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Vidas Cruzadas

Vidas Cruzadas

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / CEO / Romance
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Un solo segundo bastó para cambiarlo todo. Un segundo y una mirada que nunca debió ocurrir. Cuando nos conocimos, ambos teníamos la vida resuelta: metas trazadas, rutinas intactas y alianzas selladas con un anillo. Ninguno buscaba nada. Sin embargo, la atracción fue inmediata, inevitable y devastadora. Estábamos casados con otras personas, pero el destino insistía en cruzarnos una y otra vez. ¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona correcta en el momento equivocado? Una historia de deseo prohibido, lealtades puestas a prueba y dos vidas unidas por un hilo invisible.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Revelaciones

A unos cuantos metros de distancia, semioculta tras una de las enormes columnas de mármol del salón principal, Camila sostenía su copa de champán con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.

Sus ojos, abiertos de par en par por el asombro, no daban crédito a lo que veían a través de los cristales de la terraza. Había visto a los hombres más influyentes de la ciudad intentar acercarse a Sofía a lo largo de los años, y siempre los había rechazado con esa elegancia distante y educada que la caracterizaba. Pero allí, en la penumbra exterior, las manos entrelazadas con Mateo Maldonado el CEO más implacable y codiciado del momento demostraban otra cosa. La cercanía entre ambos era tal que la tensión y el deseo flotaban en el aire como una carga eléctrica palpable.

—Pero bueno... santo cielo —murmuró Camila para sí misma, sintiendo que el corazón le latía a mil por hora.

No cabía duda: el hombre que tenía en frente no era un improvisado, y la mirada con la que Mateo la observaba revelaba una devoción que su propio esposo, Alejandro, jamás le había demostrado en una década.

En ese preciso instante, Sofía pareció percatarse de que alguien las observaba desde el interior. Giró levemente el rostro, se soltó con delicadeza pero con firmeza de las manos de Mateo, y dio un paso atrás. El pánico y la culpa cruzaron su semblante. Le dirigió una última palabra a Mateo, asintió con la cabeza de manera apresurada y prácticamente huyó de la terraza, empujando la puerta de cristal para adentrarse de nuevo en el bullicio del salón.

Camila reaccionó de inmediato y se abrió paso entre la multitud para interceptarla antes de que cruzara el vestíbulo principal.

—¡Sofía! ¡Espera! —exclamó, tomándola del brazo con suavidad.

Sofía tenía el rostro encendido, la respiración agitada y los ojos brillantes, a punto de desbordar una mezcla de adrenalina y terror.

—Cami... vamonos. Por favor, sáqueme de aquí ahora mismo —suplicó Sofía con la voz temblorosa, buscando su abrigo con desesperación.

Sin hacer preguntas innecesarias, Camila la guio hacia la salida del hotel, donde el valet parking tardó apenas un minuto en entregarles el auto. Apenas subieron y Camila puso el motor en marcha, alejándose de las luces deslumbrantes del Grand Hotel, el silencio dentro del vehículo se volvió espeso. Ninguna de las dos se atrevió a decir nada hasta que aparcaron en un café tranquilo que aún permanecía abierto a altas horas de la noche.

Pidieron un par de tazas de té caliente y, cuando la mesera se retiró, Camila apoyó los codos sobre la pequeña mesa de madera, mirando fijamente a su amiga.

—Bien —comenzó Camila con un tono directo, firme pero cargado de una profunda empatía—. Ya estás a salvo, ya no hay música de fondo ni miradas indiscretas. Ahora dime: ¿qué demonios acaba de pasar allá afuera con Mateo Maldonado?

Sofía bajó la mirada hacia su taza, sintiendo que el calor del vapor le rozaba las mejillas. Se mordió los labios, intentando ordenar el torbellino de pensamientos que amenazaba con destrozarla.

—No lo sé... o tal vez sí lo sé, y eso es lo que más me aterrada —confesó Sofía en un hilo de voz—. Lo vi hoy por la mañana en la reunión ejecutiva del proyecto. Fue un segundo, una sola mirada al entrar a la sala, y sentí que todo lo que daba por sentado en mi vida se tambaleaba. Y hace un rato en la terraza... Cami, vi a Alejandro con su secretaria, riéndose, siendo cómplices, demostrándome lo que de verdad significo para él: un cero a la izquierda. Y en medio de esa humillación, apareció Mateo.

