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Dulce Isa: La Niñera Que Cambió Nuestras Vidas

Dulce Isa: La Niñera Que Cambió Nuestras Vidas

Status: Terminada
Genre:CEO / Niñero / Padre soltero / Romance entre patrón y sirvienta / Completas
Popularitas:95
Nilai: 5
nombre de autor: Bianly

Isabela acepta un trabajo como niñera en una mansión aislada, donde viven Gael Mancini —un reservado CEO viudo— y sus tres hijos de 13, 9 y 4 años.

Los niños, que antes vivían bajo reglas estrictas y una gobernanta impopular, no quieren aceptar a nadie nuevo. Pero Isabela llega llena de vida, risas y juegos, trayendo a la casa lo que parecía prohibido: paseos por el parque, horas en la sala de juegos, saltos en la piscina e incluso una tierna visita al cementerio, donde los niños se conectan con el recuerdo de su madre.

Mientras los niños se encantan con Isabela, Gael observa, dividido entre el miedo a abrirse y el deseo de ver felices a sus hijos.

Entre el personal de la casa hay amor, tensión y secretos, e Isabela tendrá que conquistar no solo a los pequeños, sino también ganarse su lugar en ese hogar complejo.

NovelToon tiene autorización de Bianly para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

La puerta cerrada y la respiración acelerada de los dos en esa habitación. Ella acorralada en la pared, él a milímetros de distancia.

La mirada de él descendió a los labios de ella, y la respiración de ambos ya se mezclaba. Isa sintió el corazón acelerarse cuando él apoyó la frente en la de ella, los labios casi rozándose, provocando.

Ella no respondió con palabras. Apenas tiró levemente de la nuca de él para que el beso sucediera. Y sucedió. Lento al inicio, como si necesitaran absorber cada segundo. Pero luego se volvió urgencia, deseo reprimido demasiado para ser domado.

El beso creció como un incendio. La boca de él exploraba la de ella con hambre y reverencia, como si quisiera memorizar cada detalle, cada sabor, cada suspiro. Isa gimió bajito contra los labios de él, sintiendo el cuerpo ser atraído con más firmeza. Las manos grandes de Gael descendieron por la cintura de ella, encontrando la curva de los muslos, presionándola aún más contra la pared, como si el mundo estuviera allí, contenido en ese toque.

Ella entrelazó los dedos en el cabello de él, sintiendo el calor, el olor, la piel. Todo en él despertaba en ella un deseo antiguo, un fuego que ella fingía controlar, pero que ahora quemaba sin vergüenza.

—No deberíamos... —susurró ella, los ojos clavados en los de él, jadeante, aun queriendo que nada allí terminara—. Dijo aún sujetando su nuca con deseo de acercar más los cuerpos.

Él murmuró entre un beso y otro, con la voz ronca, quebrada de tensión—Pero yo quiero—dijo él con sus párpados bajos como un deseo y súplicas de ese momento pasando la mano por debajo del camisón palpando el trasero queriendo juntar más los cuerpos.

Gael la encaró por un segundo, como si aquello fuera la última autorización que necesitaba. Entonces la tomó en brazos con facilidad, los cuerpos pegados, los labios reencontrándose como si nunca debieran haberse separado. Isa sintió la espalda tocar la cama, el cuerpo siendo depositado sin espacio para hesitación.

Él la volteó en la cama con facilidad, quedando encima, los ojos oscuros clavados en ella como un predador. El camisón ya estaba levantado hasta la cintura, y él la encaró por un segundo, jadeante.

—¿Tienes noción de cuánto me provocas? —dijo retirando su braga mojada—. ¿De cuánto te quiero? —Él rozó los labios en el trasero de ella—. He soñado con esto. Todas las noches. Y ahora eres mía.

Isa intentó responder, pero todo lo que salió fue un gemido arrastrado cuando él la atrajo de una vez hacia sí, encajando los cuerpos con una precisión brutal. Ella arqueó la espalda, sintiendo cada centímetro de él, sintiendo lo duro, caliente, incontrolable que estaba.

Él la tomó con intensidad, con fuerza, con hambre. Los movimientos eran firmes, rítmicos, cada estocada acompañada de un gruñido bajo, animal. Gael no hacía el amor, él dominaba, él marcaba territorio, él mostraba que aquel cuerpo era de él, y solo de él.

Isa gritaba, gemía, pedía más, las manos agarrando las sábanas, luego los hombros de él, luego cualquier cosa que pudiera mantener el equilibrio mientras el mundo se derrumbaba en placer.

No había delicadeza. Había verdad. Deseo desnudo, crudo, desgarrado.

Y cuando los dos explotaron juntos, la habitación quedó en silencio por un segundo. Solo se oía el sonido de la respiración pesada, del sudor escurriendo, de los corazones latiendo como tambores.

Gael se acostó al lado de ella, el brazo envolviendo su cintura con fuerza posesiva. Aún jadeante, él dijo contra el cuello de ella:

—Ahora intenta fingir que esto no significa nada.

Isa sonrió, exhausta, satisfecha, y no respondió.

Porque los dos sabían: era demasiado tarde para volver atrás.

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