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Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Poseida Por La Venganza/ El Despertar De La Reina

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mujer poderosa
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Andreina Marquez

Un alma implacable despierta en un cuerpo ajeno.
​Tras el trágico final de la antigua Aria Thorne, un espíritu frío, astuto y deslumbrante toma el control de su vida. Decidida a vengar el humillante pasado de la chica tímida, desmantela la arrogancia de Pietro y destroza la envidia de su hermanastra Chloe.
​En la élite universitaria, la nueva Aria se convierte en una pesadilla intocable y despierta el peligroso deseo de Dante Vance. Sin romanticismos ni piedad, un juego de seducción y poder comienza.
​La víctima murió... hoy reina la destructora.

NovelToon tiene autorización de Andreina Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16: El juego bajo mi control (POV Dante)

Apreté las manos contra el volante de la camioneta hasta que los nudillos se me pusieron blancos. El eco del portazo que dio Aria al salir todavía retumbaba en mis oídos, pero lo que de verdad me quemaba por dentro era el roce de su piel contra mis dedos y la frialdad con la que me había frenado en seco. Estaba a punto de tenerla completa en el asiento trasero del auto, de hacerle tragar cada uno de sus arranques de orgullo, y me dejaba tirado con la sangre hirviendo y el corazón a mil por hora en el estacionamiento subterráneo del restaurante.

​—Maldita sea, Aria... —gruñí en la penumbra del vehículo, encendiendo el motor de un tironazo.

​Aceleré a fondo, haciendo chillar los neumáticos mientras salía del estacionamiento del restaurante para dirigirme a toda velocidad hacia la sede central de la corporación Thorne. Tenía apenas quince minutos para cruzar la ciudad. Ajusté la corbata con rabia, pasé una mano por mi cabello desordenado y me miré al retrovisor. Mis ojos reflejaban una mezcla peligrosa de deseo insatisfecho y una posesividad salvaje. Ella creía que tenía el control absoluto del tablero, pero no tenía idea de hasta dónde estaba dispuesto a llegar.

Mientras sorteaba el tráfico a alta velocidad, la pantalla de la camioneta se iluminó intermitente. Un número privado apareció en el panel. Al ver el identificador, mi rostro se ensombreció. Miré fijamente el teléfono durante unos segundos antes de presionar el botón del volante y conectar la llamada mediante el altavoz.

​—Dante, ¿ya has pensado en la propuesta que te hice? —resonó la voz rasposa, imponente y cargada de autoridad de mi tío, el hermano mayor de mi padre.

Fruncí el ceño, apretando la mandíbula mientras mantenía la mirada fija en el asfalto. Me quedé en absoluto silencio, midiendo cada palabra.

​—Sabes bien de lo que hablo —continuó mi tío al no obtener respuesta inmediata—. De todos mis hijos, y de cualquiera en la familia, eres el único capaz de manejar semejante puesto con la mente fría y calculadora que se requiere. Tienes unas habilidades e inteligencia táctica impresionantes, Dante... habilidades que jamás he visto en nadie más. El verdadero poder de nuestra dinastía no puede quedar en manos de débiles.

Aquel secreto, esa oferta en las sombras que ni mi padre ni Aria imaginaban que estaba sobre la mesa, me colocaba en el centro de un juego de ajedrez implacable donde el premio supremo cambiaría el rumbo de todas nuestras familias.

​—Te daré una respuesta esta noche —respondí con voz seca y grave, sin traicionar una sola emoción—. Justo ahora estoy conduciendo hacia una reunión ejecutiva decisiva. No puedo hablar de esto ahora.

​—Está bien —accedió mi tío con una pausa pesada—. Te espero esta noche en el mismo lugar de siempre. No me falles.

​Y cortó la llamada.

​El silencio volvió a la cabina, pero la presión sobre mis hombros era mayor. Aparqué en la imponente torre de los Thorne a la 1:57 PM. Subí por el ascensor privado hacia el piso ejecutivo y, al cruzar las puertas de la sala de juntas a las dos en punto, la tensión en el ambiente se podía cortar con un bisturí.

​Pietro estaba sentado a un costado de la gran mesa de cristal. Al verme entrar, la cara de Pietro se mudó a una mueca de puro enojo y molestia contenida; me odiaba a muerte y no disimulaba la rabia que le daba compartir el mismo aire conmigo.

A su lado, Chloe apenas pudo disimular la emoción que le recorrió el cuerpo al verme. Sus ojos se iluminaron con ese brillo obsesivo y hambriento que siempre ponía cuando estaba cerca de mí, arreglándose la postura en la silla de inmediato para intentar llamar mi atención.

Y luego estaba Aria sentada en el lado opuesto, cerca del puesto de mando de su familia, lucía impecable en su conjunto de satén. Ni un solo cabello fuera de lugar, ni un rastro del rubor que hace veinte minutos le quemaba las mejillas en mi auto. Pasó la mirada por la sala y, al cruzarse con la mía, apenas arqueó una ceja con una frialdad descarada.

​—Llegas a tiempo, Dante —dijo Chloe con una sonrisa amplia y empalagosa, acomodándose el cabello mientras no me quitaba la vista de encima.

​—Siempre llego a tiempo —respondí con voz grave, ignorándola por completo para concentrarme únicamente en Aria, arrastrando la silla justo frente a ella.

