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La Chica De Los Días Prestados

La Chica De Los Días Prestados

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Amor eterno
Popularitas:161
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Cubilla

En una ciudad donde cada persona nace con un reloj invisible que marca el tiempo que le queda de vida, Akira, un joven reservado de 18 años, descubre que una misteriosa chica llamada Hana tiene algo imposible: su reloj está detenido.

NovelToon tiene autorización de Natalia Cubilla para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El precio de elegir

"El amor comienza cuando dos personas se eligen. Pero se vuelve eterno cuando siguen eligiéndose incluso cuando el mundo entero les pide que se separen."

El viento descendió por la colina como un susurro helado.

Los pétalos de los cerezos cercanos comenzaron a girar alrededor de Akira y Hana, formando un remolino que parecía anunciar el inicio de algo inevitable.

Frente a ellos, los Custodios del Destino permanecían inmóviles.

Veinte figuras vestidas con largos mantos blancos, todos con el mismo emblema bordado sobre el pecho: un árbol sin hojas rodeado por un círculo plateado.

Ninguno mostró su rostro.

Solo el líder permanecía descubierto.

Era un hombre de unos cincuenta años.

Cabello gris cuidadosamente peinado hacia atrás.

Una cicatriz cruzó su ojo izquierdo.

Su mirada era firme, pero no cruel.

Observó a la pareja durante unos segundos antes de hablar nuevamente.

—No hemos venido a matarlos.

Akira dio un paso al frente, colocándose delante de Hana.

—Entonces, ¿por qué nos persiguen?

—Porque su existencia está alterando el equilibrio entre los mundos.

— ¿Quién decide ese equilibrio?

El hombre guardó silencio.

Fue Kuro quien respondió.

—Ellos creen que el destino debe cumplirse sin excepciones.

El líder inclinó ligeramente la cabeza.

—No es una creencia.

Es nuestro deber.

Uno de los Custodios avanzó.

Era un apenas muchacho unos años mayor que Akira.

Su voz sonaba insegura.

—Maestro... ¿de verdad son ellos?

El líder abierto.

-Si.

Los Destinados.

Aquellas palabras recorrieron la formación como una corriente eléctrica.

Algunos Custodios observaban a Akira con curiosidad.

Otros con compasión.

Y unos pocos con un odio imposible de ocultar.

Hana lo notó enseguida.

—¿Por qué nos miran así?

El líder respiró profundamente.

—Porque desde hace quinientos años, personas incontables han entregado su vida intentando evitar que vuelvan a encontrarse.

El silencio cayó sobre la colina.

Akira sintió un escalofrío.

—¿Qué...?

—Cada vez que ustedes renacen, también renacen quienes juraron proteger el equilibrio.

Muchos murieron en esa misión.

Muchos fueron amigos.

Hijos.

Padres.

Esposos.

Por eso algunos de ellos los consideran responsables de un sufrimiento que nunca pidieron.

Hana bajó lentamente la cabeza.

Nunca había deseado causar dolor.

Ni siquiera conocía aquella historia.

El líder continuó.

—No los culpamos.

Pero tampoco podemos ignorar las consecuencias.

Kuro dio un paso adelante.

Su espada negra reflejaba la luz de la luna.

—Entonces regresan.

Ellos no irán con ustedes.

El hombre sonriente con tristeza.

—Sabía que dirías eso.

Siempre fuiste el más terco.

Akira frunció el fruncido.

—¿Siempre?

Por primera vez, Kuro evitó su mirada.

Ren, que observaba desde la sombra de un árbol, habló sin acercarse.

—No olvides que algunos de los que están aquí también llevan muchas vidas luchando.

Ellos también renacen.

Ellos también recuerdan.

El conflicto no era entre buenos y malos.

Era entre personas que creían estar haciendo lo correcto.

Aquella comprensión hizo que todo resultara mucho más doloroso.

De repente, una joven Custodia dio un paso al frente.

Su capucha ocultaba casi por completo su rostro.

Solo podía verso unos ojos verdes de una intensidad inusual.

Parecía tener la misma edad que Akira.

Miró fijamente a Hana.

Y, durante un breve instante...

Negó con la cabeza.

Un gesto casi imperceptible.

Como si quisiera anunciarle de algo.

Hana parpadeo confundida.

¿Había imaginado aquel movimiento?

—Entréguense pacíficamente.

La voz del líder se volvió a romper el silencio.

—Nadie saldrá herida.

Akira respondió sin vacilar.

—¿Y qué harán con Hana?

El hombre tardó unos segundos en contestar.

—La devolveremos al lugar que le corresponde.

