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Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Soy Madre Del Hijo Mafioso Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Mafia / Matrimonio arreglado / Posesivo
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

**Soy Madre del Hijo Mafioso por Accidente**

Solo quería ayudar a una niña perdida en el centro comercial, pero terminé siendo adoptada por ella… ¡y aceptada por su padre mafioso!

Ahora vivo en una mansión, tengo guardaespaldas siguiéndome y una pequeña que insiste en llamarme mamá.

¿Y su padre? Un hombre despiadado que parece dispuesto a concederle todos sus caprichos, incluso quedarse conmigo.

¡Yo no soy un perro para que me adopten! ¡Y mucho menos la esposa de un mafioso!

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

Maldita sea.

¿Qué demonios había hecho yo para terminar en esta situación?

Aquella mañana había salido de compras con la intención de encontrar unos zapatos bonitos y regresar a mi departamento. Ahora estaba atrapada en la mansión de un mafioso que me había secuestrado porque su hija quería una madre.

¡Una madre!

Ni siquiera tenía novio. ¿Cómo demonios había pasado directamente a tener una hija y un marido que era un psicópata?

Bueno, técnicamente no era mi marido.

Y, por lo que había visto, prefería que siguiera siendo así.

Miré a la pequeña Sofía, que caminaba a mi lado mientras sujetaba mi mano.

No podía ser cruel con ella. Aquella niña no tenía la culpa de que su padre estuviera completamente demente.

Suspiré.

—Ay, Dios mío...

—¿Estás bien, mami? —preguntó Sofía, levantando la mirada hacia mí.

Aquella palabra volvió a golpearme.

Mami.

Mi cerebro todavía no conseguía acostumbrarse.

Sonreí como pude y le acaricié la cabeza.

—Claro que sí, cariño. ¿Por qué no vamos al jardín?

Su rostro se iluminó inmediatamente.

—¡Sí! ¡Quiero ir al columpio!

—Entonces vamos.

La pequeña tiró de mi mano con entusiasmo, y yo la seguí mientras intentaba convencerme de que aquello no era una pesadilla.

Quizá podría encontrar una salida.

Quizá los guardias se distraerían.

Quizá Adrián sufriría una repentina pérdida de memoria y olvidaría que me había secuestrado.

Esta última posibilidad era mi favorita.

Sin embargo, en cuanto llegamos al jardín, mis esperanzas comenzaron a desmoronarse.

Había hombres vestidos de negro apostados cerca de los caminos, junto a las puertas y alrededor de la casa. Algunos fingían hablar entre ellos, pero sus ojos no dejaban de seguir cada uno de mis movimientos.

Levanté la cabeza.

Una cámara de vigilancia estaba instalada en una esquina del edificio.

Miré hacia el otro lado.

Otra cámara.

Después descubrí una tercera, apuntando directamente al jardín.

Me detuve.

No.

No, no, no.

Aquello no era una mansión.

Era una maldita prisión de lujo.

Y yo era la única idiota que había entrado voluntariamente en ella.

Bueno, voluntariamente no. ¡Me habían drogado y secuestrado!

—Maldita sea —murmuré.

—¡Mami! —me reprendió Sofía—. No debes decir groserías.

Cerré los ojos.

Por supuesto.

La niña tenía cinco años y yo ya estaba dando un pésimo ejemplo.

Me agaché frente a ella.

—Tienes razón, cariño. Mamá se disculpa.

Sofía asintió con mucha seriedad, como si acabara de perdonarme una falta gravísima.

—No pasa nada. Pero tienes que portarte bien.

La miré.

Ella me miró.

Y tuve que morderme el interior de la mejilla para no reírme.

¡Aquella criatura pretendía educarme mientras su padre me mantenía secuestrada!

—Haré mi mejor esfuerzo, señorita —respondí, inclinando la cabeza.

Sofía soltó una risita y corrió hacia el columpio.

—¡Ven! ¡Quiero que me empujes!

La seguí y comprobé que el asiento estuviera bien sujeto antes de ayudarla a sentarse.

—Agárrate fuerte.

—¡Sí!

Me coloqué detrás de ella y comencé a empujarla suavemente.

Sofía reía cada vez que el columpio se elevaba. Poco a poco, la tensión de mis hombros disminuyó.

La niña era adorable.

Tenía una risa contagiosa, unas mejillas que daban ganas de pellizcar y una manera de mirarme que hacía difícil recordar que yo no había elegido estar allí.

Durante unos minutos, casi conseguí olvidarme de Adrián.

Casi.

—¡Más alto, mami!

—Un poquito más alto, pequeña. No quiero que salgas volando y tu padre me acuse de intentar asesinar a su heredera.

Sofía volvió a reír.

Yo también sonreí.

Y entonces escuché unos pasos apresurados sobre la grava.

—¡¿QUIÉN DEMONIOS ERES TÚ?!

Me giré.

Una mujer avanzaba hacia nosotras a toda prisa.

Era espectacular.

