Violeta, una famosa diseñadora, lo tenía todo... Incluyendo una mala reputación. Santiago, era todo lo contrario.
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# 16
SANTIAGO
Cuando salí de su casa, iba convenciendome a mi mismo, que solo era la madre de mi hijo, que no sentía nada por ella, pero esa mañana, al despertar con ella en mis brazos, su cabello rojo que parece fuego, su piel pálida y esas encantadoras pecas... Y esos ojos azules que me cautivan, me hace desear algo más. Algo que no he deseado de nadie... Solo se Corina.
Al pensar en ella, una punzada de dolor atravesó mi pecho. No iba permitir que nadie llegará hasta donde ella lo hizo, ni siquiera está hermosa pelirroja.
Estaba trabajando en mi oficina, pensado como decirles a mis padres que serán abuelos, no les va a agradar mucho la idea. Pero se tienen que enterar lo más pronto posible.
De verdad estaba pensando en llamarlos, pero en cuánto tome el teléfono y abrí el historial de llamadas, vi su nombre en el principio de la lista. Automáticamente lo marque.
- ¿Hola?- Me encantaba el sonido de su voz, sobre todo cuando yo estaba dentro de ella y me pedía más. Inmediatamente sentí una erección.
- Hola, pequeña, ¿Que harás el día de hoy?.-
- Iré de compras con Benji, necesito relajarme.- Aún no entendía por qué eso a las mujeres las relajaba, a mi me estresaba sobremanera.
- ¿Quieres que pase por ti?- Le pregunté sin darme cuenta. No somos una pareja real.
- No hace falta, Benji me llevará.- Dijo titubeando.
- De acuerdo, te veré más tarde, cuídate.-
- Ok, nos vemos. Mañana es la cita con el ginecólogo a las 3:00 p.m.-
- Bien, entonces tal vez hoy no vaya a tu casa, tengo que arreglar mis citas para desocuparme mañana. Te llamo después.- Colgué sin despedirme.
Creo que ella si sabe exactamente dónde estamos parados. Me enoje conmigo mismo, por qué, perfectamente se a donde va esto, pero el hecho de que a mí me afecte más que a ella, me molesta.
Decidí que el día de hoy me quedaré en casa, tal vez parezca capricho, pero no quiero acostumbrarme a dormir con ella, tal parece que es adictivo para mí. Con solo respirar su aroma, me siento tranquilo.
Pasa la tarde en total tranquilidad, realmente no tengo muchos pendientes, lo único que tengo que hacer ahora, es buscar una nueva marca que quiera ser parte de mi proyecto. En este momento no le puedo decir nada al respecto a Violeta, no quiero que piense que estoy aprovechando la situación, o que es por lo que quiero estar cerca de ella.
Por la tarde, salgo directamente a mi casa, no quiero verla. La casa de siente vacía, siempre me gustó mi soledad, pero esa pequeña pelirroja, está sacando todo de control. Igual no pienso ir a su casa.
Llame a Gerardo, no he hablado con el sobre ésto. Es mi amigo así que tal vez el me pueda dar algún consejo.
Estamos en un bar, alo tranquilo, sabe que no me gustan los lugares ruidosos, mientras le cuento lo que ha pasado la última semana, el se burla de mi.
- Amigo, sabía que la pelirroja te tenía en sus manos. Y no te culpo, es una belleza.-
- No vuelvas a decir eso frente a mi, es la madre de mi hijo.-
- Jajaja, tranquilo, hombre, ¿Sabés que es eso que sientes? Se llaman CELOS.-
Recalco la palabra, pero eso no es posible.
- No es cierto, yo la voy a cuidar, solo hasta que nazca mi hijo, después no sera necesario ni siquiera vernos. Todo se puede hacer por medio de abogados.- Le dije mientras me tomaba de un trago la bebida y pedía otra.
-Estas bebiendo muy rápido, para por favor, a menos que quieras encontrar, otra madre para tus hijos.-
Lo vi de mal modo, pero necesitaba algo que me hiciera dormir sin tener que sentirla contra mi cuerpo.
- Escucha, eso fue un accidente, que sucedió solo por qué a ella la drogaron. Tal vez, si no hubiera sido así, ni siquiera me hablaría, ya sabes cómo es.-
- Si, claro, lo que tú digas.-
En ese justo momento, llegaron unas amigas de Gerardo. Eran muy atractivas, no lo voy a negar y las conocía, salí con una de ellas.
- Hola, Santiago, tanto tiempo sin vernos, ¿Me invitas un trago?- Dijo la chica con la que salí alguna vez, la verdad no recuerdo su nombre.
- Claro que sí, yo invito está ronda, diviertanse, señoritas.- Les hice un gesto de despedida con la mano. Yo sabía exactamente con quién quería estar.
- ¿Estás seguro que puedes manejar, amigo?- Grito Gerardo.
- Más seguro que nunca.- Le contesté seguro de mi mismo. Ahora mismo iba a arreglar las cosas con cierta pelirroja.
Cuando estaba esperando mi coche, salió la chica de hace rato.
- ¿Puedes llevarme a mi casa?, no tengo muchas ganas de hacer mal tercio.- Dijo refiriéndose a los dos que se habían quedado allá.
- Lo siento señorita, tengo algo de prisa, pero con gusto te pago un taxi.-
- Es que, también quería pasar un rato contigo, hace mucho que no nos vemos.- Dijo seductoramente.
- No puedo, llámame y otro día nos ponemos de acuerdo.- Por suerte llegó mi auto.
- ¿Entonces, es verdad que estás saliendo con la mujer más promiscua de la ciudad?- Dijo en voz alta, para que todos la oyeran.
- No, estoy saliendo con una mujer, que jamás le rogaría atención a un hombre, ella obtiene atención, solo por ser, fuerte e independiente.- Estaba furioso, me acerque lentamente a ella y le dije: - Algo que no veo por aquí.-
Ella solo retrocedió, se sonrojo y se fue, bastante molesta debo decir. Nadie hablara de ella en mi presencia, nadie la conoce como yo.
Me fui de ahí, solo pensando en sus ojos azules, en su delgada boca, en sus pequeñas manos y en ese cuerpo perfecto que me tiene loco. Tengo que verla.
Estaba tocando la puerta y se tardó tanto, que pensé que no estaba. Entonces salió, frotándose los ojos, despeinada, y con un camisón de un oso de caricatura. Se veía más hermosa de lo que era. Siempre natural.
La abracé, la bese y entre con ella en brazos, subí a su recámara y le hice el amor tantas veces, quería dejar grabado en mi mente cada imagen se ella. Por qué todo lo bueno se acaba.