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Te Quiero de Vuelta, la Esposa que Aprendió a Brillar

Te Quiero de Vuelta, la Esposa que Aprendió a Brillar

Status: Terminada
Genre:Romance / Matrimonio contratado / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:881
Nilai: 5
nombre de autor: núbia santos

Durante dos años, Melissa fue la «señora Duarte» solo en los papeles: una esposa por contrato, encerrada en una mansión que nunca sintió suya, humillada en la recepción de la empresa de la familia de su marido y despreciada por el hombre frío que la dejó plantada el mismo día de la boda.

Hasta que un lunes se cansó.

Sin llevarse ni una joya, ni el auto, ni un solo real, Melissa firma el divorcio con la cabeza en alto y desaparece. Lo que nadie sabía es que detrás de la recepcionista invisible se escondía una genia de la informática capaz de blindar —o derribar— el imperio de cualquiera. Y cuando su talento por fin encuentra dónde brillar, aparece también Lorenzo: un socio de sonrisa cálida y acento italiano que la mira como su exmarido nunca supo mirarla.

Pero el orgullo herido es peligroso. Ahora que la ha perdido, Cristiano descubre demasiado tarde lo que tenía… y hará lo que sea para recuperarla.

Él la quiere de vuelta. Ella ya aprendió a volar.

NovelToon tiene autorización de núbia santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El regreso de Laura

Durante la tarde, Melissa se concentró en lo que tenía que hacer; su atención se volcaba por completo en el trabajo, una de sus características más fuertes. Podía pasar horas frente a la computadora trabajando. Si la dejaban, se le pasaba la hora de parar.

Cuando estaba en AEGIS TECH, a veces Lorenzo iba hasta ella para sacarla del trance.

—Vamos, Melissa, tienes que despegarte de esa computadora. Parece que ni al baño vas.

—Pareces mi papá cuando gané mi primera computadora —decía ella sonriendo.

Un golpe en la puerta sacó a Melissa de la concentración.

—Adelante.

—¿Puedo hablar contigo un minuto? —preguntó Cristiano al entrar.

—Puedes preguntar. No sé si voy a responder.

—Te estoy hablando en serio, Melissa. ¿Qué hay entre tú y ese Lorenzo? ¿Están saliendo?

—¿Qué pregunta es esa? ¿Quién te dio derecho a andar preguntando esas cosas?

—Melissa, no me estás tomando en serio.

—¿Por qué debería tomarte en serio? Cristiano, hazte un favor y hazme uno a mí. Vive tu vida. Déjame en paz. Olvídame. Fuiste muy bueno en eso durante tanto tiempo; ahora insistes en recuperar algo que solo me hizo daño.

—Solo quiero una oportunidad de mostrarte que cambié de verdad. Melissa, no va a ser como fue. Déjame probártelo.

—Porque no entiendes que no necesito que me pruebes nada. Puede que te haya sorprendido que te llamaba interesada y yo no quise nada tuyo. Eso te removió, no sé por qué; tal vez, si lo hubiera aceptado todo, quedándome con todo, ni te habría importado. Y habrías tenido razón: yo era una interesada. ¿No?

—Estás equivocada, Melissa. Cuando saliste de la empresa aquel día, sentí que perdía a la mujer más increíble que había conocido. Eso me revolvió algo por dentro, no sé cómo explicarlo.

—No importa. Se acabó. Hiciste un contrato de cuatro años; yo tuve la esperanza de que ibas a querer conocerme, acercarte a mí de alguna forma. Pero pasaron dos años y ni a la casa donde me dejaste, como a un perrito abandonado, ibas. Déjame vivir mi vida y vive la tuya.

El celular sonó.

—Con permiso. Necesito atender.

—¿Es tu jefe?

—¡Cristiano!

—Está bien. Perdón.

—Hola, mi amor —la voz de Laura hizo que Melissa soltara un suspiro de alivio.

—Amiga. Quiero verte, qué ganas tengo, ¿cuándo vuelves?

—Cálmate, mi bien. Pronto nos vemos. ¿Dónde estás?

—¿Ahora? Estoy en el Grupo Duarte.

—No me digas que volviste con Cristiano y estás en la recepción de nuevo, amiga. ¡No me mates!

Melissa se rio del drama de su amiga; Laura era todo un personaje.

—No, exagerada. Es solo trabajo.

Conversaron un rato y Melissa volvió al trabajo.

Cristiano salió bufando de rabia.

«¿Amor? Lo llamó amor. Lorenzo, no deberías haberte cruzado en mi camino. No voy a perder a mi mujer contigo.»

