“Salvé al alfa más peligroso del reino…
y ahora dice que soy suyo.”
Aren Solaris es un omega sanador que nunca creyó en el amor.
Pero todo cambia cuando salva a un hombre que no debía sobrevivir.
Darian Valerius.
El alfa más temido del reino.
Frío. Poderoso. Peligroso.
Y ahora completamente interesado en el omega que lo salvó.
Pero Aren no es un omega común.
Su presencia calma incluso a los alfas más salvajes…
y hay quienes están dispuestos a capturarlo a cualquier precio.
Porque algo antiguo está despertando.
Un destino que une a la vida… y la muerte.
Y Darian ha tomado una decisión peligrosa:
Proteger a ese omega.
Porque si alguien intenta llevárselo…
tendrá que enfrentarse primero con el alfa más peligroso del reino.
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Capítulo 19 Los guardianes olvidados
El viento nocturno soplaba sobre las murallas del palacio.
Las antorchas iluminaban las figuras que habían salido del bosque.
No eran Cazadores.
Eso era evidente.
Sus ropas eran antiguas, de tela gruesa y bordadas con símbolos plateados.
Símbolos que Aren reconocía.
El mismo que estaba grabado en su anillo.
El silencio entre ambos grupos era tenso.
Los soldados del palacio mantenían las armas listas.
Los arqueros apuntaban desde las torres.
En el centro de la muralla, Darian Valerius se mantenía delante de Aren.
Su espada estaba en la mano.
—No den un paso más —dijo con voz firme.
El hombre que lideraba al grupo levantó ambas manos lentamente.
—No somos enemigos.
Darian no bajó su espada.
—Eso está por verse.
Aren observaba al hombre con atención.
Había algo familiar en su presencia.
No en su rostro.
Pero sí en la sensación que provocaba.
Como un eco.
Elric dio un paso adelante.
—Ese símbolo…
El hombre lo miró.
—Elric.
Elric se quedó inmóvil.
—Pensé que habías muerto.
El hombre sonrió levemente.
—Muchos lo pensaron.
Aren inclinó ligeramente la cabeza.
—Eso significa que se conocen.
Elric asintió.
—Él era uno de los protectores del santuario.
Darian frunció el ceño.
—Entonces habla.
El hombre caminó lentamente hacia la muralla.
Los soldados tensaron los arcos.
—No disparen —dijo Aren.
Darian lo miró.
—Eso es arriesgado.
—Lo sé.
Pero Aren seguía observando al hombre.
Algo dentro de él decía que no era una amenaza.
Finalmente el hombre se detuvo a unos pasos de la muralla.
—Mi nombre es Caelum.
Sus ojos se fijaron en Aren.
—Y he estado buscándote durante años.
Aren respondió con calma.
—Eso parece ser una tendencia últimamente.
Caelum sonrió ligeramente.
—Sí.
Elric bajó lentamente la cabeza.
—Pensé que todos los guardianes habían sido eliminados.
Caelum negó.
—No todos.
Darian cruzó los brazos.
—Entonces explica por qué apareces ahora.
Caelum lo miró.
—Porque ya no tenemos elección.
Aren levantó una ceja.
—Eso suena dramático.
Caelum respondió con seriedad.
—Los Cazadores han activado el protocolo final.
El silencio cayó sobre la muralla.
Elric palideció.
—No…
Darian frunció el ceño.
—Explícate.
Caelum habló lentamente.
—Si no pueden capturar al Solaris…
Hizo una pausa.
—Destruirán todo lo que esté a su alrededor.
Aren cruzó los brazos.
—Eso es… excesivo.
Caelum negó.
—No para ellos.
Elric habló con voz tensa.
—El protocolo final significa exterminio.
Los soldados alrededor murmuraron inquietos.
Darian apretó la empuñadura de su espada.
—Entonces están preparando un ataque mayor.
Caelum asintió.
—Sí.
Aren lo observó.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
Caelum respondió sin dudar.
—Horas.
El silencio volvió a caer.
El viento movía las banderas del palacio.
Darian miró hacia el bosque oscuro.
—Entonces debemos movernos.
Aren levantó la mirada.