Hana sintió que el frío recorría todo su cuerpo.

Eso significaba desaparecer.

Volver al otro lado.

Perder nuevamente a Akira.

Él presionó con más fuerza la mano de Hana.

-No.

No la entregaré.

La respuesta fue tan firme que incluso Hana se sorprendió.

Lo miró.

En sus ojos ya no había dudas.

Determinación sola.

—Akira...

Él sonrió suavemente.

—Pasé doce años sin recordarte.

No pienso perderte otra vez.

Las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Hana.

Aquellas palabras valían más que cualquier promesa.

El líder cerró los ojos.

—Entonces...

No nos dejan otra opción.

Levantó lentamente la mano derecha.

Los Custodios desenvainaron sus espadas al mismo tiempo.

El sonido del acero resonó en toda la colina.

Kuro adoptó una postura de combate.

El Guardián permanecía inmóvil.

Ren seguía observando.

Como si esperara algo.

Y entonces ocurrió.

La joven Custodia de ojos verdes rompió la formación.

Corrió directamente hacia Akira.

Los demás gritaron sorprendidos.

-¡No!

Pero ya era tarde.

La muchacha pasó junto a ellos sin atacar.

Al llegar frente a Akira, le tomó la muñeca.

Su voz apenas fue un susurro.

—Sin pelaen.

Vienen muchos más.

Antes de que pudiera explicar nada, lanzó una pequeña esfera al suelo.

Una intensa nube de humo blanco cubría toda la colina.

Los gritos comenzaron a escucharse por todas partes.

—¡No los dejen escapar!

—¡Cierren el perímetro!

—¡Busquen al traidor!

La joven empujó suavemente a Akira.

—¡Corran!

Kuro reaccionó al instante.

—¡Por aquí!

Todos comenzaron a descender por un estrecho sendero oculto entre los árboles.

Corrieron durante varios minutos.

La respiración de Hana era cada vez más agitada.

Aunque podía caminar gracias al vínculo con Akira, seguía siendo un alma incompleta.

Su energía se agotaba rápidamente.

Akira lo notó.

Disminuyó el paso.

—¿Estás bien?

Ella intentó sonreír.

-Si...

Pero apenas podía mantenerse en pie.

Sin pensarlo, Akira se agachó frente a ella.

—Sube.

Hana abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué?

—Te llevaré.

Ella negó inmediatamente.

-¡No!

Pesaré mucho.

Akira soltó una pequeña risa.

—Cuando éramos niños decíamos exactamente lo mismo.

Y siempre terminaba cargándote igual.

Hana permaneció inmóvil.

Ese recuerdo también regresó.

Un pequeño Akira llevándola sobre su espalda porque ella se había torcido un tobillo jugando.

Sonrió.

Muy despacio.

Y aceptó.

Rodeó el cuello de Akira con sus brazos.

Él la levantó con facilidad.

Por un instante, ninguno dijo nada.

Solo escuchaban los latidos del corazón del otro.

Hana apoyó suavemente la cabeza sobre su hombro.

—Akira...

-¿Si?

—Gracias por volver.

Él sonó mientras continuaba caminando.

—Creo que nunca me fui del todo.

Detrás de ellos, ocultos entre los árboles, los observaba la joven Custodia.

Había logrado despistar a sus compañeros, pero sabía que no sería por mucho tiempo.

Lentamente se quitó la capucha.

Su cabello negro cayó sobre sus hombros.

Sus ojos verdes brillaban bajo la luz de la luna.

Sacó del interior de su uniforme un viejo colgante de plata.

En él había una fotografía diminuta.

Aparecían dos niños.

Una niña de cabello oscuro.

Y un niño sonriendo a su lado.

La joven acarició la imagen con tristeza.

—Ojalá esta vez tengan más suerte que nosotros...

Guardó nuevamente el colgante.

Y desapareció entre la oscuridad del bosque.

Muy lejos de allí, en una sala construida bajo un antiguo templo, un anciano observaba un enorme tablero de madera.

Sobre él había decenas de piezas blancas y negras.

Sin levantar la vista, habló.

—¿Escaparon?

Un hombre arrodillado respondió.

—Sí, Maestro.

Hubo una traición dentro de nuestro orden.

El anciano tomó una pieza negra.

La auditoría unos segundos.

Después la dejó caer sobre el tablero.

—Entonces la partida...

Ha comenzado de verdad.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Pero no era una sonrisa de satisfacción.

Era la sonrisa de alguien que llevaba siglos esperando ese momento.

1
Ma Viviana Medina
el que?
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