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LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la cita

Valentina permaneció mirando el mensaje.

“Si quieres encontrar a tu madre, ven sola mañana a medianoche.”

Debajo aparecía una dirección.

Y una última advertencia:

“No le digas a Damián.”

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

Su madre podía estar viva.

Después de tantos años, aquella posibilidad parecía imposible.

—¿Qué ocurre? —preguntó Damián.

Valentina bloqueó rápidamente el teléfono.

—Nada.

Él la observó.

—¿Quién te escribió?

—Nadie.

Damián entrecerró los ojos.

—Valentina.

—Estoy cansada. Necesito ir a mi habitación.

Ella se marchó antes de que él pudiera detenerla.

Pero Damián se quedó mirando el pasillo.

Algo no estaba bien.

En su habitación, Valentina volvió a leer el mensaje.

La dirección correspondía a una antigua estación de tren abandonada.

Tenía miedo.

Mucho miedo.

Pero si existía una posibilidad de encontrar a su madre, no podía ignorarla.

Tomó una decisión.

Iría.

Aunque tuviera que hacerlo sola.

A la mañana siguiente, Damián no se separó de ella.

—¿Dormiste bien?

—Sí.

—¿Segura?

—Sí.

Él la observó.

—Estás diferente.

Valentina intentó sonreír.

—Solo estoy pensando en todo lo que pasó.

Damián tomó su mano.

—No tienes que enfrentar esto sola.

Ella sintió una punzada de culpa.

—Lo sé.

—Prométeme que no harás ninguna locura.

Valentina bajó la mirada.

—Te lo prometo.

Damián besó suavemente su frente.

—Bien.

Valentina sintió que estaba traicionando su confianza.

Pero encontrar a su madre era demasiado importante.

Esa noche, esperó hasta que todos estuvieran dormidos.

Se puso una chaqueta y salió por una puerta lateral.

Sin embargo, alguien la estaba observando desde el segundo piso.

Damián.

Había notado su comportamiento durante todo el día.

Cuando vio que salía, decidió seguirla.

Valentina llegó a la antigua estación cerca de la medianoche.

El lugar estaba completamente oscuro.

—¿Hola?

Nadie respondió.

Caminó lentamente.

—Me dijeron que viniera.

Escuchó pasos.

Un hombre salió de las sombras.

Valentina retrocedió.

—¿Quién eres?

—Alguien que conoció a tu madre.

—¿Dónde está ella?

El hombre le entregó una fotografía.

Valentina la miró.

Era su madre.

Más mayor.

Pero claramente era ella.

—Está viva...

—Sí.

Valentina comenzó a llorar.

—¿Dónde está?

—Muy lejos.

—Llévame con ella.

—Todavía no.

—¿Por qué?

El hombre miró alrededor.

—Porque hay personas vigilándote.

Valentina frunció el ceño.

—¿Quiénes?

Antes de que pudiera responder, se escuchó un ruido.

El hombre palideció.

—Tenemos que irnos.

—¿Qué pasa?

—Te siguieron.

Valentina se giró.

Vio una silueta acercándose.

—¡Damián!

Él apareció entre las sombras.

—¡Valentina!

Ella corrió hacia él.

—¿Qué haces aquí?

—La misma pregunta podría hacerte yo.

El hombre aprovechó la distracción para escapar.

Damián intentó seguirlo, pero desapareció entre los edificios.

Regresó junto a Valentina.

—¿Estás loca?

—Yo...

—Te dije que no hicieras ninguna locura.

—Me dijeron que mi madre está viva.

Damián se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Valentina le mostró la fotografía.

Damián la tomó.

Su expresión cambió.

—¿Es ella?

—Sí.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Damián respiró profundamente.

—Entonces la encontraremos.

Valentina lo miró.

—No estás enojado.

—Estoy furioso.

—Entonces...

—Pero entiendo por qué lo hiciste.

Ella bajó la mirada.

—Lo siento.

Damián levantó su rostro.

—Nunca vuelvas a arriesgarte así.

—Lo prometo.

—No quiero perderte.

Valentina lo abrazó.

—No me vas a perder.

Cuando regresaron a la mansión, Rafael esperaba en el salón.

Al ver la fotografía, palideció.

—¿Dónde conseguiste eso?

—Un hombre me la dio.

Rafael tomó la fotografía.

—Es Lucía.

—Está viva —dijo Valentina.

Rafael cerró los ojos.

—Entonces todo tiene sentido.

Damián frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

Rafael señaló la fotografía.

—Tu madre no desapareció.

—¿Entonces?

—La escondieron.

—¿Quién?

Rafael miró hacia la puerta.

—Tu padre.

Valentina se quedó inmóvil.

—¿Mi padre escondió a mi madre?

—Sí.

—¿Por qué?

—Para protegerla.

Damián preguntó:

—¿De Alejandro?

Rafael negó.

—De alguien mucho más peligroso.

—¿La Sombra? —preguntó Damián.

Rafael asintió.

—Exactamente.

Valentina se llevó una mano al pecho.

—¿Dónde está?

Rafael respondió:

—En un lugar que solo tu padre conoce.

—Entonces tenemos que preguntarle.

Fueron a buscar al padre de Valentina.

Lo encontraron en una habitación revisando documentos.

—Papá.

Él levantó la mirada.

—¿Qué ocurre?

Valentina colocó la fotografía sobre la mesa.

Su padre se quedó paralizado.

—¿Dónde conseguiste eso?

—Me dijeron que mamá está viva.

El hombre cerró los ojos.

—No debiste enterarte todavía.

—¡¿Dónde está?!

—Valentina...

—¡Quiero verla!

Su padre se levantó.

—Si vas con ella, pondrás tu vida en peligro.

—Ya estoy en peligro.

—No entiendes.

—Entonces explícame.

El hombre respiró profundamente.

—Tu madre está escondida en una clínica privada.

Damián frunció el ceño.

—¿Una clínica?

—Sí.

—¿Dónde?

El padre de Valentina dudó.

Finalmente escribió una dirección.

Valentina tomó el papel.

—¿Por qué nunca nos buscó?

Su padre bajó la mirada.

—Porque está enferma.

Valentina sintió que el corazón se le rompía.

—¿Qué tiene?

—No es una enfermedad común.

Damián se acercó.

—¿Qué significa eso?

El padre de Valentina lo miró.

—La envenenaron hace años.

Silencio.

Valentina comenzó a llorar.

—¿Quién?

Su padre respondió:

—La misma persona que ahora intenta encontrarte.

Más tarde, Valentina estaba en su habitación.

Damián entró.

—Mañana iremos por ella.

Valentina lo miró.

—¿Me acompañarás?

—Siempre.

Ella sonrió entre lágrimas.

—Gracias.

Damián se acercó y la abrazó.

—Esta vez no vas a ir sola.

Valentina apoyó la cabeza en su pecho.

Pero ninguno de los dos sabía que, en la clínica donde estaba Lucía, alguien acababa de entrar.

Un hombre con un anillo marcado con el símbolo de La Sombra.

Se acercó a la habitación.

Miró a la mujer dormida.

Y susurró:

—Tu hija finalmente te encontró.

Sacó su teléfono.

—Ya podemos comenzar la última fase.

En la pantalla apareció una fotografía de Valentina.

Y debajo, una orden:

“Capturarla viva.”

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