Llevaba un vestido ajustado que resaltaba su figura, el cabello perfectamente arreglado y unos tacones que parecían demasiado elegantes para caminar por el jardín. Su rostro era hermoso, pero la expresión de furia que llevaba encima habría hecho retroceder a cualquiera con dos dedos de frente.

Me señaló como si acabara de descubrir a una intrusa robándole las joyas.

—¡Te estoy hablando a ti!

Me quedé con las manos apoyadas en las cadenas del columpio.

¿Perdón?

¿Acaso había un letrero invisible en mi frente que decía «Venga a gritarme, no tengo suficientes problemas»?

Abrí la boca para responder.

No llegué a pronunciar una palabra.

Dos hombres vestidos de negro se interpusieron inmediatamente entre la mujer y yo.

—Señora, debe detenerse.

La mujer se quedó atónita.

—¡¿Qué significa esto?!

Uno de los guardias mantuvo una expresión impasible.

—No puede acercarse más.

Ella miró a los hombres, después a mí y finalmente al columpio.

Su rostro se volvió todavía más sombrío.

—¿Desde cuándo protegen a las desconocidas en esta casa?

Desconocidas.

¡Por fin alguien que comprendía mi situación!

Yo tampoco sabía qué demonios hacía allí.

—Disculpe —intervine, levantando una mano—. Si ha venido a buscar al dueño de esta mansión, le recomiendo que se lo lleve. Con mucho gusto puedo ayudarla a empacar sus cosas.

Los guardias permanecieron inmóviles.

La mujer me miró como si acabara de insultar a tres generaciones de su familia.

—¿Qué has dicho?

Tragué saliva.

Tal vez debería haberme callado.

Pero, sinceramente, mi sentido de la prudencia llevaba horas de vacaciones.

—Que el señor Volkov está disponible para ser devuelto. No aceptamos cambios ni devoluciones, pero podemos hacer una excepción por tratarse de un producto defectuoso.

Uno de los guardias tosió.

Sospechosamente.

Como si estuviera intentando contener una carcajada.

La mujer, en cambio, parecía a punto de arrancarme el cabello.

—¡¿Quién te crees que eres para hablar así de Adrián?!

Ah.

Así que conocía a mi secuestrador.

Qué sorpresa.

—La víctima de sus pésimas decisiones —contesté—. ¿Usted es la siguiente?

—¡Insolente!

Dio un paso hacia mí, pero los hombres volvieron a bloquearle el camino.

—¡Apártense! ¡Quiero saber quién es esta mujer y qué hace con Sofía!

La pequeña dejó de balancear las piernas.

—¡No le grites a mi mamá!

El jardín quedó en silencio.

Yo parpadeé.

La mujer también.

Sofía bajó del columpio y corrió hacia mí, abrazándome la cintura.

—Ella es mi mamá —declaró, levantando la barbilla—. Papá la trajo para que se quede conmigo.

Sentí que el alma abandonaba mi cuerpo.

¡SOFÍA, CARIÑO, NO AYUDES!

La expresión de aquella mujer cambió de golpe.

La furia inicial dio paso a algo mucho más desagradable.

Incredulidad.

Celos.

Y una hostilidad tan evidente que me hizo comprender que acababa de meterme en un problema mucho mayor que el que ya tenía.

La mujer me observó de arriba abajo.

—¿Tu madre?

Sofía asintió con entusiasmo.

—¡Sí! ¡Y vamos a jugar todos los días!

La desconocida apretó los labios.

Después volvió a mirarme.

—Tú y yo vamos a tener una conversación.

Yo miré a los dos guardias que seguían protegiéndome.

Luego miré a Sofía.

Finalmente, observé a aquella mujer y sonreí con la desesperación de alguien que había comprendido que su vida no podía empeorar.

Por supuesto que sí.

¿Por qué no?

Ya que Adrián me había secuestrado, ¿por qué no añadir una mujer furiosa a la lista de mis desgracias?

—Estupendo —murmuré—. ¿Podemos tener esa conversación cuando consiga escapar de esta casa?

La mujer entrecerró los ojos.

—¿Escapar?

Me llevé una mano a la boca.

Mierda.

Quizá acababa de decir demasiado.

Y por la manera en que ella comenzó a sonreír, tuve la horrible sensación de que mi día acababa de ponerse mucho, mucho peor.

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bruja de la imaginación 👿😇
🤣🤣🤣no puedo estoy es una familia de locos q manera de reírme q va
bruja de la imaginación 👿😇
buajaja 🤣 directo al corazón
bruja de la imaginación 👿😇
🤣ay q manera de reírme 🤣
Maria Mongelos
Está muy linda💕
alicia g
buenos capítulos, entretenida, felicitaciones
Bunny 🐇: Gracias ❤️
total 1 replies
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Alison Mendoza Sotelo
Y yo leyendo

Espero más capítulos
Alison Mendoza Sotelo
Me gusta
Lo malo que está en emoción
Maria Mongelos
Interesante y entretenida 💕
Bunny 🐇: me alegra que te guste ❤️
total 1 replies
✨✨Esmeralda Guzman✨✨
jajajaja no PS así ni como salir de esta
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