Alana es una joven que ha enfrentado numerosas dificultades desde muy pequeña. A la edad de solo cinco años, sufrió la pérdida de su madre, quien falleció, y poco tiempo después, su padre decidió abandonarla al encontrar una nueva pareja y formar una nueva familia con dos hijos más. Desde ese momento, Alana fue ingresada en un orfanato, donde pasó su infancia y adolescencia.
Ahora, al llegar a los 18 años, se encontraba en el umbral de una nueva etapa de su vida. Era el momento de abandonar el orfanato y dar un paso hacia la independencia, pero la situación le resultaba abrumadora. Con lágrimas brotando de sus ojos, dejó aquel lugar que había sido su hogar por tantos años. Mientras cruzaba la puerta, no podía evitar preguntarse cómo habría sido su vida si su madre estuviera a su lado. La melancolía y la incertidumbre la acompañaban, ya que se sentía sola en una ciudad que apenas conocía; su tiempo había estado casi completamente dedicado a los estudios en el orfanato, y ahora se enfr
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capítulo 13
Al entrar, saludó a todos los presentes en la habitación. Fue entonces cuando Diana se levantó de su asiento y se acercó a ella con una sonrisa en el rostro. ¡Amiga, llegaste! Cuéntanos, ¿cómo te fue? le dijo con entusiasmo. Alana comenzó a relatarles todo lo que había sucedido.
Cheo, escuchando atentamente, comentó: Me alegra mucho que hayas podido solucionar ese problema, Alana. Creo que desde este momento deberíamos asegurarnos de que todas las computadoras cuenten con un corrector; no podemos permitir que nos vuelva a suceder algo similar.
En ese instante, Alana intervino y mencionó que el fin de semana habría otra reunión. Ante esto, Sara, emocionada, exclamó de inmediato: ¡Yo quiero ir! Luego miró a Alana y agregó: Además, tú ya fuiste a una.
Alana observó a Sara y luego dirigió su mirada hacia los demás presentes, contemplando sus reacciones y la dinámica del grupo.
Alana: No tengo ningún inconveniente, Sara, pero es fundamental que te asegures de no cometer más errores en tus informes. Además, es importante que te familiarices con toda la información relevante, ya que no queremos que se repita lo que ocurrió aquel día debido a tus nervios.
Cheo: No, no estoy de acuerdo. Creo que deberíamos realizar unas votaciones al respecto.
Sara: Solo fueron mis nervios los que me afectaron ese día. En cuanto a los errores, estaba atravesando una situación personal complicada que me distrajo y no pude concentrarme como debía.
Diana: Pero, Sara, no podemos permitir que nuestros problemas personales interfieran en el trabajo. Fíjate en lo que ha sucedido como resultado.
Sara, con un tono firme, reiteró: Ya dije que no volverá a suceder. En ese instante, la puerta se abrió de golpe, y todos giraron la cabeza para ver a Alejandro que entraba en la sala. Con una actitud cordial, Alejandro saludó: Buenas tardes. Todos los presentes respondieron al saludo de manera unánime.
Dirigiéndose a Alana, Alejandro comentó: Alana, has llegado justo a tiempo, por favor, acompáñame a la oficina; necesitamos hablar sobre el viaje que tenemos programado para el fin de semana.
Sin dejar que él concluyera, Sara intervino rápidamente: Señor, disculpe, pero creo que soy yo quien debe acompañarlo, ya que hemos acordado que soy la persona indicada para asistir a esa reunión.
Alejandro entonces miró a Alana, y, tras una pausa, dijo: ¿Lo acordaron, es verdad Alana ?.
Alana: Bueno, señor, ella desea tener la oportunidad de asistir a una de las reuniones, y nosotros no tenemos inconveniente con eso.
Alejandro: Ustedes no tienen problema con eso, pero la empresa sí. Alana, tú fuiste la responsable de llevar a cabo la primera reunión, y lo hiciste de manera excelente; lograste resolver un gran problema que surgió. Es precisamente a ti a quien el señor Máximus espera ver este fin de semana. Esto ya no se trata de quién quiere una oportunidad, ahora tú eres la encargada, Alana. Eres tú quien asistirá a todas las reuniones relacionadas con este proyecto.