Volvió a su sala y se quedó rumiando aquella voz de ella diciendo «hola, amor». Eso lo estaba sacando de quicio.

Veía cada vez más lejanas las chances de conquistar a Melissa.

Cristiano se acordó de cuando la conoció. Era hermosa. Tímida, hablaba poco, solo se soltaba cuando estaba frente a la computadora. Ahí era otra persona: segura, independiente, capaz de desarmar y armar una computadora en minutos. No había quien no se impresionara con su destreza.

Cuando Cristiano tenía dificultades con matemáticas, física y química cuántica, era a ella a quien recurría.

Su padre pensaba que terminarían acercándose, pero Cristiano no lo permitía.

Recordaba a sus amigos azuzándolo.

—¿Qué te pasa, hermano? ¿Vas a dejar que tu padre te elija mujer?

Otro decía:

—¿Por qué no le das unas vueltas, le enseñas todo lo bueno? Después la dejas, le conseguimos a alguien para que la agarre y le decimos a tu padre que te traicionó.

Cristiano se negaba a hacer algo así. Su padre lo mataría; aquella muchacha era como un tesoro para Ângelo.

Aceptó el contrato sin saber, en realidad, lo que estaba haciendo. Cuando veía a Melissa en la recepción de la empresa, le daba pena; conocía su capacidad. Pero su lado terco. Burro, como solía decir su padre.

Ahora, imaginándola con aquel tipo, sentía ganas de darse de golpes hasta quedarse sin fuerzas.

Melissa apagó la computadora, puso las contraseñas de seguridad. En esa empresa había tanta gente detestable que Melissa desconfiaba mucho; el miedo al sabotaje la había dejado medio paranoica, así que le había pedido al señor Ângelo que pusiera cámaras escondidas en todos los ángulos.

Se dirigió a la recepción y habló con Tatiana.

—¿Me puedes decir si el señor Ângelo está en su oficina?

—¿Qué te pasó, Melissa? Hechizaste a todos los hombres de la empresa. Hasta Cristiano está caidito por la ex recepcionista.

—Estás loca por perder el empleo, ¿no? ¿Está o no está? —preguntó, ya perdiendo la paciencia.

Ella, con mucha mala gana, dijo que sí.

Melissa golpeó la puerta y él atendió, con una sonrisa.

—Hola, Mel, ¿todo bien? ¿Necesitas algo?

—Sí, quería preguntar si ya decidieron qué hacer con Arminda.

—Cristiano dijo que se quedara esperándote.

—Señor Ângelo, Cristiano tiene que aceptar que se acabó, sea lo que sea lo que él cree que tenía conmigo. Ya no va a existir.

—Lo sé, mi bien. Ese cabeza dura también lo va a entender.

—Quería invitar a Arminda a vivir conmigo. Estoy en un departamento pequeño, pero me gustaría tener a mi amiga cerca.

—Llámala. Si ella quiere quedarse contigo, está bien. Yo la libero, le pago lo que le corresponde y listo.

Melissa bajó justo cuando Lorenzo buscaba dónde estacionar.

—¡Lorenzo! No puedo creer que viniste a buscarme. Vamos ya a la concesionaria. Necesito salir de esta dependencia.

—Hola a ti también, Melissa. Sabes que me encanta cuidarte.

—Eres un príncipe, pero me da miedo estar abusando de ti.

Los dos llegaron a la empresa y Fátima tenía una sonrisa misteriosa.

—Mel, ¿vamos a mi oficina?

—¿Cuál es el misterio?

Siguió a Fátima y, cuando esta abrió la puerta, el mundo se detuvo. Ahí, en aquella sala, estaba la persona que Melissa extrañaba desde hacía casi diez meses.

—¿Laura? Ay, Dios mío, no puedo creer que estés aquí, ¡amiga!

—Mel, mi linda, me estaba muriendo de ganas de verte.

Las dos amigas se abrazaron con fuerza y Laura empezó a contar cómo había llegado a la empresa y cómo Fátima había tenido la idea de la sorpresa.

Melissa sabía que su día acababa de ponerse mucho mejor.

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Emilia Romanof
Ya se volvió locazo🤣🤣🤣🤣🤣
Emilia Romanof
Bien adelaide ayuda a tu hija❤️🥰
Emilia Romanof
Bien adelaide ayuda a tu hija❤️🥰
Emilia Romanof
Linda pareja🤭
Emilia Romanof
Al fin dejo al desgraciado 🤣
Emilia Romanof
Buen inicio 🤭
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