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El Último Adiós De Cristian

El Último Adiós De Cristian

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

"El último adiós nunca fue el final… solo el comienzo de un nuevo destino."

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 22 El quinto mes: días de primavera y confianza

Pasaron otros treinta días completos, y con ellos llegaron a su quinto mes de pololo.

El invierno ya se había despedido por fin de Santiago, y la primavera entraba con toda su fuerza: los días se alargaban, el sol calentaba con más dulzura, los árboles de La Reina se llenaban de hojas nuevas y las veredas se veían salpicadas de flores de todos los colores.

Para Eluney y Cristian, estos días eran como una extensión de la felicidad que ya llevaban construida.

Ahora que compartían el mismo curso, todo fluía con una naturalidad increíble: se despertaban pensando en verse, caminaban juntos al colegio, compartían cada recreo, estudiaban lado a lado y regresaban a casa tomados de la mano, como si siempre hubiera sido así.

Llevaban puestos sin falta sus anillos de promesa y sus pulseras iguales.

Cada vez que se miraban las muñecas o los dedos, sentían que no eran solo objetos, sino un vínculo que los acompañaba a donde fuera.

Para celebrar este quinto mes, no prepararon nada grande ni ruidoso.

Después de consultar con sus familias, decidieron pasar la tarde en un parque amplio y tranquilo, no muy lejos de sus casas, donde podían caminar, sentarse bajo la sombra de los árboles y disfrutar del aire libre.

Los acompañaron Antonella y Anahís, que ya se sentían parte de cada salida, corriendo adelante y atrás, recogiendo flores pequeñas y riendo con cualquier cosa.

—¿Te das cuenta?

—le dijo Cristian mientras se sentaban en una banca de madera, viendo cómo las niñas jugaban a armar ramilletes—.

Ya llevamos cinco meses.

Parece poco tiempo, pero hemos vivido tantas cosas que siento que te conozco de toda la vida.

Eluney apoyó su cabeza en el hombro de él, entrelazó sus dedos con los de él y miró hacia el horizonte, donde el sol empezaba a bajar suavemente.

—Yo siento exactamente lo mismo —

respondió ella con voz suave—.

A veces me pregunto cómo era mi vida antes de que llegaras, y me cuesta recordarlo.

Todo tiene más color, más sentido, desde que estamos juntos.

Cristian le acarició la mano, deslizando suavemente el dedo sobre el anillo que ella llevaba puesto.

—Mira —le dijo—, todavía nos faltan siete meses completos para cumplir el año, y mucho más tiempo después.

Tenemos toda la primavera, el verano, el otoño y el invierno que viene para seguir construyendo.

No hay prisa, no hay nada que nos apure.

Solo queremos ir paso a paso, cuidando lo que tenemos.

—Así será —le respondió ella, levantando la mirada para verlo a los ojos—.

Aprendimos que las cosas buenas no se apresuran, se cuidan.

Y lo que tenemos es demasiado valioso para ir con prisa.

En ese momento, Anahís llegó corriendo con un ramo de flores silvestres pequeñas y se las entregó a Eluney con ambas manos:

—Son para ti, nuney —le dijo—.

Son bonitas, igual que tú.

Antonella se acercó detrás, mostrando un dibujo que había hecho en un papel:

—Y yo dibujé a los cuatro —explicó señalando las figuras—.

Aquí están ustedes tomados de la mano, y nosotras aquí al lado.

Para que nunca nos separemos.

Ambos se rieron con ternura y guardaron el dibujo con mucho cuidado.

Pasaron el resto de la tarde caminando por los senderos, hablando de sus planes para las próximas vacaciones, de las materias del colegio, de los sueños que tenían para más adelante.

Cristian le contaba lo que le gustaría estudiar cuando fuera mayor, y Eluney le explicaba sus propias metas, y en cada cosa que decían, siempre aparecía la frase: “si estamos juntos”, “si seguimos así”, como si ya dieran por hecho que su camino iría unido por mucho tiempo.

Al atardecer, cuando regresaban a casa, el aire tenía ese olor fresco de la tarde primaveral.

Al llegar a la puerta de la casa de Eluney, Cristian la detuvo un momento, le tomó ambas manos y se inclinó para darle un beso suave en la frente, luego otro más dulce en los labios, lento y lleno de cariño.

—Feliz quinto mes, mi amor —le susurró—. Gracias por dejarme ser parte de tus días.

—Feliz quinto mes para ti también —le respondió ella—.

Gracias por hacerme sentir tan querida y tan segura.

Esa noche, Eluney se miró en el espejo antes de dormir: la pulsera brillaba en su muñeca, el anillo en su dedo, y en su corazón llevaba la certeza de que cada mes que pasaba hacía su historia más fuerte.

Sabía que todavía quedaba un largo camino por recorrer, muchas estaciones, muchas risas y también momentos difíciles que vendrían más adelante, pero por ahora, solo quería vivir cada instante, sabiendo que tenía a su lado a la persona que más amaba.

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