Joy, supo que el dueño anterior de su cuerpo jamás se había atrevido a tocar uno de los juguetes de Damon. Siempre se movía en el asiento trasero de un auto con chofer, como un adorno silencioso. Pero el Joy actual, el que recordaba el sudor de la peatonal y la independencia de su vida anterior, no pensaba pedir permiso.
-Muy bonito este coche. Me lo voy a quedar.- Dijo con una sonrisa traviesa mientras acariciaba el capó -Además, el rojo me va de maravilla. Combina con mi nueva actitud.
Encendió el motor y el rugido de la máquina le devolvió una pizca de adrenalina que necesitaba desesperadamente. Manejó durante unos treinta minutos, disfrutando del viento en su rostro, hasta que llegó a un enorme centro comercial que parecía una ciudad de cristal. Al entrar, se sintió abrumado por la cantidad de tiendas dedicadas exclusivamente a los omegas: escaparates llenos de sedas, encajes, fragancias dulces y supresores empaquetados como si fueran joyas. Caminó por los pasillos durante largo rato, pero nada de lo que veía encajaba con él. Todo parecía diseñado para resaltar la vulnerabilidad o la belleza sumisa.
Finalmente, tras mucho buscar, encontró lo que su alma reclamaba: una tienda de ropa urbana. Compró jeans sueltos de mezclilla resistente, playeras oversize que ocultaban su figura y, lo más importante, ropa interior de algodón que no fuera una tortura. Entró en un vestidor y, con un suspiro de alivio, se quitó el pijama de seda. Al verse con su nueva ropa, sintió que recuperaba un poco de la dignidad que este mundo intentaba arrebatarle.
Pagó sus compras y salió a buscar una cafetería. Necesitaba sentarse; el dolor en sus muñecas había pasado de una punzada a un ardor constante que le recorría los brazos, recordándole la fragilidad de su actual situación.
Sentado en una mesa apartada, con un café humeante frente a él, Joy comenzó a organizar el caos de su mente. Analizando los retazos de memoria del Joy transmigrado, comprendió la crueldad de su destino. Sus padres, movidos por la ambición de expandir su empresa de alimentos, prácticamente lo habían vendido al mejor postor. Llevaba dos años de un matrimonio miserable con Damon Zarek, un alfa que era el epítome de la arrogancia, alguien que se creía el sol alrededor del cual todos debían orbitar. El antiguo Joy no solo odiaba a Damon; estaba enamorado de alguien más, lo que hacía que cada día en esa mansión fuera una tortura psicológica.
Sin embargo, había una luz de esperanza entre tanta oscuridad: jamás habían tenido intimidad. Damon, en su soberbia, esperaba que el omega se rindiera y le suplicara, mientras que el Joy anterior prefería morir antes que entregarse. Por lo tanto, no había marca de unión en su cuello.
-No estoy marcado, eso es una victoria.- Susurró para sí mismo, revolviendo el café -Pero tampoco se me permite el divorcio. ¡Maldito acuerdo prenupcial! ¿A quién se le ocurre firmar semejante tontería?-
Joy apretó los puños. No podía entender cómo alguien podía quedar atrapado legalmente de esa manera. Necesitaba una estrategia para que Damon fuera quien le otorgara el divorcio por voluntad propia. No pensaba pasar el resto de su existencia conviviendo con un desconocido que lo miraba como a una propiedad defectuosa. Al menos, la mansión era lo suficientemente grande para que tuvieran habitaciones separadas y vidas laborales distintas.
Pero entonces, un pensamiento lo golpeó con la fuerza de un rayo: el celo. En este mundo, su cuerpo reaccionaría cada tres meses de una forma dolorosa y biológicamente desesperada. El antiguo Joy lo pasaba solo, encerrado y dopado con supresores de mala calidad.
-¡Yo sí puedo!- Se animó a sí mismo, aunque el miedo le apretaba el estómago -Hasta que el verdadero Joy regrese, cuidaré este cuerpo. Por favor, vuelve pronto... quiero mi vida tranquila de vuelta. Quiero saber qué pasó con Alex, si él también está en algún lugar de este mundo buscándome.-
El sonido de una notificación lo sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de su madre. Al leerlo, Joy sintió una mezcla de asco y risa histérica. Su madre le recordaba que "ya era hora de darle un heredero a su esposo" para asegurar la posición de la familia.
-¿Que le dé un hijo?- Rio Joy, rascándose la frente con frustración mientras el dolor de cabeza volvía a la carga -Ni loco tocaría a ese tipo ni con un palo. Estás muy mal, querida madre. No tienes idea de con quién estás hablando ahora.-
La idea de quedar embarazado le producía un pánico paralizante. Ni siquiera en su mundo original había tenido su primera vez; la idea de que su cuerpo cambiara de esa forma por culpa de un sistema biológico que no comprendía lo hacía querer gritar. Su mente volaba, y por un momento sintió que el mundo a su alrededor se desdibujaba, una crisis de identidad estaba a punto de estallar en medio de la cafetería.
En ese instante, el teléfono comenzó a vibrar. El nombre "Khalil" apareció en la pantalla. Joy respiró hondo y contestó, buscando una conexión humana que no fuera una amenaza.
-¡¿DÓNDE ESTÁS?!- El grito al otro lado de la línea fue tan potente que Joy tuvo que alejar el aparato de su oreja. Khalil claramente no conocía el concepto de "volumen moderado".
-En el centro comercial.- Respondió Joy con una calma que lo sorprendió incluso a él mismo.
-¿Y no me invitas? ¡Qué gran amigo tengo!- Exclamó Khalil con un tono dramático, pero luego suavizó la voz -Pero sabes que igual te amo, cariño. Eres mi omega favorito, aunque seas un ermitaño.-
Joy sonrió levemente. Khalil parecía ser una persona adorable, el tipo de amigo que no hacía preguntas difíciles, pero que siempre estaba presente. Tras dudar unos segundos, Joy se dio cuenta de que no podía hacerlo solo. Necesitaba un aliado que conociera las reglas de este mundo.
-Khalil... tengo algo importante que decirte.- Dijo con voz seria -Algo realmente inusual. Necesito verte ahora.-
-En quince minutos estoy ahí.- Respondió Khalil sin un ápice de duda antes de colgar.
Joy dejó el teléfono sobre la mesa y cruzó los dedos, cerrando los ojos con fuerza.
-¿Será buena idea contarle esto al mejor amigo del Joy anterior? ¿Puedo confiar en él o me enviará directo a un psiquiátrico?- Se preguntaba mientras el corazón le latía con fuerza -Solo el tiempo dirá si esta es la mejor elección de mi nueva vida o el principio de mi fin.- Se repetía, mientras estaba cruzando los dedos.
Damon: LLAMEN AL DACTOIIOR 😭😭👏👏👏