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LA NOVICIA DEL PECADO

LA NOVICIA DEL PECADO

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsy Gómez

Isabella Dalmavere eligió una vida de fe, convencida de que su corazón había encontrado por fin un lugar al que pertenecer. Entre los muros de un antiguo convento, las oraciones y el silencio, creyó que podría mantenerse alejada de todas aquellas emociones que alguna vez despertaron su curiosidad por el mundo.

Hasta que conoció a Dorian Virelli.

Rico, elegante y acostumbrado a conseguir cuanto desea, Dorian nunca había encontrado una mujer capaz de despertar tanto su interés como aquella novicia de mirada dulce y voluntad inquebrantable. Isabella no se impresiona con su fortuna, no se deja seducir por sus palabras y, sobre todo, no está dispuesta a renunciar a sus convicciones por un hombre al que apenas conoce.

Pero Dorian no sabe aceptar una negativa.

Sus visitas se vuelven cada vez más frecuentes. Sus conversaciones, más personales. Y lo que comienza como una atracción inesperada se transforma en una obsesión que amenaza con derribar las barreras que Isabella ha construido alrededor de su corazón.

Él le pedirá una oportunidad una y otra vez. Ella se la negará, decidida a proteger la vida que ha elegido.

Hasta que Dorian tome una decisión que cambiará sus destinos para siempre: llevársela por la fuerza, arrancándola del único mundo que conoce y enfrentándola a una realidad que jamás imaginó.


Volumen 1 de la saga Virelli.

NovelToon tiene autorización de Betsy Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No me gusta compartir tu atención

Dorian Virelli descubrió que podía soportar muchas cosas, pero no la facilidad con la que Isabella Dalmavere parecía olvidarse de su existencia. Desde su última visita al convento de Santa Lucía, había intentado concentrarse en sus negocios, asistir a reuniones y revisar contratos que normalmente habría resuelto en unas horas. Sin embargo, su mente regresaba una y otra vez a la misma mujer, a sus respuestas firmes y a la serenidad con la que le cerraba todas las puertas. No comprendía cómo alguien que apenas conocía podía ocupar tanto espacio en sus pensamientos. Lo irritaba todavía más saber que ella no parecía experimentar la misma inquietud.

—¿Piensas leer ese informe o vas a seguir mirando la misma página? —preguntó Matteo Renzulli, su asistente, desde el otro extremo del escritorio.

Dorian levantó la mirada con evidente fastidio.

—Ocúpate de tus asuntos.

—Eso intento. Pero llevas diez minutos con el documento al revés.

Dorian giró el informe y apretó la mandíbula cuando Matteo disimuló una sonrisa. No pensaba explicarle que había solicitado una nueva visita al convento con el pretexto de revisar personalmente los avances de la restauración. La verdad era más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más difícil de admitir: necesitaba verla. Quería escuchar su voz, descubrir qué hacía durante el día y comprender qué podía existir detrás de aquella calma que tanto lo desafiaba. No le bastaba con recordar su rostro. Quería estar presente en su vida, aunque todavía no supiera qué lugar podría ocupar en ella.

La oportunidad llegó dos días después. Una tormenta había retrasado la entrega de algunos materiales destinados a reparar el ala antigua del convento, y Dorian decidió presentarse para resolver el inconveniente. Cuando llegó, encontró a varias personas organizando cajas en el patio interior. Entre ellas estaba Isabella, con las mangas de su hábito recogidas cuidadosamente mientras ayudaba a una joven trabajadora a separar los materiales dañados de los que todavía podían utilizarse. A su lado, un hombre de cabello oscuro le explicaba algo sobre las nuevas estanterías de la biblioteca. Isabella escuchaba con atención y, cuando él hizo un comentario que la hizo sonreír, ella soltó una pequeña risa.

Dorian se detuvo.

Aquella sonrisa le produjo una incomodidad inmediata. No tenía derecho a reclamar nada, lo sabía perfectamente, pero descubrir que Isabella podía mostrarse tan cercana con alguien más le despertó una irritación que no supo disimular. Se acercó con paso firme, haciendo que ambos volvieran la cabeza.

—Hermana Isabella.

Ella reconoció su voz antes de mirarlo. Su sonrisa desapareció, sustituida por una expresión serena que a Dorian le resultó mucho menos agradable.

—Señor Virelli. No esperábamos su visita.

—Eso parece —respondió él, dirigiendo una mirada breve al hombre que estaba junto a ella—. ¿Interrumpo algo?

—Estábamos revisando las estanterías que se instalarán en la biblioteca —explicó Isabella—. Él es Luca Bellandi, el encargado de los trabajos de carpintería.

Luca le tendió la mano a Dorian, quien la estrechó con una cortesía demasiado rígida.

