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EL GLACIAR Y LA SALSA

EL GLACIAR Y LA SALSA

Status: Terminada
Genre:Comedia / Mujer poderosa / Romance de oficina / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Una CEO implacable, fría y adicta al control que vive bajo la sombra de una traición pasada. Un técnico de mantenimiento alegre, gigante y de espíritu libre que contagia ritmo de salsa y sonrisas a cada paso. Cuando los mundos opue stos de Ariadna Riquelme y Jonathan Guedez chocan en los pasillos de un corporativo de lujo, el caos está garantizado. Entre hojas de cálculo imposibles, miradas que queman y un choque cultural inminente, Jonh pondrá de cabeza la perfecta y fría rutina de la jefa... demostrando que la armadura más dura a veces solo necesita un buen golpe de sabor y un corazón dispuesto a latir sin permiso.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA CALMA ANTES DE LA TORMENTA DE AMOR

​A tan solo 24 horas de la gran boda, el ambiente en la mansión Riquelme era una mezcla perfecta entre el caos organizado y la anticipación más pura. Las grandes carpas blancas ya se erigían majestuosas sobre los amplios jardines, adornadas con miles de luces de hada que, al caer la tarde, convertían el lugar en un cuento de hadas tropical. Los aromas a flores silvestres, eucalipto y jazmín se mezclaban en el aire con las notas lejanas de las pruebas de sonido que la orquesta realizaba en la parte trasera.

​Ariadna, sentada en una cómoda mecedora en la terraza principal, observaba el ir y venir de los organizadores con una tranquilidad que ella misma jamás se habría creído capaz de poseer. El tiempo en el que cada segundo de su vida dependía de una hoja de cálculo o de una auditoría implacable había quedado atrás, sepultado bajo capas de risas, de salsa y, sobre todo, del amor inquebrantable de Jonh. Su vientre, ya con poco más de tres meses de gestación evidente bajo su holgado vestido de lino crudo, era el centro de atención y de innumerables caricias protectoras por parte de toda la familia.

​Mariana, su madre, se acercó a ella con una bandeja que contenía un vaso de limonada fresca y un pequeño plato con trozos de mango con aderezo de sal y limón.

​—Estás muy callada, mi amor —dijo Mariana con una sonrisa cómplice, sentándose en la silla contigua—. ¿Nervios de última hora? ¿Estás pensando en escapar a última hora y volver a tu oficina en el piso 50?

​Ariadna soltó una carcajada suave, tomando un sorbo de limonada.

​—¿Escapar? Ni loca, mamá. Lo único que pasa por mi cabeza es lo afortunada que soy. Si alguien me hubiera dicho hace seis meses que iba a estar aquí, embarazada, casándome con un chef de barrio que me hace bailar salsa y reír hasta que me duelan las costillas, le habría dicho que estaba loco de remate.

​—La vida da vueltas increíbles, hija —respondió Mariana, tomando la mano de Ariadna con ternura—. El amor verdadero no busca la perfección, busca la complicidad. Y tú y Jonh tienen eso de sobra.

​Mientras tanto, en la parte baja de los jardines, Jonh estaba inmerso en su propio campo de batalla pacífico. Rodeado por Donato, su padre, y por un grupo de tíos y primos que habían llegado desde los sectores más populares de la ciudad para ayudar con los preparativos, el "Músculo de Oro" supervisaba personalmente la instalación de los mesones de comida. Aunque la empresa de banquetes oficial ponía el protocolo, la familia Guedez ponía el alma. Las grandes cacerolas de cobre ya estaban listas para la preparación de las hallacas especiales de boda, y el olor a leña y especias comenzaba a impregnar el ambiente nocturno.

​—Oye, muchacho —le dijo Donato, dándole una palmada en la espalda que casi lo desplaza un metro, con su eterna gorra desteñida y una sonrisa llena de orgullo—. ¿Estás seguro de que vas a poder con una mujer tan imponente como esa? Mira que gobernar a una Riquelme requiere de mucha muñeca y de mucho corazón.

​Jonh se rio, secándose el sudor de la frente con una servilleta de tela mientras miraba hacia la terraza donde Ariadna conversaba con su madre. Sus ojos claros brillaban con una devoción absoluta.

​—Papá, a Ariadna no hay que gobernarla; hay que amarla y dejar que te quiera de regreso —respondió Jonh con total seguridad—. Ella me enseñó a estructurar mis sueños, y yo le enseñé a soltar el control. Somos el equipo perfecto. Además, con este bebé que viene en camino, nuestro organigrama familiar ya no lo cambia nadie.

​La noche cayó sobre Caracas cubriendo la ciudad con un manto de estrellas y luces titilantes. Los ensayos para la ceremonia formal se llevaron a cabo sin contratiempos, aunque las risas y las bromas de Arturo —quien ya se había comprometido solemnemente a mantenerse alejado del ron fuerte hasta después de que su hija diera el "sí, acepto"— amenazaban con interrumpir la solemnidad del momento. El juez de paz que presidiría la ceremonia civil previa a la gran fiesta ya estaba advertido del inusual carisma de ambas familias y había prometido adaptar las palabras para que la ceremonia reflejara exactamente la esencia de los novios: un puente indestructible entre dos mundos que parecían incompatibles.

​A altas horas de la noche, cuando los invitados y familiares se retiraron a descansar para conservar energías de cara al gran evento, Jonh y Ariadna se quedaron solos en la terraza de la mansión. La brisa fresca de la montaña mecía los árboles, y el silencio nocturno solo era roto por el cri-cri de los grillos y el lejano murmullo de la metrópoli.

​Ariadna se acomodó en el pecho de Jonh, sintiendo la firmeza de sus músculos y el calor reconfortante de su piel. Él la rodeó con sus brazos, entrelazando sus dedos sobre el vientre de ella, en un gesto que se había convertido en su ritual favorito.

​—Mañana a esta hora estaremos casados ante la ley, ante Dios y ante todos los que nos quieren —susurró Jonh contra el cabello negro y sedoso de ella—. ¿Estás lista para dar el salto definitivo al caos de mi vida?

​Ariadna giró un poco el rostro para mirarlo a los ojos, con una sonrisa pícara y llena de una seguridad inquebrantable.

​—El verdadero caos era mi vida antes de conocerte, Jonh —respondió ella con voz suave pero firme—. Contigo, todo tiene un orden perfecto, aunque tenga un ritmo de salsa y huela a café y a mar. Estoy más que lista.

​Jonh selló sus palabras con un beso lento, profundo y cargado de una ternura infinita, un anticipo de lo que sería el resto de sus vidas. En la quietud de esa noche, con el mundo durmiendo a sus pies, el Glaciar y la tormenta de fuego se fundieron en una sola promesa eterna, listos para escribir el capítulo más hermoso de su historia cuando el sol volviera a salir sobre Caracas.

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