Catalina sufre el abandono y rechazo de su padre desde muy temprana edad al morir su madre. Es entregada a su tía la condesa viuda dónde crece entre los niños de muchos matrimonios experimentando el amor y la pasión de los hombres que la rodean hasta llegar al mismísimo rey de Inglaterra.
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El último Secreto
La lluvia golpeaba los vitrales del palacio como si el cielo quisiera advertirme de que toda felicidad tiene un final.
Durante semanas había evitado a Thomas. Cada mirada en los corredores era un riesgo, cada palabra un pecado. Sin embargo, el corazón no entiende de coronas ni de leyes. Cuando el rey descansaba, agotado por sus dolores, yo sentía que mi alma buscaba desesperadamente un lugar donde respirar.
Aquella noche, Lady Rochford llegó hasta mis aposentos con el rostro cubierto por la sombra.
—Él desea verte una última vez.
Una última vez...
Esas palabras parecían inofensivas, pero llevaban escondida la sentencia de mi destino.
Caminamos por los pasillos silenciosos. Las antorchas apenas iluminaban el camino y el eco de nuestros pasos parecía un aviso de que alguien podía descubrirnos.
Thomas me esperaba en una habitación apartada.
Cuando nuestras miradas se encontraron, el tiempo dejó de existir.
—Catalina... —susurró.
No hizo falta decir más.
Corrí hacia él y me refugié entre sus brazos. Durante unos instantes olvidé que era reina. Solo era una muchacha cansada de fingir.
—Debemos terminar con esto —dije entre lágrimas.
Él negó con la cabeza.
—No puedo dejar de pensar en ti.
Sentí que el mundo entero se desmoronaba.
Sabíamos que aquello era imposible. Si alguien nos descubría, ninguno de los dos sobreviviría.
Pero el amor, o aquello que confundíamos con amor en medio del miedo y la soledad, nos volvió imprudentes.
No escuchamos los pasos que se acercaban.
Lady Rochford irrumpió en la habitación, completamente pálida.
—¡Alguien viene!
Thomas apenas tuvo tiempo de apartarse cuando varias voces resonaron en el pasillo.
No llegaron a encontrarnos abrazados, pero las miradas nerviosas, la presencia de Thomas en un lugar donde jamás debía estar y los rumores que ya recorrían la corte bastaron para sembrar las dudas.
Los sirvientes comenzaron a murmurar.
Aquella misma noche los comentarios llegaron hasta los miembros del Consejo.
Pocas horas después, el arzobispo Thomas Cranmer recibió nuevas declaraciones sobre mis encuentros secretos con Thomas. Lo que hasta entonces eran simples rumores comenzó a transformarse en una investigación oficial. Muy pronto aparecería también la carta que yo le había escrito, convirtiéndose en una de las pruebas más comprometedoras contra mí.
Mis doncellas nerviosas, me abrazaron con fuerza , esperando que realmente el rey tuviera piedad de mi y no me decapitaran como hicieron con la segunda reina.
Cuando regresé a mis habitaciones encontré a Enrique dormido.
Lo observé durante largos minutos.
Aquel hombre me había amado con una intensidad que nunca supe corresponder.
Quise arrodillarme junto a él y confesarlo todo.
Pero el miedo cerró mi garganta.Sabia lo que hacía Pero en el corazón uno no manda, Thomas me había hecho sentir el calor de un hogar, me hacía reír, sus manos me daban paz y tranquilidad algo que la corona no me permita tomar con tantos protocolos y momentos sociales.
Al amanecer comprendí que el silencio ya no podía salvarme.
Las puertas del palacio seguían abiertas.
Mi libertad, en cambio, acababa de cerrarse para siempre.