"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Esto no ha terminado
— Yo quiero a mi papá. Quiero quedarme con él —añadió Karina—. Él huele rico y me ama. Tú no me amas.
Cristel, quien sostenía a Karina, la abrazó con más fuerza. Una puñalada hubiera sido menos dolorosa que lo que me estaba ocurriendo en este instante.
No es que quisiera culpar a mis hijos o resentirme con ellos por elegir a su padre en vez de a mí. También entendía que Armando los había manipulado, quizás con promesas y engaños, y ellos se habían dejado llevar; sin embargo, aunque sabía esto, de igual manera me sentía herida.
— Tú siempre nos andas reprendiendo. Yo también me quiero quedar con mi papá —agregó Kian, quien se había mantenido callado hasta ahora.
— ¿Lo entiendes, Karla? Ellos ya han hecho su elección.
No, no lo podía entender. Incluso me negaba a creer que mis hijos me estuvieran rechazando. Regina, a mi lado, sujetó mi mano como si me quisiera transmitir su apoyo. Pero no me podía sentir reconfortada.
No quería creer que ellos me estuvieran despreciando, que creyeran en las palabras de su padre, que Armando los hubiera manipulado a su antojo para ponerlos en mi contra, que todo el amor que les profesé no fuera suficiente para ellos. Me dolía, me dolía mucho que mi amor y mi dedicación me hicieran ver como si yo fuera la mala del cuento.
Sí, es verdad que a menudo los reprendí, pero solo los estaba educando. No podía simplemente aplaudir todas sus fechorías. Sí, es verdad que mi aroma no era agradable a causa de mi trabajo, pero en las noches me bañaba y los abrazaba hasta que se quedaran dormidos.
¿Qué es lo que había hecho mal? ¿En qué había fallado?
— Niños, no me dejen sola —susurré.
No quería que se tomaran mis acciones como si los estuviera manipulando, por lo que me tragué mis lágrimas y mi enojo. No quería traumarlos más de lo que su padre lo había hecho. Ni siquiera deberían estar aquí presenciando la ruptura entre sus padres, no era sano para ellos. Ellos ni siquiera tenían que elegir, no deberían estar haciéndolo.
— Solo quiero lo mejor para ustedes —dije mientras miraba a Armando, el cual, a pesar de las heridas en su boca, me mostraba una sonrisa ganadora.
— Ellos creen que van a estar mejor conmigo. ¿No es así, niños? ¿O quieren irse con su madre? —mencionó Armando como si quisiera echarle más leña al fuego—. Ella nunca tiene tiempo para ustedes, siempre está ocupada con sus carros y amigos. Y siempre está amargada. No me sentiré mal si la eligen a ella.
Idiota.
Quería matarlo.
No sabía cómo podía contenerme tanto para no atacarlo y sacarle los ojos; quizás era el amor que le tenía a mis hijos lo que me detenía de hacerlo.
— Vámonos, Karla. No vamos a ganar nada discutiendo delante de los niños. Deberías hablar con un abogado —me instó Regina.
— Pero míralo. Él… Él es un…
Sacudí la cabeza mientras sentía mis ojos inundarse de lágrimas. Quise contenerme, pero me fue imposible hacerlo; solamente pude bajar la cabeza mientras apretaba la mano de Regina.
— Lo sé. Lo sé. Vámonos, Karla. Pensemos con la cabeza fría.
¿Qué había que pensar? ¿Qué había que decidir?
Ya todo estaba resuelto desde el punto de vista de Armando. La casa estaba a su nombre, los niños lo habían elegido a él, su reputación no fue arruinada —es más, ganó puntos con los vecinos— e incluso logró encontrar una mujer mucho más joven que yo.
¿Qué debería hacer yo? ¿Qué debería hacer?
Incluso si les decía a los demás que no era una cualquiera, ellos no me iban a creer. Si les decía a mis hijos que vinieran conmigo, ellos no lo iban a hacer. Ni siquiera pude echarlo de la casa que construimos juntos cuando descubrí su engaño.
¿Qué es lo que debería hacer?
Mi mundo entero se había hecho pedazos. La vida perfecta que creí tener no era más que un castillo de arena que al menor golpe de las olas se desmoronaba.
— ¿Qué debo hacer? —susurré.
— Vámonos —insistió Regina.
No quería irme. No quería hacerlo.
Sin embargo, al notar la expresión llena de regodeo de Armando, pensé que debía hacerlo; al ver los ojos llorosos y resentidos de mis hijos, supe que debía irme, no había lugar para mí.
Tal vez nunca lo hubo, quizás solo fui una transeúnte en la familia que pensé tener.
— Vámonos —accedí.
Aún tenía que resolver el asunto de los chicos en la comisaría.
— Es lo mejor, Karla. Ya verás que el tiempo resolverá todo esto. Tú debes ser fuerte, muy fuerte.
Regina tenía razón, debía ser fuerte; no era la primera ni la única mujer que pasaba por este tipo de situación. Tenía que levantarme y no dejarme abrumar por la desesperación, aunque lo único que deseaba era llorar, tan desconsoladamente, tan tristemente.
— Esto no ha terminado —le dije a Armando.
— ¡No me digas! ¿Qué vas a hacer? ¿Me vas me denunciar? ¿Golpearme? Piensa en los niños, Karla.
¡Qué desfachatez la de él! Ahora me decía que pensara en los niños, cuando él los había expuesto a este tipo de escrutinio y disputa de la que no deberían ser parte.
¿Cree que es saludable para ellos ver cómo los demás tildan de cualquiera a su madre?
— Nos vemos en la comisaría —añadió mientras sujetaba a Kian en sus brazos.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.