​Aria dio un golpe suave con la pluma sobre la mesa, tomando la palabra con la autoridad impecable de la casa Thorne.

​—Bien, ya estamos todos. Vamos al grano con la distribución operativa del megaproyecto —comenzó Aria, proyectando los mapas logísticos en la pantalla central de la sala—. La corporación Thorne mantendrá el control absoluto de las finanzas, la tesorería central y la auditoría de compras. Ninguna orden de pago se ejecutará sin la firma de mi departamento.

Pietro soltó un resoplido molesto, acomodándose la chaqueta con arrogancia.

​—Me parece un exceso de burocracia, Aria —intervino Pietro, clavándome una mirada llena de veneno antes de dirigirse a ella—. A mí me corresponde la Infraestructura del proyecto. Como encargado del desarrollo técnico y la edificación, necesito autonomía directa para acelerar los trabajos sin pasar por la aprobación lenta de tus auditores.

​—No hay autonomía sin supervisión, Pietro —respondió Aria con una serenidad cortante, sin inmutarse ni un milímetro ni mencionar una sola palabra sobre el documento que le había hecho firmar horas antes en el restaurante; guardaba esa carta resguardada en su bolso, intacta, esperando el momento preciso para usarla—. Los Thorne ponemos las garantías financieras principales. Tu departamento ejecutará la obra física de la infraestructura, pero los desembolsos se harán por etapas strictly auditadas.

​—Nosotros estamos completamente preparados para asumir la Logística —se apresuró a intervenir Chloe, buscando mi aprobación con la mirada y acomodándose en la mesa con entusiasmo fingido—. Mi equipo coordinará las cadenas de suministro, el transporte pesado y la distribución de rutas estratégicas para que los materiales de infraestructura lleguen a tiempo sin contratiempos.

Miré a Chloe con frialdad y luego fijé mis ojos verdes en Aria. Bajo la mesa de cristal, estiré lentamente la pierna hasta que la punta de mi calzado rozó la delicada tela de satén que cubría su tobillo. Sentí cómo se tensaba al instante, pero su rostro permaneció imperturbable.

​—El Grupo Vance aportará el fondo de liquidez privada —declare, modulando la voz con una firmeza que hizo callar a Pietro—. Pero la liberación del primer tramo de capital estará sujeta al cumplimiento estricto del cronograma de infraestructura y logística. No liberaré un solo dólar si veo un retraso de veinticuatro horas en el flujo operativo.

​—Estás apretando demasiado las tuercas, Vance —gruñó Pietro con los dientes apretados, hirviendo de odio por mi tono dominante.

​—Así es como hago negocios, Pietro. Si no puedes con la presión de dirigir la infraestructura, siempre puedes dar un paso al costado —solté con una sonrisa torcida, acariciando sutilmente la pierna de Aria por debajo de la mesa.

​Aria entrecerró los ojos y, sin romper el contacto visual, presionó con su tacón sobre mi empeine con la fuerza suficiente para enviarme una advertencia clara. Apreté la mandíbula al sentir el dolor sordo, pero mi sonrisa solo se ensanchó.

Durante la siguiente hora, discutimos cada cláusula del contrato: la división de porcentajes de capital, las rutas de transporte bajo la gestión de Chloe, las etapas de infraestructura de Pietro y las fechas de entrega del primer bloque. Pietro protestó por cada ajuste, pero acorralado por el frente que formábamos, no le quedó más remedio que aceptar las condiciones impuestas.

​—Queda pactado entonces —concluyó Aria, cerrando su carpeta de cuero con elegancia impecable—. La primera revisión de avance será en tres semanas.

Todos nos pusimos de pie. Pietro recogió sus papeles de mala gana, me lanzó una última mirada cargada de furia y salió de la sala de juntas a pasos apresurados sin despedirse de nadie.

Chloe, aprovechando el momento, se acomodó el vestido, bordeó la mesa de cristal con una sonrisa coqueta y se acercó hacia mí. Sus intenciones eran más que evidentes; buscaba cualquier pretexto para no despegarse de mi lado.

​—Dante... ya que terminamos temprano —dijo Chloe con voz suave y entonación sugestiva, mirándome con fijación obsesiva—, ¿sería mucho pedir que me lleves a casa en tu camioneta? Mi chófer tuvo un inconveniente y me encantaría que aprovechemos el trayecto para hablar a solas sobre la planificación logística.

Eché la silla hacia atrás con tranquilidad. Miré a Chloe de arriba abajo de forma indiferente y luego desvié la mirada hacia Aria, que guardaba con calma sus bolígrafos en el maletín. Le dirigí a Aria una sonrisa pícara y descarada, disfrutando del brillo de desafío que se encendió de inmediato en sus ojos oscuros.

​—Lo siento, Chloe, pero voy a estar muy ocupado —respondí en voz alta, asegurándome de que cada palabra retumbara en el silencio de la sala—. Tengo otra reunión urgente que no puede esperar ni un segundo.

​Sin darle tiempo a Chloe para insistir ni añadir una palabra más, me abotoné la chaqueta del traje, me di la vuelta con frialdad y salí de la sala de juntas con pasos firmes hacia los ascensores, marchándome del lugar sin siquiera voltear a despedirme de Aria.

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Flor R
v a super increíble espero que entre dos le den un paliza a esas basuras vamos Dante
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