—¿Movernos?
Darian se giró hacia él.
—El palacio ya no es seguro.
Caelum asintió.
—Tiene razón.
Elric frunció el ceño.
—¿Abandonar el palacio?
Darian respondió con calma.
—Si el ejecutor regresa con refuerzos…
Hizo una pausa.
—Este lugar se convertirá en una tumba.
Aren suspiró suavemente.
—Eso sería inconveniente.
Darian lo miró con incredulidad.
—Empiezo a pensar que esa palabra es tu respuesta a todo.
Aren se encogió ligeramente de hombros.
—Es eficiente.
Caelum observaba al omega con atención.
Había algo en él que le recordaba al niño que había visto años atrás.
Pero también algo nuevo.
Más fuerte.
Más brillante.
—Tu poder ya despertó —dijo Caelum.
Aren lo miró.
—Eso parece.
—Eso significa que los Cazadores vendrán con todo.
Darian habló con voz baja.
—Entonces debemos adelantarnos.
Caelum asintió.
—Exactamente.
Elric frunció el ceño.
—¿A dónde?
Caelum miró hacia el horizonte.
—Al lugar donde todo comenzó.
Aren levantó una ceja.
—¿El santuario?
Caelum respondió.
—Sí.
El silencio cayó nuevamente.
Aren observó el anillo en su dedo.
Las palabras del ejecutor volvieron a su mente.
"Ahora sé lo que eres."
Darian habló entonces.
—Eso significa atravesar territorio enemigo.
Caelum respondió con calma.
—Siempre lo ha sido.
Darian lo observó unos segundos.
Luego asintió.
—Entonces nos moveremos antes del amanecer.
Los soldados comenzaron a organizarse.
El plan estaba en marcha.
Pero Aren permanecía en silencio.
Darian lo notó.
—¿En qué piensas?
Aren levantó la mirada.
—En algo que dijo el ejecutor.
—¿Qué cosa?
—Que mi poder estaba despertando.
Darian lo observó.
—Lo está.
—Pero no entiendo por qué.
Caelum respondió desde atrás.
—Porque el mundo te está empujando a usarlo.
Aren frunció ligeramente el ceño.
—Eso suena inconveniente.
Darian soltó una pequeña risa.
—Predecible.
Pero el silencio entre ellos cambió.
Se volvió más profundo.
Más personal.
Aren finalmente habló.
—Darian.
—¿Sí?
—Si las cosas salen mal…
Darian levantó una ceja.
—¿Sí?
—No quiero que mueras por mí.
Darian lo miró fijamente.
—Eso no depende de ti.
Aren sostuvo su mirada.
—Lo sé.
El silencio entre ellos se volvió intenso.
Finalmente Darian habló con voz baja.
—Pero tampoco planeo morir.
Aren respondió con calma.
—Eso sería conveniente.
Darian sonrió ligeramente.
—Empiezo a pensar que esa palabra significa más de lo que dices.
Aren no respondió.
Pero por un momento…
Sus miradas se quedaron conectadas.
Caelum decidió mirar hacia otro lado.
—Debemos irnos pronto.
Darian asintió.
—Prepararemos caballos.
Elric habló entonces.
—El camino al santuario será peligroso.
Caelum respondió.
—Siempre lo fue.
Pero en algún lugar del bosque…
El ejecutor observaba el palacio desde la distancia.
Sus ojos brillaban bajo la máscara.
—Así que decidieron moverse.
Detrás de él, varias figuras vestidas de negro esperaban.
Muchos más Cazadores.
El ejecutor levantó una mano.
—Prepárense.
Uno de los Cazadores preguntó:
—¿Atacamos ahora?
El ejecutor negó lentamente.
—No.
Miró hacia la muralla donde Aren estaba de pie.
—Los dejaremos huir.
El Cazador frunció el ceño.
—¿Por qué?
El ejecutor respondió con una voz fría.
—Porque así…
Sonrió detrás de la máscara.
—Nos llevarán directamente al santuario Solaris.
El silencio cayó entre los Cazadores.
Luego el ejecutor dio la orden final.
—La verdadera cacería comienza al amanecer.
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