Esta es una intensa novela psicológica y dramática para adultos que explora la compleja y prohibida transición emocional entre dos hermanastros que, tras años de convivencia, deben enfrentarse a sus crecientes deseos en medio de una tensión familiar ineludible
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El bautismo del deseo
El aire en la habitación parecía haberse vuelto sólido, cargado con el perfume embriagador de nuestra proximidad. Ji-hoon, con una precisión que delataba una calma forzada, tomó la caja que había adquirido en la farmacia. Sus dedos, aunque ligeramente temblorosos por la intensidad del momento, rasgaron el empaque con una determinación que me hizo tragar saliva. Mis ojos, incapaces de apartarse, seguían cada uno de sus movimientos; no podía dejar de observar la imponente realidad de su masculinidad, que se erguía ante mí como una promesa de algo desconocido y, a la vez, profundamente esperado. Mientras él se ponía el preservativo con una concentración casi solemne, yo sentía que mi propio cuerpo ya estaba reclamándolo, mi piel ardiendo bajo la mirada fija que él me dedicaba.
Se posicionó con cuidado entre mis piernas, abriéndolas para reclamar su lugar. No hubo preámbulos; me atrajo hacia él en un beso tan profundo y apasionado que sentí cómo mis pulmones se olvidaban de cómo respirar. Mientras sus labios sellaban los míos, bajó su cabeza hacia mis pechos, succionando cada pezón con una intensidad que me arrancaba gemidos agudos, obligándome a arquear la espalda contra el colchón, buscando un alivio que solo él podía darme.
Entonces, ocurrió lo que mi mente apenas podía procesar. Sus labios abandonaron mi pecho, descendiendo por el suave declive de mi abdomen hasta llegar al núcleo mismo de mi feminidad.
—Espera, ¿qué haces...? —logré articular, mi voz apenas un susurro roto.
No me permitió terminar. El contacto de su lengua, firme y húmeda, posicionándose exactamente allí donde el placer se concentraba, envió una descarga eléctrica que sacudió mis huesos. Mis dedos se enredaron en su cabello, tirando de él en un gesto instintivo, mientras mi mente se fragmentaba. ¿Por qué mi cuerpo reaccionaba así? ¿Por qué cada movimiento de su lengua era una lección magistral de deseo que me pedía, me exigía, que me perdiera en la oscuridad de esa sensación? Cada lamida, cada caricia de sus labios, era un mapa de fuego que él trazaba sobre mi piel, obligándome a rendirme ante una entrega que nunca antes había conocido.
Tras lo que parecieron horas de puro éxtasis, se alejó. Su rostro, iluminado por la penumbra, mostraba una vulnerabilidad que me dejó helada. Me miró fijamente, con una honestidad que me desnudó el alma.
—Aunque suene extraño... esta es mi primera vez, igual que tú —confesó, su voz cargada de un matiz de timidez. Me miró con una intensidad que me hizo perder el habla—. Lo que he hecho hace un momento... bueno, lo he visto en revistas, en videos... Espero haberlo hecho bien.
No pude decir nada. Las palabras se me atragantaron en la garganta. La revelación de su inexperiencia, de que él también estaba explorando este terreno desconocido por primera vez, solo conmigo, hizo que mi corazón latiera con una fuerza renovada. No era un experto, era Ji-hoon, mi Ji-hoon, entregándome su primera vez con la misma devoción con la que yo me estaba entregando a él.
Sin esperar respuesta, su mirada volvió a oscurecerse con el deseo. Se posicionó sobre mí, alineando la punta de su miembro con la entrada de mi intimidad. El aire en la habitación se volvió irrespirable. Con una lentitud tortuosa, comenzó a avanzar.
Sentí la presión, el estiramiento de mi cuerpo ante su inmensidad. Mi rostro comenzó a torcerse, no solo por la punzada de dolor que anunciaba lo inevitable, sino por la abrumadora sensación de plenitud que él provocaba al ir ganando terreno centímetro a centímetro. Era una intrusión perfecta. Él se detuvo un instante, mirándome a los ojos con una mezcla de respeto y posesión, preguntándome con la mirada si debía seguir. Yo, incapaz de articular una frase completa, simplemente cerré los ojos y apreté los dedos contra sus hombros, esperando el siguiente paso hacia el abismo.