—¿Y te dijo algo que te hizo perder el suelo? —preguntó Camila, suavizando la expresión.

—Me dijo que la belleza superficial de la juventud es efímera, pero que la mía... que yo le resultaba inquietante —murmuró Sofía, cerrando los ojos al recordar la intensidad de su voz—. Me miró de una manera en la que nadie me había mirado en años, Cami. Como si fuera una mujer real, deseable, y no un simple adorno en una estantería.

Camila dejó escapar un suspiro profundo, ladeando la cabeza con una mezcla de orgullo y tristeza por el sufrimiento acumulado de su amiga. Estiró la mano sobre la mesa y le apretó los dedos con fuerza.

—Mira, Sofía, voy a decirte algo y quiero que lo escuches muy bien, porque a veces te olvidas de quién eres —comenzó Camila con una vehemencia que no admitía réplica—. Tienes treinta años. Treinta años, ¿me escuchas? Eres una mujer brillante, inteligente, hermosa, con una capacidad inmensa para dar y recibir amor. Tienes toda la vida por delante.

Sofía abrió los ojos, sintiendo cómo las lágrimas contenidas empezaban a asomarse.

—Pero estoy casada, Cami... Tengo un compromiso, una casa, una estructura... —protestó Sofía con la voz quebrada.

—¿Qué compromiso ni qué estructura? —la interrumpió Camila sin piedad—. ¿De qué te sirve un anillo y una casa impecable si te estás marchitando en vida? Viviste los últimos años cargando con un hombre que te ignora, que te usa como trofeo social y que, para colmo de males, te engaña en las narices de todo el mundo en la misma gala a la que te mintió diciendo que iba por trabajo. ¿A eso le llamas matrimonio? Eso es una cárcel dorada, Sofía.

Las palabras de Camila cayeron como un martillo sobre cristal. Eran duras, implacables, pero portaban una verdad tan absoluta que Sofía no pudo articular defensa alguna.

—No dejes que ese matrimonio siga acabando con lo poco que te queda de alegría —continuó Camila, bajando el tono a uno mucho más cálido y protector—. No te digo que te lances a los brazos de Mateo Maldonado sin pensar, porque ese hombre es otro pez gordo metido en sus propias redes. Pero sí te digo una cosa: despierta. Date cuenta de que vales oro, de que mereces pasión, respeto, risas sinceras y alguien que te mire como si fueras lo único importante en la habitación. No te resignes a vivir a media luz solo por miedo a lo que diga la gente.

Sofía se quedó en silencio, absorbiendo cada una de las palabras de su mejor amiga. Miró el reflejo de la luz en su alianza de bodas, esa sortija que durante años había representado una promesa de estabilidad, y que ahora se le parecía pesada como el plomo.

Por primera vez en mucho tiempo, el miedo a romper su estructura comenzó a disiparse, dejando espacio a una chispa de valentía indómita. Ya no quería seguir apagándose. Y al recordar los ojos oscuros de Mateo esperándola al otro lado del proyecto, supo que el destino acababa de poner en marcha un engranaje que ya nadie podría detener.

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Mirtha Van Meegroot
no pueden publicar novelas que no tienen final..... es muy malo!!!!!!..
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
QUE PASA ESCRITORA QUE NO ACTUALIZAS ESTA HERMOSA NOVELA SE PIERDE EL ENTUSIASMO Y YO TE LEO MUCHO
Alexandra Ortiz Posada
Amo este hombre, que lindo es con ella🥰
Alexandra Ortiz Posada
Que bien, sin secretos y sin renunciar a ese gran amor 🥰
Alexandra Ortiz Posada
Por favor, que esto no los separe😞
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕gracias
Alexandra Ortiz Posada
Así es que se trata a esos desgraciados, sin darles ninguna importancia
Isela Aguirre
excelente inicio autora 👏saludos
Ysabel Correa: Gracias 🥰
total 1 replies
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