No pueden realizar cambios ni tomar decisiones de manera apresurada y sin consultarme primero. Imagínense que ocurriese un malentendido y no pudiéramos resolverlo; eso podría llevar a la pérdida del proyecto, y todos ustedes verían peligrar su trabajo. Es fundamental que reflexionen cuidadosamente sobre cada asunto antes de aceptar cualquier modificación.
Cheo: Yo estoy de acuerdo con lo que ha mencionado nuestro superior. Alana es la persona indicada para asistir a todas las reuniones. Ella sabe cómo expresarse adecuadamente, tiene un conocimiento más profundo sobre los temas tratados y es capaz de resolver cualquier inconveniente que surja. Estoy seguro de que lo haría muy bien.
Diana: Estoy de acuerdo con lo que usted ha dicho, señor.
Sara, con un tono de preocupación, dijo: Pero señor, usted nos había mencionado que seríamos nosotros quienes tendríamos la decisión de elegir a la persona que asistiría a las reuniones.
Alejandro, con una mirada firme, respondió: Alana fue la que asistió a la primera reunión, lo que implica que ella será la que participe en todas las siguientes. ¿Tienes algún inconveniente con eso?.
Ante esto, Sara bajó la cabeza, visiblemente incómoda, y murmuró: No, señor.
Alejandro, al notar el silencio de Sara, continuó: Entonces, Alana, vamos, es hora de organizar todo para que puedas comenzar a trabajar en todo lo necesario.
Alana, mirando a sus compañeros de trabajo, sintió una mezcla de emociones antes de seguir a Alejandro hacia su oficina, lista para asumir sus nuevas responsabilidades.
En la oficina, Alejandro presentó a Alana una serie de documentos, detallando cada paso de manera clara y concisa. Alana escuchó atentamente y logró entender todo a la perfección. Después de la explicación, volvió con sus compañeros de trabajo, lista para poner en práctica lo que había aprendido.
Todos en el equipo comenzaron a colaborar, inmersos en sus tareas; sin embargo, Sara se sentía muy irritada con Alana. En su mente, contempló la idea de hacer que Alana quedara en mal lugar frente a Alejandro, pero al mismo tiempo se percató de que esa acción podría perjudicarla a ella. Entonces, en un intento de tranquilizarse, se dijo a sí misma que en otra ocasión se las arreglaría para que la despidieran.
Pasaron los días, y Alana se dedicó intensamente a su trabajo junto a su equipo. Para el viernes, a la una de la tarde, todo estaba preparado. Alana se dirigió directamente a la oficina de Alejandro y, tras tocar la puerta, él la hizo pasar.
Al entrar, Alana le entregó todo el material preparado y comenzó a explicar detalladamente cada uno de los pasos que había seguido. Alejandro, sorprendido por el nivel de conocimiento y la dedicación que demostraba Alana en su trabajo, la escuchaba atentamente. Después de revisar todo, él declaró: Perfecto, no hay errores; todo está listo para salir.
Alana sonrió con alegría al escuchar a Alejandro. Él, con una expresión tranquila, le comentó: Alana, se me olvidó mencionarte que esta noche saldremos a las diez. Mañana tenemos que estar muy temprano en la sala de juntas, y si decidimos salir por la mañana, no llegaremos a tiempo. Ya tengo todo preparado.
Alana lo miró, sintiendo un leve destello de emoción, y respondió: Está bien, señor. Ahora me retiro. Alejandro, con una actitud comprensiva, le dijo: Puedes irte a descansar, y si los demás también han terminado y no hay nada más que hacer, pueden irse ya.
Gracias, señor Alejandro, contestó Alana, sintiendo una mezcla de gratitud y satisfacción. Luego, salió de la oficina y se dirigió a sus compañeros para informarles que podían irse a casa. Al salir, se encontró con Diana y comenzaron a conversar sobre los planes para la noche.