—Un placer —dijo Luca.

—Igualmente.

El intercambio terminó enseguida. Dorian preguntó por los materiales, revisó las cajas y dio instrucciones para que el proveedor enviara lo que faltaba antes del final de la semana. Sus decisiones fueron rápidas y precisas, como siempre. Sin embargo, cada vez que Isabella retomaba la conversación con Luca, su atención regresaba hacia ellos. Cuando finalmente el trabajador se alejó para hablar con otro empleado, Dorian aprovechó para quedarse a solas con ella.

—Parece que se divierte bastante con él —comentó.

Isabella dejó una caja sobre la mesa y lo miró directamente.

—Es una conversación de trabajo.

—No he dicho lo contrario.

—Entonces, ¿por qué lo menciona?

Dorian guardó silencio durante unos segundos. Podría haber inventado una respuesta elegante, pero la irritación le ganó.

—No me gusta verlo tan cerca de usted.

Isabella parpadeó, sorprendida por su franqueza, aunque no tardó en recuperar la compostura.

—Eso no es asunto mío.

—Podría serlo si me diera la oportunidad de acercarme.

—Ya le he respondido, señor Virelli. No quiero iniciar una relación con usted.

—Y yo ya le he dicho que no pienso dejar de sentir lo que siento solo porque usted lo ordene.

—No le estoy ordenando que deje de sentir. Le estoy diciendo que no puede convertir sus sentimientos en obligaciones para los demás.

Las palabras lo alcanzaron con una precisión incómoda. Dorian dio un paso hacia ella, sin llegar a tocarla, y bajó la voz.

—¿Nunca se pregunta qué pasaría si dejara de esconderse detrás de esa decisión? ¿Si me permitiera conocerla de verdad?

—No me escondo. Elegí esta vida porque la quiero.

—¿Y si algún día cambia de opinión?

—Entonces será mi decisión. No una promesa que deba hacerle ahora.

Dorian sintió que la respuesta le cerraba otra puerta. Quiso decirle que no estaba dispuesto a marcharse de allí para convertirse en un recuerdo ocasional, que cada negativa solo conseguía que pensara más en ella. Pero vio en sus ojos que insistir otra vez no cambiaría nada. Isabella no estaba impresionada por su apellido, su dinero ni su determinación. Y, por primera vez, comprendió que no podía comprar el lugar que deseaba ocupar.

—No me gusta compartir su atención —confesó finalmente.

—No puede reclamar algo que nunca le he dado.

Ella tomó la caja y se marchó para continuar con sus tareas. Dorian permaneció inmóvil, observándola hasta que desapareció por la puerta de la biblioteca. La frase le ardía en la cabeza porque era cierta. Isabella no le pertenecía, ni siquiera un poco. Y, aun así, la idea de verla sonreír para otro hombre le resultaba insoportable.

Aquella tarde, antes de abandonar el convento, dejó instrucciones para que la restauración continuara sin retrasos. No pediría que Isabella trabajara para él ni que cambiara sus responsabilidades. Todavía podía mantener una apariencia razonable, aunque por dentro la paciencia comenzara a agotársele.

Al subir a su automóvil, Matteo lo esperaba junto a la puerta.

—¿Todo salió bien? —preguntó.

Dorian miró por última vez las ventanas de Santa Lucía.

—Los materiales llegarán el viernes.

—No era eso lo que preguntaba.

Dorian abrió la puerta del vehículo, pero antes de entrar respondió con una determinación que no admitía bromas:

—Voy a encontrar la manera de que deje de verme como un desconocido.

El automóvil se alejó por el camino bordeado de cipreses. En el convento, Isabella continuó con sus labores sin saber que aquella visita había dejado algo distinto en Dorian: ya no le bastaba con ser recibido unos minutos. Quería formar parte de sus días, conocer sus silencios y ser la persona a quien ella buscara cuando necesitara hablar.

Y, aunque todavía no se atrevía a reconocerlo, empezaba a confundir el deseo de estar a su lado con la necesidad de no permitir que nadie más ocupara ese lugar.

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Suleima Dominguez Guzman
te felicito autora excelente novela gracias por compartirla
mariela
Isabella ahora con la visita de de Dorian al convento es la prueba que le mando Dios para saber si su vocación es genuina para resistir a la tentación del amor terrenal.
ana luisa: hola Mariela te recomiendo la novela la mujer que no supiste amar leerla por favor muy buena
total 2 replies
Maya
Cuantos años tiene lucas
Suleima Dominguez Guzman
excelente novela me encanta cada capítulo te felicito autora
🇻🇪Mary Arrietas🇻🇪
me encantó la novela tiene un contenido que enseña y entretiene muy diferente a otras novelas exelente historia
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