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Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:694
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Cinco años de matrimonio empañados por la distancia y un embarazo fallido llevan a Victor y Victoria al inevitable divorcio. El acuerdo es pacífico y la separación, inminente. Cada uno toma su propio camino; sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que el frío y reservado Victor Song descubra que desatarse del pasado es imposible cuando la mujer que dejó ir sigue siendo la única que desea.

NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cobarde, Experto En Joderlo Todo

—¿No vas a trabajar? —me preguntó, evaluando mi aspecto.

—No —respondí, sentándome en el banco frente a ella—. Al parecer hay amenaza de una plaga de avispas —expliqué, tomando la primera hoja.

Victoria asintió, pero no agregó a la conversación. Con la incomodidad subiéndoseme a la cabeza, busqué distraerme bajo la premisa de la conversación que sugirió necesaria, y entendí por completo la razón, apenas vi ese título que estaba reluciente con una fuente de 24, pero que a mis ojos se volvió una del 72, subrayado con un rojo tan intenso como para dejarme ciego.

...‘TRASPASO DE OBLIGACIONES’....

—El abogado me recomendó hablar de esto antes de que se haga pública la noticia del divorcio —aclaró, con esa maldita voz suave que aligeraba cualquier situación.

—Tienes que acostumbrarte de a poco al puesto y… aún tengo un contrato vigente —respondí, tratando de sonar lo más calmado posible.

—Lo sé —me sonrió—. Sé que moldeaste mi empresa a tu disponibilidad, y sé que no serás tan hijo de puta como para mandarme justo al inframundo… Además, estos documentos los propuso el señor Thompson como preventiva del divorcio porque piensa que me dejarás en la ruina.

—Déjame aclararlo —la miré—. Nunca me ha interesado quedarme con lo que te pertenece y me aseguraré de echarte la mano tanto como pueda mientras lo necesites —le aseguré—. Y firmaré, pero me gustaría hacerlo de manera formal para que no tengas problemas con esos viejos burócratas.

—Gracias, Victor —murmuró.

Mi corazón se alborotó y las orejas me quemaron al instante. Bajé los papeles y revisé el otro que se encontraba junto a su teléfono, apartado, como un tema que no se involucraba con nuestros puestos.

—¿Eso?

—Oh —tomó la hoja—. Me retrasaron la mudanza por problemas de gestión de la empresa y acaban de notificarme… ¿Puedo quedarme un poco más?

La sensación en mi pecho fue liberadora.  La muerte prematura de ayer, ahora se volvió un renacimiento total. Le sonreí y le miré a los ojos, atrapando la curiosidad en sus acciones. Me miraba como si de verdad tuviera el poder de negarme y echarla de su propia casa.

Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, el timbre sonó.

Ella se levantó de la silla sin prisa. Me concentré en la notificación de la mudanza y quise ponerme a celebrar entre brincos y bailes por la noticia que se me había lanzado desde el cielo como un milagro.

Pero la sombra de su presencia se detuvo de vuelta frente a mí, haciendo que mi sangre cayera hasta mis pies por segunda vez en el día.

Victoria estaba de pie ahí, con el enorme ramo de flores que había pedido para ella… y que olvidé por completo.

Su rostro estaba en blanco, con el gesto neutro, tan difícil de descifrar. Los lirios blancos relucían con las cajas de chocolate mentolado por ahí y por allá. La tarjeta con el mensaje deslumbraba con sorna burlona, motivándome para hacerle caso a mi impulso de idiotez.

Pero en su lugar, me aferré a la silla y le miré en silencio, desde mi posición.

Bajó el ramo en la mesa con el cuidado mismo de un objeto de enorme valor. Atrapó el cartón doblado y dejó un vistazo corto sobre mí, antes de dejar su atención en mi mensaje.

No podía arrepentirme ahora. La vida se estaba ablandando y los planetas se estaban alineando perfectamente para dejarme una segunda oportunidad. No obstante, tampoco podía decir que estaba siendo lo más fácil de sobrellevar.

—Sé que el café de la mañana no será suficiente para compensar cinco años de invierno… Déjame intentar ser tu primavera… aunque sea un día a la vez.

Las palabras sonaron firmes y delicadas bajo su voz. Su mirada quedó plasmada en el cartón, pero luego lanzó su atención sobre mí.

El pecho ya me dolía en este punto. La presión de la incógnita me estaba matando. Aun así, me levanté de la silla, respetando en todo momento la distancia para no hacerle caso a las ganas de acercarme y besarla, sabiendo que aquello lo arruinaría todo.

—Victor…

—Victoria, yo quie…

—Detente —alzó la mano—. Tú… —jadeó con una sonrisa que supo a todo, menos a una alegría—. ¿De verdad estás intentando hacer de todo para seguir a cargo de mi empresa?

La tarjeta con mi mensaje cayó al suelo con una frialdad que me arrastró cuando entendí que todo lo estaba malentendiendo. Apartó el ramo y comenzó a tomar sus cosas con una torpe urgencia que le hizo tirar su teléfono.

—Yah, ¿qué quieres decir? —me moví a su lado, tomando su celular del suelo como rehén.

—Ya estamos divorciados, Victor —intentó tomar el teléfono—. Este juego no es divertido y no te dejaré lo único que me pertenece —agregó, insistiendo en tomarlo.

—¿Puedes siquiera dejarme explicarlo?

Victoria no me respondió y, en su lugar, continuó luchando. Tiró de su brazo por mi cintura para alcanzarlo cuando lo puse en mi espalda, y aproveché el movimiento para atraparla e inmovilizarla. Sus ojos se quedaron quietos sobre los míos. Se hizo la calma, pero una tensión pesada se expandió por consecuencia. Aun así, decidí no bajar la guardia y mantenerme firme.

—Suéltame.

—Lo haré, pero escúchame.

Se rindió en su pelea y bufó sin gracia, mirándome con esa intensidad que me hacía tartamudear la lengua.

—N-no sé por qué de pronto tienes esa estúpida idea en la cabeza, y honestamente no me interesa, pero… —la solté, dándole su teléfono—… solo quiero hacer bien las cosas contigo —me alejé.

La cobardía me ganó al final. Me giré y me retiré hacia mi despacho, cerrando la puerta con la calma que no sabía que tenía. Mis pies se volvieron pesados y el arrastre hasta mi silla se sintió como un infierno interminable.

El silencio fue todavía más desesperante, y si era sincero, ni siquiera sabía si realmente no había ruido afuera o si era mi propio cerebro bloqueando mi oído.

Que me tomara como un cazafortunas fue más decepcionante que el mero hecho de haber sido rechazado, y si algo aprendí en el mundo de los negocios, es que no valía la pena aferrarse a un proyecto que prometía más pérdidas que beneficios.

Descolgué el teléfono del escritorio y me acomodé en la silla, soltando un suspiro cuando mis dedos marcaron el número. El timbre sonó apenas un par de veces, antes de ser atendido y dejarme escuchar el término de una conversación ajena.

—Señor Song, ¿en qué puedo ayudarle?

—Abogado Stephen, por favor, ignore mis órdenes anteriores y haga el traspaso de nombramiento con mi espo… con Victoria.

—¿Está seguro? El traspaso terminará antes de que se anuncie su divorcio públicamente, lo que levantará sospechas antes de tiempo.

—Es eso justamente lo que busco… gracias por su esfuerzo.

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